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A salvo Reverencia Noche de Guardia II Noche de Guardia II

miércoles, 2 de enero de 2019

Kilchurn

Comenzamos un nuevo año, y ya van a ser 6 los que este blog dedicado principalmente a la fotografía nocturna tiene de vida.

La foto que he elegido para estrenar el año fue tomada durante un viaje por Escocia. Podría hablar mucho de mis impresiones sobre Escocia, pero me conozco y podría extenderme más de la cuenta. Quizá otro día. De momento quedaos con que Escocia es un gran país donde el fotógrafo de paisaje disfruta como un niño con zapatos nuevos. Si además te gusta la fotografía nocturna, como es mi caso, el disfrute es mucho mayor.

El castillo que hoy os quiero enseñar es el castillo de Kilchurn. 

Se encuentra en el Consejo unitario de Argill and Butte y está rodeado, en gran parte, por el lago Awe. Es uno de los castillos que más me gustaron en mi viaje de 15 días por Escocia, aunque sacar una fotografía del mismo no fue fácil. La foto fue tomada en uno de los últimos días del viaje, cuando ya estábamos en el camino de vuelta a Edimburgo. Esa noche íbamos a alojarnos en una casa que no estaba excesivamente lejos del castillo, así que, como llegamos pronto a esta casa, cuando ya nos hubimos acomodado, pensamos que sería buena idea acercarnos a ver el castillo y los posibles encuadres. 

No fue nada difícil encontrar el castillo. De hecho, hay un pequeño parking donde se puede dejar el coche. Desde ese parking, hay que andar aproximadamente 400-500 m a lo largo de un camino sencillo que nos lleva directamente al castillo. Al verlo, la primera impresión que puede dar  es que está sacado de una película de terror lo cual, en mi opinión, le confiere un atractivo especial. Tras recorrer su perímetro y comprobar que estaba cerrado (por lo que no pudimos pasar a su interior), y después de pensar en los posibles encuadres, decidimos marcharnos  para volver en cuanto hubiera anochecido.

Debo decir que cuando llegamos por la noche, el castillo me resultó más impresionante e imponente de lo que me había parecido de día. Silencio absoluto y completa oscuridad salvo la luz de alguna tienda de campaña al otro lado de la orilla del lago. Ahora bien, los encuadres que había visto con luz del sol no me parecieron tan buenos sin luz, y en el encuadre que más me gustó aparecía una horrorosa valla de obra difícil de sortear. Aun así decidí sacar foto con ese encuadre y pensé que, si finalmente revelaba esa foto, intentaría eliminar esa valla en post procesado, de forma que se alterara lo menos posible la esencia de la foto.

Y llegó el momento de la iluminación. Mi principal duda fue si el castillo habría que iluminarlo por ambos lados, así que hice la prueba. Viendo el resultado, no tuve muchas dudas. La mejor iluminación sería aplicando luz a la fachada principal y sólo a esta fachada. Esta iluminación se hizo con una linterna cálida de gran potencia, pues dar luz a la fachada del castillo requería de una linterna de estas características. Como veis, en esta foto las ventanas y huecos en las paredes no aparecen iluminados, algo que sí suele verse en fotografías mías similares a esta. El motivo es que no pude ni intentarlo pues el acceso al interior del castillo estaba cerrado. De todas formas, en esta foto yo, personalmente, no echo de menos esa iluminación, pues creo que esa falta de luz interior ayuda a crear ese aire tétrico y fantasmagórico al castillo.

Y vosotros, ¿habríais iluminado el interior del castillo de haber podido acceder a su interior?

Como siempre, cualquier pregunta que se os ocurra,  sobre ésta u otra foto,no dudéis en hacerla.

Por último, aprovecho para felicitaros el año y desearos lo mejor en este 2019.

¡Hasta pronto!


Los datos EXIF:

mara: Canon 6D 

Focal: 14 mm 
Exposición: 30 sg 
Apertura: f/4
ISO: 3200







jueves, 27 de diciembre de 2018

Una Nueva Luz

Hace días que estoy pensando en cuál sería la última foto que publicaría este año. Cuando ya me había decantado por una foto, de pronto, no sé muy bien por qué, me puse a buscar entre las fotos que aún no había revelado del viaje que hice a Lofoten con César Vega, Alfonso Lalastra y Javier Vega, hermano del primero. Entre ellas encontré varias que aún tenía por revelar y, de entre esas, una que ya había visto hacía tiempo en una pasada rápida y que, no sé muy bien por qué, había descartado (no penséis que tengo muy claro por qué ahora la he revelado).

