• Siguenos en Flickr
  • Siguenos en Blogger
A salvo Reverencia Noche de Guardia II Noche de Guardia II

jueves, 25 de marzo de 2021

Hooked on the Milky Way

La temporada de Vía Láctea podría decirse que ha empezado ya. Cuando hablo de temporada de Vía Láctea me refiero a esa época del año en la que el centro galáctico de nuestra galaxia puede observarse en nuestros cielos. Siendo estrictos, esta época, en el Hemisferio Norte, comienza a finales de enero y acaba a principios de noviembre. Pero lo cierto es que es desde estas alturas de año, y hasta finales de septiembre, cuando el margen de tiempo para poder disponer de su visión es más amplio. El problema es que estos márgenes se sitúan de madrugada, por lo que, con la situación de toque de queda que vive casi todo el país es prácticamente imposible poder fotografiar la Vía Láctea sin hacer malabarismos o sin jugarte una sanción.

Y sí, es cierto que la situación que estamos viviendo requiere medidas excepcionales y controles nada habituales. Pero también pienso que hay que ponerle un poco de cabeza a las cosas y razonar si una medida tan estricta como es la de un toque de queda debe imponerse de forma indiscriminada sin analizar los beneficios o los perjuicios que la aplicación de la misma pueden suponer. 

Y como es un tema que me toca muy directamente y que me lleva doliendo mucho tiempo me gustaría profundizar un poco sobre ello. Sinceramente, creo que algo que tiene que ver con restringir o dar libertades no se puede hacer de una forma generalizada. Cuando se trata de imponer un toque de queda desde las 23 de la noche hasta las 6 de la mañana creo que hay que ser muy sensible con cómo afectará éste a todos los sectores y actividades. Y yo me pregunto (es una forma de hablar, en realidad lo tengo bastante claro), si una actividad como la fotografía nocturna, que sólo se puede practicar durante las horas que están afectadas por el toque de queda, no debería estar excluida de esta restricción teniendo en cuenta que:

  • se practica lejos de cualquier núcleo urbano, y lejos de cualquier aglomeración de personas
  • se practica al aire libre
  • se juntan 3 o 4 personas que, lógicamente, llevan mascarilla
  • como he dicho arriba, SOLO PUEDE SER REALIZADA EN AUSENCIA DE LUZ SOLAR

Teniendo en cuenta que el coronavirus COVID-19 se transmite mucho más fácilmente en lugares cerrados en los que hay gran cantidad de gente reunida, creo que una actividad como la que miles de personas practicamos tiene mucho menor riesgo de contagio que, por ejemplo, viajar en trasporte público, hacer consumiciones en una terraza de un restaurante, que son medidas permitidas por las autoridades. ¿Tiene sentido, entonces, impedir la realización de una actividad de estas características?

El año pasado los aficionados a esta disciplina fotográfica sufrimos las consecuencias de restricciones de movilidad. Este año estamos sufriendo las consecuencias derivadas de los cierres perimetrales y los toques de queda, y tiene pinta de que esta situación se va a prolongar durante mucho más tiempo. 

No le veo ningún sentido y nada va a hacer que se lo encuentre.

En fin, de momento es lo que tenemos y no queda otra que quedarse en casa viendo como cada fin de semana se intervienen cientos y cientos de fiestas ilegales en pisos y locales de copas. ¿No sería contra esto contra lo que habría que poner el foco?

Y ahora vamos a centrarnos en la foto de hoy. La que os traigo fue sacada el año pasado durante una de las pocas salidas nocturnas que pude hacer. Ese día quedé con Álvaro Coleto, fotógrafo nocturno del que ya hablé en otra publicación de aquella misma noche. 

