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A salvo Reverencia Noche de Guardia II Noche de Guardia II

jueves, 18 de octubre de 2018

Cara a cara

Sí, ya lo sé. En los últimos meses parece que he dejado de lado la fotografía nocturna. Pero sólo lo parece. Y es que cuando algo te hace disfrutar mucho es muy difícil abandonarlo. Y a mí, la fotografía nocturna, me da muchas alegrías y satisfacciones.

En los últimos meses no he tenido muchas oportunidades de salir a hacer fotografía nocturna, algo que espero que cambie próximamente. Pero de momento, tengo que rebuscar en el baúl de fitos y tirar de archivo.

La foto que he encontrado en ese baúl es la de un Dodge Barreiros que Luis y yo fotografiamos hace... hace ya bastante tiempo, y del que ya os enseñé una foto hecha esa noche aquí.

En aquella ocasión no pudimos llegar a donde se encuentra el coche con luz de día. Esto es algo que me gusta hacer pues es la mejor forma de, por un lado, reconocer el terreno y poder localizar posibles focos de problemas a la hora de hacer la foto en oscuridad y, por otro lado, encontrar los mejores encuadres fotográficos. En el caso de los vehículos no suele haber muchas opciones: desde un lado, desde otro, la foto frontal... Este último encuadre, el frontal, que es el de la foto que he elegido para esta noche, siempre me ha parecido muy curioso. Supongo que será porque (y no penséis que estoy loco) desde niño he visto caras en el morro de los coches. A ver, no quiero decir que vea la cara de mi vecino en un Renault Twingo. A lo que me refiero es a que la forma y la estructura del morro de los coches pueden llegar a hacernos pensar en las de una cara (al menos a mí me pasa). Si, como pasa con la fotografía nocturna, iluminamos sus ojos... perdón, sus faros, nos encontramos de frente con un ser que, por una noche, vuelve a tener vida, y nos mira cara a cara.

Quizá estéis pensando que se me ha ido un poco la cabeza. Tranquilos, que no es así (por otro lado, si estuviera loco, tampoco lo reconocería... ;-) ). En fin, vamos a ver cómo le dimos luz a este coche.

La iluminación en esta fotografía está hecha por completo con linternas cálidas de media intensidad, y de la marca que siempre hemos usado. Una de las linternas se colocó en el interior del vehículo. Con ello iluminamos el interior del mismo.

Para la iluminación exterior, Luis y yo trabajamos en equipo. Uno de los 2 se encargó de darle luz a la carrocería mientras que el otro se encargó de los faros. Cuando haces una iluminación de este tipo, hay que tener mucho cuidado y coordinarse muy bien con la persona que va a participar en la iluminación pues, si no se hace correctamente, se corre el riesgo de que la persona que ilumina los faros aparezca en la foto de forma difuminada (quizá podríamos decir "fantasmeada") por culpa de luz residual proveniente de la interna que ilumina la carrocería, o, incluso, por algún error cometido mientras se hace esta iluminación. Por ello, lo mejor es que cada uno tenga un tiempo de iluminación durante toda la exposición de la fotografía de forma que se minimice el riesgo de aparecer en la foto de esa forma "fantasmeada".

Para la carrocería se uso una linterna de potencia media, y para los faros, una de menor intensidad. Tras varios intentos obtuvimos la iluminación que íbamos buscando. El resultado, la foto que esta noche podéis ver.

Aún nos dio tiempo sacar otra toma más de este fantástico vehículo antes de que llegara la hora de irse a casa.

¡Y poco más! ¿Os gusta la foto? ¿Tenéis experiencia en la iluminación de vehículos en fotografía nocturna? Como siempre, cualquier pregunta que tengáis sobre la foto, no dudéis en hacérmela llegar y contestaré lo antes posible.

¡Hasta pronto!

Los datos EXIF:

mara: Canon 6D 

Focal: 14 mm 
Exposición: 30 sg 
Apertura: f/8
ISO: 2500




jueves, 26 de julio de 2018

Merecido descanso

Ya sabéis lo que me gustan los vehículos en fotografía nocturna. Creo que es de lo que más me gusta porque es de lo que mejor refleja el trabajo de iluminación realizado sobre ellos. 