Lo cierto es que una vez hube acabado con la foto, y después de mirarla varias veces acabó gustándome. Sin embargo, la foto es mía y muchas veces no se es lo suficientemente crítico con el producto de uno mismo, así que decidí preguntar a quienes seguro me iban a dar una opinión sincera. Esos iban a ser Cristina García y Felipe Carrasquilla. La conversación fue por whatsapp, y no llevó más que unas pocas líneas. Todo empezó cuando les envié la foto y les pregúnté por ella.

- ¿Cómo veis ésta?

Felipe fue el primero en contestar. Fue bastante claro y expresivo.

- Desgraciado

Bien, veamos. No es que yo le caiga mal a Felipe. Para nada. No es que sintiera la necesidad de insultarme. No, nada de eso. Como ya conozco a Felipe, interpreté su respuesta de la siguiente forma: "Joder, tío, eres un llorica. Luego te estás quejando de que no te quedan fotos en condiciones y nos mandas esta aurora boreal que está de PM". Esto son muchas palabras innecesarias cuando con un "Desgraciado", era más que suficiente.

A continuación contestó Cristina:

- Cojonuda

Esto no tiene mucha más interpretación que la que es evidente: también le había gustado.

Así que, aquí estoy. Día de Navidad por la noche, escribiendo la entrada de una foto que no es la que iba a publicar (pero que en breve, ya en 2019, publicaré), pero que he preferido que fuera la última foto del año. Y es que me apetecía que fuera una de Luces Verdes, de Auroras Boreales. Así, sin más.

En unos días acaba 2018. Un año que, para mí, quizá, ha sido mejor que el anterior. Al menos fotográficamente, creo que sí lo ha sido. Afortunadamente he podido viajar más de lo que esperaba. Más incluso que el año anterior, y ya era complicado. He estado en Holanda, donde he podido conocer los canales de Ámsterdam, los campos de tulipanes, y los molinos de Kinderdijk y Zaanse-Schans. He estado en Lisboa, Madeira y São Miguel, una de las impresionantes islas Azores.Y he estado en Islandia. Tres veces en el mismo año, en tres viajes increíbles, con vivencias diferentes... y ya son cuatro. Islandia me tiene enganchado, lo sé. Esas luces me tienen enganchado. Y pensar en un viaje a Islandia en buena compañía para poder tener la oportunidad de ver Auroras Boreales me motiva y me ilusiona mucho (¿alguien duda de que intentaré volver una quinta vez?). 

Ver auroras boreales de la forma que pude verlas en Islandia o Lofoten no deja indiferente a ningún ojo humano. Uno de esos fenómenos que hay que intentar vivir al menos una vez en la vida. Y si lo haces, si lo vives, muy posiblemente querrás volver a vivirlo una segunda vez. Sí, es fácil que te enganche. Es una experiencia que, con casi total seguridad, no olvidarás.

Y si la encuentras, si encuentras esas luces, difícilmente no soltarás la cámara, al menos durante unos minutos, olvidándote de hacer cualquier foto. Hay quien grita o incluso llora de emoción. Hay quien, mirando esas luces, mirando al cielo en esos momentos, se acuerda de aquellos que, por un motivo u otro, no podrán vivir un momento así. Y hay quien lo uno y lo otro.

Acaba este año y comienza uno nuevo que quizá nos presente nuevas oportunidades. Oportunidades para cambiar aquello que no te hace feliz, para llamar a aquella persona con quien hace tanto tiempo que no hablas, para no cometer los mismos errores, para cumplir el sueño que aún no has cumplido.

En fin, no me enrollo más. Os deseo que este año que comienza seais muy, muy felices.

Hasta el año que viene.


Los datos EXIF:

mara: Canon 6D 

Focal: 14 mm 
Exposición: 10 sg 
Apertura: f/2,8
ISO: 3200


martes, 4 de diciembre de 2018

Estación de encuentro

Hoy vuelvo con una foto del tipo de las que más llevo haciendo desde que empecé a hacer fotografía nocturna. Si sois lectores de este blog sabréis a qué me refiero: una foto nocturna en la que nos aparece un edificio en ruinas, abandonado y en pleno campo, en este caso una antigua estación de tren, y con elementos de iluminación, como fueron linternas, iluminamos el edificio y/o sacamos luces de su interior.