Se trata ésta de un tipo de foto que llevaba mucho tiempo deseando hacer. Me explico. Tenía muchas ganas de sacar una foto de la Vía Láctea con un objetivo con una focal mayor que con la que suelo disparar (14 o 16mm). Por ejemplo, 50mm, como es el caso. Cuando Álvaro me propuso fotografiar la Vía Láctea en el castillo de Gálvez recordé una foto sacada por otro gran fotógrafo de paisaje y fotografía nocturna, al que seguro que todos conocéis, Fran Ros, que en este mismo lugar había sacado una espectacular foto con estas características. Sería el momento de probar a hacer una foto con el objetivo de 50mm.

Tras varios encuadres, le propuse a Álvaro lo que tenía en mente. Para suerte nuestra, la Vía Láctea caía vertical, así que la foto podría quedar bastante bien. Hicimos pocas pruebas, 4 ó 5, si no recuerdo mal. La verdad es que no fueron necesarias muchas más, pues el resultado nos gustó bastante desde el principio. 

Quizá el objetivo que usé no fue el más indicado para este tipo de fotografía pues este en concreto, el Canon 50mm 1.8 está más orientado a retrato, pero el resultado fue visualmente lo que iba buscando, así que estoy seguro de que volveré a repetir con focales similares... cuando se pueda volver a salir a realizar fotografía nocturna.

Espero que a vosotros también os guste. 

Como siempre, si tenéis alguna pregunta sobre la foto, no dudéis en hacérmela llegar y os responderé lo antes posible.

¡Hasta pronto!

Los datos EXIF:

mara: Canon 5D MIV
Focal: 50 mm 
Exposición: 10 sg 
Apertura: f/1.8
ISO: 4000



martes, 9 de marzo de 2021

Outside In

En una época como la que estamos viviendo en la que fotográficamente hablando no tengo demasiado material, no queda otra que ponerse a buscar en el disco duro para intentar encontrar, o bien fotos a las que en un primer momento mandaste al paredón y hoy quieres volver a dar una segunda oportunidad, o bien fotos que tenías reservadas para algún momento especial, pero a las que, si esperas demasiado, les puede pasar como a los vinos: dejarlos reposar un tiempo está bien... pero sólo un tiempo.

La foto que hoy os traigo pertenece al segundo grupo. Una foto que nos gustó mucho en su momento y que fui dejando, fui dejando... Tanto la fui dejando que casi me había olvidado de ella. No, tanto como olvidarme no, pues ésta la tomamos entre Felipe, Luis y yo una noche que empezó casi como cualquier otra, pero que terminó muy diferente a ninguna otra.

El lugar es la ermita de San Isidro, en La Guardia (Toledo), y de la cual no queda mucho más que lo que podéis ver en la foto. Cuando llegamos al lugar, después de darle una vuelta por el exterior, y explorar el interior, decidimos que haríamos una foto desde fuera y otra desde dentro. Pero, para esta última pensamos en hacer una iluminación diferente. 

Lo habitual cuando te encuentras con una edificio, una casa abandonada, una torre, es sacar luz desde dentro y hacia afuera, simulando vida en el interior del edificio. Ahora bien, cuando entramos dentro y vimos el interior, con toda la vegetación que se había abierto paso dentro y, sobre todo, con lo que quedaba de un árbol grande que aún conservaba muchas de sus ramas, pensamos que, en esta ocasión, cambiaríamos el guion. Esta vez iluminaríamos desde fuera hacia dentro, metiendo luz hacia el interior del recinto. Esa noche la iluminación sería diferente. La idea nos gustó a los 3, aunque pensamos que no iba a ser suficiente. Hacer que entrara luz por esa puerta no iba a rellenar la foto, así que se nos ocurrió que el árbol que había dentro nos podría ayudar a crear un curioso efecto que ya habíamos probado en Valdenoceda hacía años: iluminar desde detrás de las ramas del árbol, de forma que las sombras que se producían quedaran plasmadas en el interior de las paredes de la ermita. 

Así que planté el trípode, busqué encuadre, y entre Luis y Felipe se repartieron los papeles de iluminación, hecha, como podéis imaginar si seguís con asiduidad este blog, con luz cálida y ajustando el balance blancos a una temperatura de 3200K para compensar el tono cálido de la luz aplicada. No fue necesario repetir la foto demasiado. El trabajo no era complicado, o eso nos pareció, aunque, claro, en equipo, el trabajo sale mejor ;-)

Además, el efecto conseguido desde la primera foto nos gustó, así que, ¿para qué hacer más variaciones?