Si sigues este blog y recuerdas alguna de las fotos de vehículos que he subido habrás podido comprobar que todas tienen algunas cosas en común: decadencia, ruina, abandono. Todos son vehículos que en mayor o menor medida están tan deteriorados que es prácticamente imposible sacarles partido para otra cosa que no sea chatarra. Bueno, o para darles luz con una linterna... De hecho, para nosotros, cuanto mayor sea el estado de deterioro, mejor. Cuanto más destrozado e inutilizable se encuentre, más partido le sacaremos. Ahora bien, todo hasta un cierto límite. Esto lo digo porque creo que el coche que aquella noche retratamos es el padre de los coches destrozados con los que nos hemos encontrado. El estado en que se encontraba era tal que cuando lo vi de día me pregunté si realmente podríamos conseguir esa noche que ese montón de chatarra quemada y destrozada pareciera un coche. Pero ya que lo habíamos encontrado, había que intentarlo, ¿no crees?

La tarde en la que Felipe y yo quedamos era la de un día cuya previsión nocturna era de cielos despejados. Si conoces mis gustos fotográficos, sabrás que los cielos despejados sólo me gustan, bien para sacar la vía Láctea, bien para auroras boreales. Pero como apetecía hacer fotografía nocturna, le dimos un poco al coco para ver qué podíamos hacer sin que el cielo nos fastidiara el plan. Nos acordamos de una localización en la que había un coche metido en un recinto cerrado, por lo que podríamos olvidarnos del cielo y centrarnos en iluminar el coche y, si merecía la pena, el recinto en el que el vehículo se encontraba.

Recogí a Felipe pronto. La idea era llegar con tiempo a la zona para inspeccionarla en condiciones y localizar el coche, pues ni él ni yo habíamos estado antes y no sabíamos de las dificultades para encontrar a la que sería nuestra nueva víctima nocturna.

Como imaginábamos, llegar hasta el coche (el que no funciona) desde el punto en que debíamos dejar el coche (el que sí funciona) no iba a ser cosa de varios pasos, pero con lo que no contábamos era con encontrarnos con caminos con puertas cerradas. Por ello tuvimos que ingeniárnoslas para encontrar un punto en el que dejar nuestro vehículo y que estuviera lo más cerca posible de nuestro destino. Así hicimos y, 15-20 minutos más tarde nos estábamos bajando de nuestro coche con GPS en mano dispuestos a hacer la (según como se mire) poca distancia que nos indicaba el navegador que había hasta el cacharro. Lo que no imaginábamos era que el camino hasta allí sería poco explorado y, lo que es peor, con pendiente alta.

Decidimos ir sin mochilas pues era muy pronto y lo único que podríamos hacer a esas horas era inspeccionar el terreno y confirmar si merecía la pena o no nuestro viaje.

Fue pesado, bastante pesado llegar. Pero finalmente lo hicimos y encontramos el montón de chatarra. El bicho en cuestión estaba en una especie de garaje. Imagino que hacía muchos años que debió de ser abandonado allí. Tras revisarlo decidimos que esa noche habría linternas iluminándolo. 

Media hora mas tarde estábamos desandando nuestros pasos. Una vez abajo pensamos que sería buena idea ir a tomar algo mientras esperábamos a que anocheciera. Lo cierto es que sentados en una terraza picando algo se hacía duro pensar en volver de nuevo hasta donde estaba nuestro preciado descubrimiento, pero era a lo que habíamos ido, y una vez vencida la pereza, nos pusimos de nuevo en camino. 

Curiosamente la subida se hizo menos dura que por la tarde. Quizá porque sabíamos lo que íbamos a encontrarnos y que algo bueno podríamos llevarnos a casa. Cuando llegamos, no tardamos mucho en ponernos manos a la obra. Primero un encuadre, luego otro, y luego otro. Con distintas focales: 16 y 14 mm. No teníamos prisa y queríamos explotar lo que ese cacharro podía darnos. 

La iluminación que elegimos para este viejo coche fue fría, salvo para los faros, para los cuales elegimos linternas cálidas. Nos repartimos el trabajo. Uno se encargaría de iluminar los faros y una de las paredes, y el otro de la carrocería del coche y de ayudar con otra de las paredes. Al principio hubo que hacer varias pruebas para poder pillar el punto adecuado de iluminación. Pero una vez conseguido prácticamente todas las tomas siguientes fueron válidas.

Estuvimos, si no recuerdo mal, más de 2 horas. Tres encuadres, cambios de cámaras y objetivos hacen que haya que emplear bastante tiempo, pero éste pasó volando. Es lo que tiene pasártelo bien y disfrutar. No eres consciente de lo rápidamente que los minutos se consumen.

Cuando nos sentimos satisfechos con lo que llevábamos en nuestras tarjetas recogimos y nos volvimos a nuestros coche. Ya teníamos lo que queríamos. El esfuerzo hecho había merecido la pena y ya podíamos dejar tranquilo a ese pobre 600. tanto él como nosotros nos habíamos ganado un merecido descanso.

