Una de las dificultades con las que nos encontramos cuando nos disponemos a hacer fotografía nocturna es no poder controlar por completo la luz que va a participar en la toma. La mejor forma de conseguir esto sería meternos en un cuarto herméticamente cerrado, donde no pudiera entrar ni la más pequeña cantidad de luz, y donde toda la luz que participara en la foto fuera aportada y controlada por nosotros.
Cuando eso no es posible, es decir, la mayoría de las ocasiones, lo ideal es poder manejar la luz a nuestro antojo, aliarte con ella, integrar esa luz en la foto, e intentar que no desentone con el resto de la iluminación presente o que vamos a aportar a la escena. Por desgracia, son muchas las ocasiones en las que esto no es fácil.
Este es el caso de esta torre, en mi opinión, una de las más bonitas (si no la que más) atalayas que aparecerán en este blog. La de Venturada pertenece al grupo de atalayas del Jarama, todas ellas de origen árabe, y construidas entre los siglos IX y X. A este grupo, también pertenecen, entre otras, las atalayas de El Vellón, Arrebatacapas y El Berrueco.
Como digo, es una torre con mucho encanto. Sin embargo, tiene una pega importante para los aficionados a la fotografía nocturna: a su alrededor hay diferentes fuentes de luz contra la que poco se puede hacer. Esta luz residual es la responsable del color amarillo que muestra la torre. Aun así, la torre nos gustó, y la noche en pocas horas nos mostró diferentes escenarios: cielo despejado, cubierto, estrellado, con luna de fondo. En definitiva: había que aprovechar.
Esta que veis aquí es la primera de una serie de fotos que sacamos esa noche. Para esta toma se usó iluminación cálida desde 2 focos: uno, a la derecha de la cámara, y otro al fondo, a la izquierda. Sobre la mitad superior de la atalaya, la parte que recibía más iluminación residual, no se aplicó ningún tipo de iluminación, a pesar de ese tono amarillo que se ve en la foto. Por último, el interior de la atalaya está iluminado con un flash sobre el que se colocó un gel de color rojo. ¿La forma de disparar ese flash? Como esa noche sólo fuimos 2 para iluminar el escenario, nos faltaron manos para disparar el flash, por lo que colocamos un disparador remoto, y uno de nosotros se encargó de disparar el flash, además de iluminar el escenario con linterna cálida.
Los datos EXIF:
Cámara: Canon 500D
Focal: 11 mm
Exposición: 40 sg
Apertura: f/2,8
ISO: 400
Construcciones centenarias. Construcciones milenarias. Todas ellas espectadoras del paso del ser humano sobre la Tierra. Por desgracia, muchas de ellas no son, hoy en día, más que una sombra del proyecto que un día fueron. Frágil inmortalidad. Porque no es real. Porque el paso del tiempo nos desgasta, nos agota, nos quita vida.
Este es el caso del castillo de Caudilla, inicialmente conocido como Castillo de Rivadeneyra, pues fue construido por Don Pedro de Rivadeneira, mariscal de Castilla, en el siglo XV. Hoy en día, apenas quedan en pie los restos de la fachada y una torre sobre cuya almena una vecina colocó una estatua del Cristo del Olvido al acabar la Guerra Civil.
La foto está hecha una noche de luna, aprovechando el momento en que la luna salía de detrás de los restos de la fachada. La cara visible del castillo se iluminó con linterna cálida desde la derecha de la foto, por lo que el balance de blancos se bajó a unos 3000K. Con esta temperatura se consigue que el cielo tome un color azul, que, en esta ocasión, no tiene una tonalidad tan oscura como en otras ocasiones debido a la presencia de la luna.
Por último, un deseo: ojalá dentro de cien años las generaciones venideras no tengan que hablar de que un día, en un pueblo llamado Caudilla, hubo un castillo del que sólo escritos, fotografías y blogs como éste den testimonio de lo que un día fue.
Por cierto, ¿quieres ver donde se colocó la cámara antes de que el sol se ocultara? Pulsa en:
Antes de...
Los datos EXIF:
Cámara: Canon 500D
Focal: 11 mm
Exposición: 101 sg
Apertura: f/5,6
ISO: 400
Al planear una salida fotográfica nocturna, nunca sabes si volverás a casa con las fotos que inicialmente querías llevarte. Lo que de día se ve sencillo, de noche cambia por completo. Si la noche se da bien, te podrás llevar una buena foto. En alguna ocasión, posiblemente te lleves más de una. Pero también es muy habitual que vuelvas a casa frustrado porque regresas con las manos vacías.
Cuando pensamos en ir al pantano de Valdecañas, yo tenía muy claro qué foto quería llevarme de allí. Lo que no sabía es que había otra foto esperándonos.
Desde que entré en el mundo de la fotografía nocturna me he encontrado con fotografías realmente espectaculares. Entre ellas, sin dudarlo, se encuentran las fotografías con cielos estrellados. Quizá esta es una característica que diferencia la fotografía nocturna de la fotografía convencional: la posibilidad de certificar lo pequeños e insignificantes que somos simplemente observando el cielo en una instantánea.