Cuando estábamos cerca de irnos nos pasó algo que hizo que desde ese momento la conversación dejara de girar en torno a la foto que acabábamos de tomar. En un momento determinado me acerqué al coche, que habíamos dejado algo retirado de donde estaba la ermita. No recuerdo a qué fui, pero lo que sí recuerdo es lo que vi al volver. Felipe y Luis estaban comentando algo y cuando llegué hasta donde estaban ellos Felipe tenía una cara mezcla de susto y sorpresa. Cuando les pregunté qué había pasado, Felipe me contó lo siguiente:

- Mientras tú ibas al coche, nosotros salimos de la ermita y nos fuimos andando por el camino - dijo, señalando un camino que salía del campo y llegaba hasta la ermita - Yo iba delante, como mirando al suelo y, de pronto, tuve la sensación de como si me fuera a chocar contra algo. Esa típica sensación que tenemos cuando vamos despistados y sentimos que nos vamos a chocar con una pared. Me he parado de golpe y al levantar la vista he visto y he sentido como una especie de sombra enfrente de mí, pegada a mí, que se ha esfumado.

Segundos de silencio. Miradas.. Yo esperaba que Felipe se echara a reír y dijera "¡que no, hombre, que no!¡que es broma!"... pero no lo dijo. Es más, su cara seguía igual de seria y, como decía antes, la fotografía pasó a un segundo plano.

Pero no solo hablamos de lo que había pasado, sino también de una información que habíamos conocido esa tarde, la leyenda del Santo Niño de la Guardia, una historia según la cual varios siglos atrás un niño había sido raptado y torturado por varios judíos y judeoconversos en esta localidad, aunque no teníamos la completa seguridad de que el lugar donde la historia estaba basada fuera el lugar donde se había construido la ermita que habíamos visitado.

Años después, seguimos recordando esa noche. Y no deja de sorprenderme lo vivo que tiene Felipe el recuerdo de lo que sintió o de lo que vio. ¿Fue sugestión? ¿Realmente había algo? No tengo ni idea, pero sí sé que cuando Felipe habla de esto, deja las bromas aparte, porque fuese lo que fuese él sintió algo aquella noche.

Una foto a la que le tengo mucho cariño y que, ni la foto, ni la historia, podían quedarse en el baúl de fotos de mi ordenador.

Espero que os guste. Si tenéis preguntas o comentarios, por favor, no dudéis en hacérmelas llegar. 

¡Hasta pronto!


Los datos EXIF:

mara: Canon 6D
Focal: 14 mm 
Exposición: 15 sg 
Apertura: f/2.8
ISO: 1600




miércoles, 3 de marzo de 2021

Apunta, dispara y corre II

Hace días pensaba en lo curioso del poder que puede tener algo que vivimos con intensidad. Es capaz de no dejarnos olvidar momentos, situaciones, conversaciones, gestos, sonidos u olores. Yo no sé a vosotros, pero a mí me pasa con esta afición mía que conocéis y que es la fotografía nocturna.

Así es, puede pasar mucho tiempo en mi cabeza y permanecer en algún rincón todo tipo de recuerdos o de sensaciones relacionadas con un hecho concreto. Y pensaba hace días en esto recordando la noche en que tomé esta fotografía. Dejadme que comparta con vosotros aquel recuerdo.

Era el mes de julio de 2019 (se me hace tan lejano después del 2020 que hemos tenido...). Días antes había hablado con Felipe sobre acercarnos a Brihuega y pasar una tarde haciendo fotos a los campos de lavanda, que por esta época estaban en su máximo esplendor.

Elegimos un día para que el que, además, daban posibilidad de tormentas. Y, todo sea dicho, después de la experiencia brutal que habíamos vivido 2 años antes fotografiando los mismos campos una tarde de tormenta, la idea de tirar fotos a un campo de lavanda bajo un cielo con rayos nos motivaba bastante. 