Aquí acabó nuestra aventura nocturna. Como siempre, si tenéis dudas sobre cómo hicimos la foto, lanza tu pregunta y te responderé lo antes posible. 

Gracias por tu atención, y ¡hasta pronto!

Los datos EXIF:

mara: Canon 6D 

Focal: 16 mm 
Exposición: 30 sg 
Apertura: f/8
ISO: 400



jueves, 19 de julio de 2018

Se avecina tormenta

Son muchas las veces en las que, en este blog, y cuando de voz he tenido oportunidad, he comentado, he insistido, hasta el punto de ponerme pesado con el asunto, que cuanto mejor se prepare la fotografía nocturna, mejores serán los resultados. Entre todo lo que es recomendable que preparemos, hay un elemento muy importante: la previsión meteorológica. Cuando se trata de fotografía de paisaje, obviamente, las condiciones meteorológicas van a marcar el estilo de la foto que obtendremos. Es por ello que, dependiendo del tipo de foto que vayamos buscando, tendremos que elegir, tanto nuestro destino, como el día (o, mejor dicho, la noche) en que ir a sacar nuestra foto.

Ahora bien, la Meteorología no es una ciencia exacta, y la información que nos dan las aplicaciones o páginas web usadas para conocer la previsión del tiempo no siempre es exacta. De hecho, a veces no es demasiado aproximada.

Esa noche nos pasó esto mismo. Salí con 2 antiguos compañeros de fotografía nocturna. Dos personas con quienes entré en este mundillo, y con quienes hacía años que no salía. La idea para esa noche era fotografiar la Vía Láctea. Hasta ese momento no había sacado la galaxia en lo que iba de año, así que ya había ganas. Por ello elegimos un punto en el que la previsión daba cielos prácticamente despejados.

Quedamos pronto. El plan era poder ver la zona para preparar bien la foto. Según íbamos llegando al sitio nos íbamos dando cuenta de que quizá lo que íbamos buscando no iba a ser lo que encontráramos. Y cuando llegamos, prácticamente habíamos descartado sacar fotos de la Vía Láctea. Es cierto que era pronto cuando llegamos, y que el cielo podría cambiar bastante, pero no menos cierto es que el cielo iba cambiando de color, pero ese color se iba tornando oscuro... oscuro de nubes de tormenta. 

Pensé entonces que la opción que se nos planteaba podría no ser tan mala. Al menos, a nivel fotográfico, porque lo cierto es que pensar en campo, árboles y tormenta puede intranquilizar incluso al que tiene más temple.

Según iba poniéndose el sol, según iba oscureciéndose el cielo, empezamos a ver los primeros relámpagos en el horizonte, hacia donde las nubes se movían. Los relámpagos dieron lugar a rayos. Esto se empezaba a poner bien. De pronto alguien llamó la atención del resto para que nos girásemos. Entonces pudimos ver que había más de una tormenta. Y, para colmo, se dirigía hacia nosotros. Como aún estaba lejos nos centramos en la que nos interesaba, la que estaba en dirección contraria y, una vez elegido el árbol que más nos atrajo, decidimos volver al coche a por mochilas y trípodes.

Por lo que os he comentado arriba, podréis imaginar que la situación en la que nos encontramos era una situación de tarde de tormenta. Y rara es la tormenta que no vaya acompañada de lluvia y de viento. Y ésta no iba a ser la excepción. La lluvia hizo acto de presencia al poco de volver al coche a por nuestro material fotográfico. Por suerte, nos dio tregua para tomarnos un bocadillo, algo que, sí o sí, debíamos hacer antes de ponernos a sacar fotos pues, una vez que te pones a disparar, no sabes cuándo vas a parar (¿recordáis lo de las patatas Pringles y el anuncio ese que decía algo así como "cuando haces Pop ya no hay Stop"? Pues con esto de las fotos, es algo así :-) ).

Como digo, cuando acabamos con el bocata, empezó a llover... y a llover bien. Por suerte nos pilló en el coche, así que pudimos esperar allí hasta que cesara la lluvia. 

Cuando la lluvia nos permitió salir, decidimos volver hasta donde estaba el árbol de la foto. Allí sacamos nuestros trípodes, colocamos nuestras cámaras, y empezamos a calcular los parámetros más adecuados a la situación. En esta ocasión decidimos que el tipo de luz que mejor iba a ir a la foto sería blanca, así que sacamos linternas de luz blanca y flashes. Sí, flashes. ¿El motivo? Enseguida os lo cuento.