Si, además, ese cielo te deja ver la galaxia a la pertenecemos, ese camino blanco el que formamos parte, pero dentro del cual no somos más que una gota de agua en un estanque, no tendrás otra opción que sacar la cámara sin dejar de mirar ese cielo, siguiendo con la mirada ese camino blanco con una sonrisa imborrable en tu cara.
La noche del pantano de Valdecañas fue una noche de esas que describo. Estaba ahí. La Vía Láctea estaba ahí, y no podía desaprovechar la oportunidad de llevármela a casa.
Sólo había que buscar un encuadre adecuado. Fotografiar la Vía Láctea es un decorado hecho con la mejor tela que existe, pero es necesario poner un buen actor primer plano.
Y allí estaba. De nuevo, la puerta del Templo, como no podía ser de otra forma. Pero en esta ocasión, el pórtico iba a dejar de tener tintes religiosos, y se iba a convertir en una puerta a las estrellas.
Los datos EXIF:
Cámara: Canon 500D
Focal: 11 mm
Exposición: 47 sg
Apertura: f/2,8
ISO: 800
De las muchas cosas que me gustan de España, una es la riqueza cultural que posee, así como el legado que los diferentes pueblos que han pasado por aquí nos han dejado y que ha perdurado a lo largo de los siglos. De las muchas cosas que no me gustan de mi país, una es el poco respeto e interés por preservar aquello que ha contribuido a crear nuestra identidad.
Augustobriga fue un pueblo romano situado en la calzada romana que comunicaba Emerita Augusta (Mérida) con Caesarobriga (Talavera de la Reina). En tiempos medievales, Augustobriga pasó a ser Talavera la Vieja, pueblo que acabó hundido bajo las aguas del río Tajo, en el proceso de construcción del Embalse de Valdecañas.
Hoy en día, de Augustobriga sólo quedan los restos del templo de los Mármoles, y 3 columnas del templo de la Cilla, situado todo ello a orillas del río, aunque lejos de su ubicación original
Hace poco tiempo que marqué el templo de los Mármoles como objetivo fotográfico nocturno. Así que, aprovechando una invitación de fin de semana en un pueblo cercano al sitio, decidimos dedicar la noche del viernes y, en especial, la del sábado, a llevarnos un buen recuerdo del sitio.
La noche tenía pinta de que no iba a darse especialmente bien. Noche de las más calurosas (si no la que más) del año, mucha humedad, mosquitos debido a la cercanía del embalse, y, sobre todo, un grupo de chavales que decidieron hacer noche de fiesta, alcohol, y lo peor: luces.
Por suerte decidieron no estar mucho tiempo, así que pensamos que había que aprovechar el tiempo del que dispusiéramos para hacer un buen trabajo. Tras varios ensayos, encontramos la forma de iluminar la escena haciendo un trabajo en equipo, y sincronizando tiempos de iluminación.
Para iluminar la escena fueron necesarias 3 personas que se situaron en diferentes puntos: una iluminaría el frontal del templo, el suelo frente a la entrada y el suelo del primer plano, otra iluminaría los árboles desde detrás del templo y, en un momento determinado, se movería al interior del templo para iluminar toda esa zona, y otra se encargaría de iluminar el lateral visible del templo.
Como de costumbre, la iluminación se hizo con linterna cálida, por lo que, para mostrar un color natural, dejamos el balance de blancos a una temperatura de color entorno a los 3000K.
Los datos EXIF:
Cámara: Canon 500D
Focal: 11 mm
Exposición: 345 sg
Apertura: f/2,8
ISO: 100
Una de las primeras reglas que debes aprender cuando te quieres dedicar a al fotografía nocturna es que nunca debes salir solo. Nunca puedes saber qué puedes encontrarte en la oscuridad de la noche, o qué mal traspiés puede hacer que llegar de vuelta al coche no sea una tarea fácil.
Pero no siempre es fácil cumplir esta regla. No somos tantos (aunque el número aumenta) los aficionados a esta disciplina fotográfica y salir de noche, más aún cuando tienes que trabajar al día siguiente no atrae mucho.
Ésta fue una de esas noches. Tenía ganas de probar mi nuevo Tokina 11-16 f2.8, y lo cierto es que no me arrepiento de haber salido solo. El sitio elegido, otra atalaya situada en otro pueblo del norte de la Comunidad de Madrid, El Vellón. Igual que la de Torrepedrera y la de Arrebatacapas, ésta es otra de las 6 atalayas que formaban parte de la línea de comunicaciones de la defensa de Toledo. Su construcción data del siglo IX, y hoy en día sigue activa, aunque su uso es bien diferente al que tenía siglos atrás: es utilizada para el control de incendios.
La noche elegida fue una en la que pudiera jugar con la salida de la luna. Sabiendo por dónde iba a aparecer y la hora exacta, podría intentar hacer una composición en la que poder jugar con los 2 elementos, la luna y la atalaya.
Dicho y hecho, aprovechando la distorsión producida por los 11mm del objetivo, decidí simular una inclinación de la Torre hacia la Reina Luna ;-)
Por cierto, ¿quieres ver donde se colocó la cámara antes de que el sol se ocultara? Pulsa en:
Antes de...
Y el resultado:
Los datos EXIF:
Cámara: Canon 500D
Focal: 11 mm
Exposición: 50 sg
Apertura: f/2,8
ISO: 200