Así pues, esa tarde recogí a Felipe y a Paula, su hija, quien también quiso venirse, y nos pusimos rumbo a Brihuega. Llegamos cuando aún estaba alto el sol y nos fuimos directos a uno de los campos más grandes que, como era de esperar, estaba bastante concurrido de paseantes, curiosos y, por supuesto, fotógrafos. Por este motivo decidimos movernos de allí e ir hacia algún otro campo en el que hubiera menos gente. Encontramos uno donde estuvimos haciendo varias fotos e, incluso, fotografiando el atardecer. Un atardecer que, todo sea dicho, no pasará a los anales de la historia de la fotografía por haber sido espectacular. Así que, cuando hubimos acabado, recogimos y nos volvimos a montar en el coche. Cuando deshacíamos el camino andado algo más de una hora antes, nos dimos cuenta  de que unas nubes con pinta de ir cargadas de mucha agua, y de mucha  electricidad se acercaban cada vez más hacia donde estábamos, hacia los campos de lavanda, así que pensamos en volver al sitio donde inicialmente habíamos estado cuando llegamos a Brihuega... por si acaso. Cuando vimos que las nubes nos enseñaron los rayos que, efectivamente, llevaban escondidos, pisé algo más el acelerador, pues ninguno queríamos perder la oportunidad que se nos estaba brindando.

Cuando llegamos a aquel punto donde inicialmente habíamos estado, nos encontramos con que quedaba muy poca gente, y esa gente empezaba también a marcharse. Esto es lo normal. Estás en el campo, se acerca una tormenta, te llega el típico olor de tierra mojada... lo lógico es pensar que la tarde ya ha dado de sí todo lo que tenía que dar, recoger y marcharte... salvo que lleves un trípode, una cámara, y estés convencido de que tu suerte puede estar a punto de cambiar.

Una vez llegamos al sitio que habíamos elegido para sacar fotos, plantamos trípodes, montamos cámaras y disparadores, y empezamos a hacer pruebas. Para suerte nuestra, en el horizonte empezaron a pintarse rayos que pudimos, mejor o peor, captar con nuestras cámaras. Estuvimos un rato así viendo rayos y escuchando truenos hasta que, empezó a chispear y, poco a poco, a llover más fuerte. Nos dio, además, la sensación de que esos truenos sonaban más fuerte, como si la tormenta estuviera más cerca. Como si el espectáculo que estábamos viendo lejos en el horizonte, se estuviera acercando. 

Esa sensación que estábamos teniendo se convirtió en certeza cuando pudimos comprobar que el tiempo entre el resplandor y el sonido cada vez era menor. Y es en ese momento cuando piensas que no sabes qué hacer: ¿recoges y piensas que no merece la pena jugártela? ¿Aguantas un poco más porque crees que todavía no ha llegado la foto que te quieres llevar? Acertadamente o no, yo decidí moverme al punto donde está hecha esta foto y seguir disparando. Con miedo, pero seguí disparando. Disparando con el mando y alejándome del trípode por si las moscas.

Felipe ya había recogido. Llevaba muy buen material, y lo mejor que podía hacer era eso. Recogió pero tanto él como Paula se quedaron conmigo. Sin embargo, no tenía mucho sentido que estuviéramos los 3 allí jugándonosla sin motivo. Así que Felipe me dijo que si no podía ayudar en nada, que se iban a ir al coche.

 -¡Id yendo al coche, que ahora os cojo! - Les dije

En ese momento yo había colocado la cámara en vertical para intentar sacar una panorámica de 5  fotos. No pedía nada más... ni nada menos. En ese momento, 5 fotos se me estaban haciendo eternas. No sé si podéis imaginar lo largo que se pueden hacer 30 segundos cuando estás deseando acabar porque, por ejemplo, tienes enfrente de ti una tormenta que pareciera que te ha visto, que te está mirando y está pensándose si saludarte o no con una descarga de 100 millones de voltios. Sin embargo la tormenta no avanzó más lo que me hizo pensar que podría seguir disparando hasta conseguir la foto. Y esa era mi intención... hasta que pasó lo que pasó.