Como os comentaba arriba, uno de los 2 elementos que nunca suele faltar en una noche de tormenta es el viento. Y esa noche éste tampoco quiso perderse la fiesta. Que haya viento no es un gran problema. Ahora bien, con los parámetros que teníamos de exposición, por culpa del viento, si iluminábamos con linternas, el suelo, pero sobre todo las ramas y hojas del árbol, saldrían tan movidas que en la foto aparecería una mancha verde bastante poco agradable. Por ello decidimos jugar también con flashes. El flash tiene la facultad de congelar el movimiento debido a que un disparo consiste en luz muy potente emitida en un cortísimo intervalo de tiempo. 

No fueron necesarias muchas pruebas (no más de 10) . Finalmente el esquema de iluminación fue el siguiente: para congelar el árbol, disparo de flash. Lo ideal es disparar sólo una vez para que la sensación de congelación sea mayor.

Para el suelo, linterna blanca potente. En este caso usamos linterna pues queríamos repartir bien la luz, y como las plantas del suelo no se movían mucho con el viento, decidimos que esta opción no era mala.

Quizá os preguntéis qué pasó con la tormenta que se dirigía hacia nosotros. No le perdimos la pista ni un momento pero, por suerte, fue cambiando de dirección y pasó a nuestro lado.

Sobre la foto sólo un detalle más. Si miráis los parámetros podréis ver que el ISO no es demasiado agresivo. El motivo es que en el momento de sacar esta foto no había una completa oscuridad pues, aunque el sol había desaparecido hacía ya un rato, en el cielo aún quedaba restos de su luz.

Como de costumbre, cualquier pregunta, podéis hacerla por aquí y, en cuanto pueda, os respondo.

¡Hasta pronto!

Los datos EXIF:

mara: Canon 6D 

Focal: 20 mm 
Exposición: 20 sg 
Apertura: f/2.8
ISO: 400




martes, 5 de junio de 2018

Gang Car

Si sois seguidores de este blog, sabréis que entre aquello que más me gusta fotografiar cuando salgo de fotos nocturnas son vehículos. Vehículos de todo tipo. Grandes, pequeños, coches, tractores o camiones. Casi cualquier vehículo, sí, pero, eso sí, que presenten un deterioro importante. Ahora bien, no siempre es fácil encontrar vehículos, pues, al contrario que castillos, monasterios u otro tipo de edificios o estructuras, no existe, como podréis imaginar, un catálogo o una lista con la localización exacta de estos "bichillos". Más bien todo lo contrario. Encontrar vehículos que cumplan los requisitos para formar parte de una foto nocturna medianamente aceptable realmente se convierte en una tarea de búsqueda ardua.

Por eso, cuando sabes de la localización de una joya como la que esta noche os traigo, hay que aprovecharlo, y más si, como es el caso, el tipo de coche fotografiado no es de los que más abundan.

La noche en que tomamos esta fotografía nos juntamos Luis y yo. Fuimos hasta donde Luis sabía que se encontraba este coche y, cuando llegamos al lugar, allí estaba esperándonos este juguetito. Se encontraba impecable. Quiero decir, impecable para hacerle una foto nocturna, lo que significa que estaba hecho polvo, pero lo justo como para que se pudiera ver claramente que el conjunto de hierros era (o fue) un coche.

En esta ocasión no pudimos llegar con luz de día, pero no nos importó demasiado pues la zona en la que estaba no parecía ser muy peligrosa. Aun así, reconocimos el lugar, pues no queriamos ninguna sorpresa.

Cuando ya nos sentimos cómodos en el lugar, pensamos en los mejores encuadres y nos organizamos para iluminar. El cielo no pintaba demasiado bien, aunque algo de partido podriamos sacarle, pero para ello habría que seleccionar bien qué encuadres coger. Uno de los elegidos, el que esta noche os enseño.

La iluminación en esta ocasión la hicimos con linterna cálida. Por este motivo el balance de blancos lo bajamos a unos 3200K. Esta es la forma de que el coche y todo aquello que ilumináramos con la linterna no quedara bajo una capa amarillenta que generalmente suele ser bastante fea. Utilizamos 3 linternas cálidas de 2 tipos. Las 2 linternas iguales las usamos, una para el interior del vehículo y otra para iluminar toda la chapa del coche, y otra de menor potencia para iluminar los faros.

Además de éste hicimos fotos con otros 2 encuadres  pues pensamos que merecía la pena dedicarle un tiempo a esta joya. Como he dicho antes, no siempre se tiene la oportunidad de encontrar ejemplares como este Dodge, así que había que explotar las posibilidades al máximo.

La de hoy es la primera de la serie. ¡Espero que os guste!