Cuando estaba cerca de acabar la primera tanda de 5 fotos para la panorámica, de pronto, un resplandor brutal encendió el campo y seguidamente un trueno mucho más fuerte que cualquiera de los que habíamos escuchado esa noche sonó a mis espaldas. 

Sí, detrás de mí otro foco que, si pudiera juzgarse un nivel de enfado por lo fuerte que suena un trueno, podría decir que el enfado era de 10 elevado al cubo. Y la sensación que yo tenía en ese momento es como la que se tiene cuando estás haciendo algo que está mal, algo que sabes que está mal, y de pronto oyes una voz a tu espalda que dice "y tú, ¿qué haces aquí?" Podría decirse que eso es lo que yo escuché.

A estas alturas de película, yo me encontraba haciendo la cuarta foto de la serie de 5. Y tenía pocas opciones. Tres, contaba yo: una, disculparme por estar allí y recoger y salir escopetado al coche. Otra, quedarme quieto y no moverme e incluso alejarme del trípode, por lo que pudiera pasar. Al final opté por la tercera, que fue hacer oídos sordos, pero nervioso, y con una gran susto en el cuerpo, mover la rótula para sacar la quinta foto y, disimuladamente, disparar... y que fuera lo que Dios quisiera.

Por suerte, finalmente no pasó nada, y cuando el obturador se cerró, desmonté el equipo lo justo para poder meterlo en la mochila y salir de allí pitando. Según iba bajando empezó a llover con mucha fuerza así que parece que más de lo que hice no habría podido hacer.

En momentos como los que viví, no es fácil tomar una decisión sobre si hacer lo que debes, o esperar porque tienes la sensación de que la foto que tomes puede merecer la pena. Yo siempre recomiendo lo mismo. No merece la pena jugársela por una foto. Cuando me preguntan, "y tú, ¿por qué lo haces?", yo siempre digo "haz lo que te digo, y no lo que yo hago".

Esta foto la presenté al concurso "Epson PanoAwards" recibiendo una mención de bronce en categoría de paisajes.

Espero que os guste. Como siempre, si tenéis alguna pregunta, no dudéis en hacerla.

¡Hasta pronto!

Los datos EXIF:

5 fotos con orientación vertical
mara: Canon 6D
Focal: 16 mm 
Exposición: 30 sg 
Apertura: f/2.8
ISO: 400






jueves, 25 de febrero de 2021

El 1430 del guardés

Hace unos días, hablando con Felipe y con Luis, mis compañeros de Luces del Pasado, les enseñé la foto que hoy os estoy mostrando. Les dije que se trataba de una foto antigua que aún no había publicado. Extrañados me miraron y me dijeron: " anda, ¿y por qué no la has publicado? Lo cierto es que no pude contestar de forma inmediata, pero luego recordé por qué no lo había hecho aún y se lo expliqué. El motivo es que se trata de un coche (si es que aún se le puede llamar coche) muy retratado por los fotógrafos nocturnos, y muchos de ellos, si no todos, ya habían publicado sus fotos. Además, el vehículo no tiene muchos encuadres con interés: de frente y lateral. Un poco más alto o un poco más bajo... pero básicamente esos 2 encuadres.

Luego en casa, pensando, me dije: "y, ¿por qué no?". Lo cierto es que cada foto tiene su particularidad, y cada fotógrafo le da ese punto que puede diferenciar su toma de las del resto. Así que hoy es el día en el que saco del baúl de fotos con forma de disco duro esta foto.

Como decía, se trata de toma hecha hace unos años estando en compañía de César Vega, quien ya había estado anteriormente, pero que no le importó acompañarme.