Los datos EXIF:

mara: Canon 6D 

Focal: 14 mm 
Exposición: 30 sg 
Apertura: f/8
ISO: 2500




jueves, 17 de mayo de 2018

El castillo de los MacLeod

Si nos preguntaran por aquello que nos viene a la cabeza si pensamos en Escocia, una de ellas, sin duda, sería castillos. Escocia tiene muchos castillos distribuidos por toda su geografía. Algunos en mejores condiciones, y otros en peores. Entre estos últimos se encuentra el castillo de Ardvreck, un castillo creado por el clan MacLeod en la década de 1590, pero que en 1672 fue atacado por el clan MacKenzie, quienes conquistaron el castillo y las tierras colindantes. Como muchos castillos escoceses, el de Ardvreck tiene sus leyendas sobre fantasmas. Por un lado se habla del fantasma de James Graham, Marqués de Montrose, quien, según parece, fue apresado por los MacLeod y permaneció encerrado en las bodegas del castillo, hasta que el 21 de mayo de 1650 fue enviado a Edimburgo, donde fue ejecutado. Por otro lado, se cuenta la historia de una niña perteneciente al clan MacLeod, y cuyo padre aceptó la ayuda del diablo para construir el castillo a cambio de que le entregara a su hija para casarse con él. Una noche, la niña, desesperada, se arrojó a las frías aguas del lago desde lo más alto de la torre. Desde entonces se cuenta que se ha visto en alguna ocasión a la niña pasearse por las ruinas del castillo.

Como os digo, el castillo se encuentra en ruinas . Y donde haya una ruina, fácilmente podrá encontrarse un fotógrafo nocturno. Así que, como no podía ser de otra forma, a ese castillo había que hacerle la visita nocturna de rigor, arriesgándonos a encontrar al fantasma del Marqués o al de la niña :-)

El día que decidimos ir a fotografiarlo, por la tarde Rosario y yo fuimos a verlo. La idea era ver posibilidades, encuadres y planificar la o las fotos que haríamos.

Esa tarde nos hizo un tiempo bastante bueno, cosa que por la noche cambió. Así es, esa noche llovió bastante, pero como yo estaba "emperrado" en que tenía que llevarme foto de ese castillo, insistí en que fuéramos. Por suerte durante el camino desde Ullapool hasta el castillo, la lluvia cesó, así que la cosa se ponía de cara.

Cuando llegamos a las inmediaciones del castillo lo primero que hicimos fue recorrer la zona alrededor del castillo para no llevarnos ninguna sorpresa. A pesar de que ya lo habíamos visto bien esa tarde, nunca sabes qué te puedes encontrar cuando la luz del sol ha desaparecido. Lo único que encontramos es que, supongo que debido a la humedad del lugar y de que había llovido mucho esa tarde, el terreno estaba lleno de babosas (algo normal). Vimos también que, a pesar de que ya no llovía, el cielo estaba bastante cubierto, prácticamente en su totalidad. Como no sabíamos cuánto tiempo podríamos estar allí sin que nos cayera una buena, decidimos no perder más tiempo y ponernos manos a la obra.

Rosario se subió al castillo con una linterna blanca a la que, previamente, habíamos incorporado un filtro de color rojo con la intención de sacar luz roja por los huecos que había de lo que en su día debieron de ser ventanas.

Yo, por mi parte, cogí una linterna cálida potente y me encargué de la iluminación de la fachada. Antes de empezar, encuadramos, hicimos alguna prueba con diferentes parámetros y finalmente nos quedamos con aquellos en los que el cielo no quedara muy oscuro ni empastado. Tendríamos 30 segundos para hacer la foto, así que me iba a tocar pegarme alguna carrera para poder iluminar como yo quería. Y es que, a pesar de que el castillo no es muy grande, correr de un extremo al otro puede hacerse pesado, y más cuanto mayor fuera el número de carreras que tuviera que pegarme. Este número dependería de lo bien que se me diera la iluminación. El caso es que esa noche no estuve muy hábil con la linterna, así que como podréis imaginar, después de unas 10 carreras acabé agotado.

Tras este encuadre probamos alguno más, aunque debo decir que éste fue el que más me gustó. 

Aquí acabó nuestra historia en el castillo de Ardvreck. Debo decir, además, que, por suerte, esa noche decidieron no aparecérsenos ni el fantasma del Marqués de Montrose ni el de la niña :-)

Como siempre, si tenéis alguna duda sobre la foto, lanzadla y os responderé lo antes posible.

¡Hasta pronto!

Los datos EXIF:

mara: Canon 6D 

Focal: 16 mm 
Exposición: 30 sg 
Apertura: f/2.8
ISO: 1600