El coche está en un estado lamentable. Según me dijo César, más incluso que cuando él había estado. Y esta es una de las cosas que me dan pena y rabia cuando se trata del comportamiento de los fotógrafos nocturnos. Por suerte yo me he rodeado casi siempre de gente que respeta, no sólo el entorno en el que hacemos nuestra trabajo que, como sabéis, casi siempre suele ser el campo, sino aquello que vas a fotografiar. 

Nunca he entendido qué razones hay para destrozar algo sin motivo. ¡Porque no hay motivo! ¿Acaso es evitar que el que llegue detrás de ti pueda sacar una foto mejor hecha que la tuya? ¿De verdad eso puede ser tan importante como para poder destrozar y dejar tu firma más fea allá donde vayas? En mi opinión, los fotógrafos, del tipo que seas, deben dar ejemplo pues yo creo que disfrutar de una afición como esta lleva implícito que te gusta los que fotografías, que te gusta la naturaleza, que te gusta y disfrutas de ella. Tu firma debes dejarla sobre la foto que haces y no donde haces la foto.

Hablando ya de la foto, me gustaría destacar el uso de 2 tipos de iluminación: cálida para el interior y los faros, y fría para la carrocería a la que, siendo blanca, la luz fría le viene que ni pintado. Para conseguir esa fuerza en los tonos cálidos, es importante ajustar el balance de blancos a una temperatura tirando a fría para compensar el color frío de la linterna con la que iluminamos la carrocería. esto hace que todo aquello que tenga una temperatura de color cálida, anaranjada, tome un color más cálido aun. es decir, que los naranjas aparezcan más saturados.

Para conseguir iluminar toda la foto en una única toma colocamos una linterna cálida en el interior. De esta forma valdría con que uno de los 2 se encargara de la iluminación de la carrocería, mientras que el otro se encargaba de los faros. como siempre, trabajando en equipo es como mejores resultados se consiguen, y como más se disfruta.

Espero que toda la información haya sido útil. Como siempre, si tenéis alguna duda sobre la foto, preguntadme y os responderé lo antes posible.

Muchas gracias por dedicar unos minutos de tu tiempo en leer esta entrada

¡Hasta pronto!


Los datos EXIF:

mara: Canon 6D
Focal: 14 mm 
Exposición: 15 sg 
Apertura: f/8
ISO: 1600



jueves, 11 de febrero de 2021

Cualquier tiempo pasado...

Hace unos días publiqué en Instagram una "story" a colación de un vídeo que vi de un famoso fotógrafo en la misma red social. Dicho vídeo empezaba mostrando una foto nocturna de un barco varado en una playa. Sobre el barco se mostraba una espectacular aurora boreal. No recuerdo si se indicaba dónde estaba tomada, pero, si no estoy equivocado, creo que se trataba de Islandia. Sinceramente, la foto me pareció alucinante. Según iba avanzando el vídeo pude comprobar que el mismo era una grabación publicitaria mediante la cual el fotógrafo en cuestión mostraba un panel con el cual tú podías partir, por ejemplo,  de una foto diurna de un barco varado en una playa cualquiera y, junto con otra foto de una aurora boreal, crear una imagen tan espectacular como la que se mostraba al principio del vídeo. De pronto mi cara cambió por completo y no pude sentirme más desilusionado.

Durante unos segundos había envidiado al fotógrafo que había tomado esa espectacular foto del barco con su fantástica aurora bailarina, y pude ponerme en su situación y sentir la emoción de, no solo poder ver tal espectáculo natural junto con la nave varada en la playa, sino de poder grabarlo en la tarjeta de memoria. Pero esa sensación, por desgracia, duró menos de lo que duró el vídeo.

A raíz de ver dicha grabación me pregunté qué es lo que la gente que gusta de contemplar fotografías quiere realmente ver: ¿Imágenes bonitas hechas en un sitio, en un momento, con más o menos procesado y edición digital, pero con una base real y ciertos límites en esa edición? ¿Imágenes espectaculares creadas a partir de fotos que no tienen nada que ver entre sí, y que, en manos expertas en el diseño y la edición fotográfica pueden dar lugar a una imagen que podría pasar por real? Con esta duda me fui a Instagram e hice una encuesta. El resultado fue bastante claro y aproximadamente el 90% de los que contestaron preferían que la foto tuviera una base real.

Al día siguiente, hablando con Paco Muñoz (Paco Farero), fotógrafo al que seguro que muchos de los que leéis este blog conocéis, se le ocurrió la idea de crear un hashtag con el que etiquetar fotos con las que, el que lo deseara, pudiera mostrar sus fotos antes y después de pasar por edición fotográfica. Dejadme que os explique por qué creo que es buena idea.

Hace aproximadamente 9 años empecé a hacer fotografía nocturna. Yo era de los que con sus linternas, su cámara y su trípode iba a una localización y se ponía a hacer fotos iluminando como entendía que debía hacerlo. Tenía mi idea de cómo debía quedar la foto y la repetía una y otra vez. Y, lo reconozco, no me iba a casa hasta que la foto quedaba en la tarjeta como yo deseaba. En casa, hacía revelado con Lightroom, y con Photoshop hacía bastante poco. Por no hacer, no clonaba ni carteles informativos incluso aunque que pudieran ser bastante molestos. Tiempo después conocí a mis compañeros de Luces del Pasado y gratamente pude comprobar que ellos veían la fotografía nocturna de la misma forma que la veía yo. Pero es que, en realidad, en aquel momento, apostaría a que la mayoría de los que hacíamos fotografía nocturna con iluminación artificial veíamos de manera similar la forma de hacerla, la forma de disfrutarla. Hacer una fotografía con esta o aquella iluminación era un reto. Y ese reto era muy divertido. Y muy placentero, especialmente cuando lo conseguías.

Con el paso de los años he ido conociendo técnicas de edición y procesado y las he ido aplicando a mis fotos. Más a las de paisaje que a las nocturnas, pero también a estas últimas. Eso no quiere decir que lo que publico es solo producto de la edición fotográfica, en absoluto. Pero ésta tiene hoy en día más presencia que la que tenía hace años. 

Hay algo que no ha cambiado, no obstante. Cuando salgo de fotos con mis compañeros/amigos de Luces del Pasado, aún seguimos disfrutando la fotografía haciendo lo que hacíamos hace 9 años. Seguimos marcándonos retos cuando tenemos un objetivo fotográfico. Seguimos repitiendo una toma 5, 10, 20 veces si es necesario hasta que conseguimos llevarnos un trabajo decente, que puede ser justo lo que íbamos buscando o algo bastante aceptable. En estos últimos casos, al menos yo, tiro más de edición fotográfica de lo que lo haría si la foto hubiera quedado perfecta (o tan perfecta como íbamos buscando). Y lo hacemos así porque pensamos que es la mejor forma de disfrutar la fotografía nocturna. ¿Rechazamos todo tipo de edición fotográfica? No, en absoluto. Pero nuestra mentalidad es la de trabajar la foto sobre el terreno, y repetirla una y otra vez exprimiendo al máximo nuestras posibilidades de llevarnos en la tarjeta la foto que tenemos en mente. Luego, en casa, si es necesario, tiramos de los medios de edición que consideremos para mejorar, adornar o arreglar el trabajo hecho previamente.

Tengo, sin embargo, la sensación de que, con el paso de los años, esta mentalidad, que como he dicho más arriba, era la que había entre la gran mayoría de los fotógrafos nocturnos que había por aquel momento, no es la más extendida. Pienso que lo que importa es crear una foto lo más espectacular posible, sea por el medio que sea. Y últimamente lo que se estila es hacerlo de la forma más fácil. Me explico.

Lo bueno o lo malo que tiene la fotografía nocturna en la que hay iluminación aplicada es que es una técnica en la que la mayor parte de la luz la aporta el fotógrafo eligiendo la forma y las zonas en las que darla. Digo que tiene su "parte mala" pues esa luz puede aplicarse por partes y por fotos. Es decir, en una foto puedo iluminar una parte del conjunto total tal y como quiero hacerlo, en otra foto otra parte, y así hasta conseguir tantas fotos como elementos sobre los que debo dar luz para, uniendo todas esas fotos, conseguir una imagen final espectacular. Espectacular porque tiene iluminaciones perfectas conseguidas por partes a base de prueba y error, y habiendo desechado de cada toma todo aquello que no me interesa. Lo malo de crear una imagen de esta forma es que unir iluminaciones "perfectas" en una imagen final no tiene porqué dar lugar a que ésta sea perfecta, pues puede darse que en una imagen se hayan unido iluminaciones que no encajan entre sí. Que no tienen lógica.

Cada uno es libre de crear su trabajo como le apetezca, faltaría más. Lo que más siento en realidad es que la gente que lleva relativamente poco tiempo o, incluso, la gente que aún no se ha lanzado a hacer fotografía nocturna con iluminación piense y tenga el convencimiento de que este tipo de fotografía sólo se hace así: creando imágenes a partir de iluminaciones perfectas hechas por partes.

Por este motivo creo que la iniciativa de Paco Farero puede ser interesante. Como, además, pienso que la fotografía nocturna es de las más susceptibles de verse afectada por esta creencia, opino que mostrar una foto cuando se tomó (o con un revelado hecho) junto con el resultado final, puede sacar del error a aquellos que crean que hoy en día todo es procesado y edición y que nada o casi nada es real. Y, sobre todo, puede animar a aquellos que desconocen este tipo de fotografía a lanzarse al campo y darle una oportunidad.

Insisto, cada uno puede interpretar la fotografía nocturna como desee. Yo voy a seguir haciéndola y disfrutándola como más me gusta. Y, repito, esto no significa que renuncio a cualquier tipo de mejora con edición en mis fotos cuando así lo considere. Nada de eso. Significa que mis fotos, especialmente las nocturnas, tendrán un trabajo de campo por detrás, que será la base de las mismas y, si considero que lo necesitan, la edición que crea que mejor le viene a la foto.

Por último, no puedo dejar de hablar de la fotografía que he elegido para mostrar ese antes y después de pasar por mi ordenador. Se trata de una camión bastante conocido entre los fotógrafos nocturnos. La noche en que tomé esta foto fue en mi primera visita (he estado 2 veces) y esa noche sólo me acompañaba Luis.

Debo decir que el que la luna apareciera en el encuadre no fue algo planificado. Sabíamos que no tendríamos Luna hasta bastante  tarde, pero no sabíamos por dónde iba a salir hasta que, fotografiando el frontal  del camión, una vez hubimos acabado de fotografiar el lateral, nos dimos cuenta de que a nuestra izquierda el cielo empezaba a tomar un tono azul claro, lo cual nos hizo darnos cuenta de que la Luna estaba a punto de salir. 

Rápidamente volvimos a colocar el trípode en el lugar en el que pocos minutos antes había estado y aprovechamos para encuadrar este camión al que le tengo cierto cariño (quién me iba a decir hace años que iba a llegar a afirmar que le tengo cariño a una chatarra abandonada que ni siquiera es mía) con un amanecer lunar al fondo. 

Sobre la iluminación, os cuento que tanto la hecha sobre la cabina, como la que se hizo sobre los faros, están realizadas con linternas de luz cálida. El interior de la cabina está iluminado con un flash disparado en remoto, sobre el cual se colocó un gel rojo.

Y sobre la forma de iluminar la cabina, como siempre, intentando obtener el mayor volumen posible e intentando sacar los detalles particulares de su chapa oxidada.

Y ya os dejo por hoy, que ya estaréis cansados. :-)

Como siempre, muchas gracias por leerme y, si tienes algún comentario, o alguna duda sobre cómo se hizo la foto, pregúntame.

¡Hasta la próxima!

Los datos EXIF:

mara: Canon 6D
Focal: 14 mm 
Exposición: 30 sg 
Apertura: f/4
ISO: 1000