Ésta era la segunda vez que yo estaba allí, pero la primera no me llevé foto que me pareciera interesante. Además, en esta ocasión nos juntamos los 4 miembres de Luces del Pasado, y conseguir que los 4 miembros podamos coincidir no es algo fácil, así que sólo por eso creo que la foto se ha ganado el derecho a ser publicada :-)

Hacía tiempo que no nos juntábamos, y es que, como os digo, conseguir coincidir los 4 no es fácil por los diferentes compromisos de cada uno, a pesar de que reunirnos los 4 es asegurar pasar un buen rato en el que no faltan las risas entre pinchos y cañas... y, a veces, alguna foto :-)

Tras esas cañas y pinchos nos acercamos a la estación, echamos un vistazo al escenario, y decidimos qué foto hacer. En esta ocasión nos colocaríamos a ras de vía, con las cámaras encuadrando a la izquierda esa interesante estación y aprovecharíamos la fuga  que nos ofrecían unas nubes que se dirigían hacia donde estábamos.

En cuanto a la iluminación, sin duda que esta fue una de las fotos en las que el trabajo en equipo fue importante. Decidimos que la iluminación la haríamos con linterna cálida y 3 de los 4 miembros se dedicarían a dar luz, mientras que el cuarto se iba a encargar de disparar las cámaras. ¿Tres personas en la iluminación? ¿Y cómo se repartieron el trabajo? Enseguida os lo cuento.

En esta foto veíamos un par de puntos importantes que debían tener protagonismo en la foto: por un lado la estación y, por otro, la vía. La iluminación para una o dos personas no iba a ser sencilla pues la vía iba a requerir toda la atención de una única persona que se encargara de darle luz a la vía de forma sutil, sin prisa, pero sin pausa. Con esto quiero decir que la iluminación había que hacerla andando paralelo a la vía a la vez que se iba dando luz a la misma, siempre evitando aparecer en el encuadre de la foto.

Y por otro lado, la estación. La estación había que iluminarla desde dentro, pero también desde fuera. Una única persona podría haber sido capaz de hacer toda la iluminación de la estación echándose unas buenas carreras, pero habiendo varias personas que podrían participar de la iluminación de la estación, ¿por qué correr? Dos miembros del equipo se encargarían de ello. Uno de los 2 tuvo como trabajo dar luz al interior, pasando a cada uno de los cuartos durante los 20 segundos que duró la foto e iluminando estas estancias. Y el otro de los iluminadores se encargaría de iluminar la fachada principal de la estación. Para ello, íbamos a hacer uso de otro de los elementos de la foto: el árbol. El iluminador se  escondería detrás del árbol y con mucho cuidado de no aparecer en la escena repartiría luz a la fachada de la estación.

En definitiva, todos los miembros del equipo tuvieron su papel en la creación de esta foto. Y todos ayudaron a que el trabajo saliera bastante decente. Moraleja: la fotografía nocturna, en equipo, siempre da mejores resultados y es mucho más divertida (y, como he dicho en más de una ocasión, más segura).

Poco más sobre esta foto. Como siempre, cualquier duda que tengáis, no os la guardéis y preguntádmela. Yo os responderé lo antes posible.

Espero que os guste.

¡Hasta la próxima!

Los datos EXIF:

mara: Canon 6D 

Focal: 16 mm 
Exposición: 20 sg 
Apertura: f/2,8
ISO: 500


miércoles, 28 de noviembre de 2018

Niebla verde

Hacía mucho tiempo que el viaje rondaba por nuestras cabezas. Sin embargo, por un motivo u otro, no había sido posible. Un día, estando de cañas, surgió el tema de nuevo, y la conversación acabó diferente a como en otras ocasiones lo había hecho.Tanto Cristina, como Felipe, como yo mismo dejábamos la puerta abierta a hacer un viaje a Islandia a finales de año. No descarto que el hecho de haber hablado del asunto entre cañas tuviera algo que ver, pero,en todo caso, es lo de menos. El caso es que se vislumbraba la posibilidad de hacer un viaje de 3-4 días a la increíble isla en época de poder ver la tan ansiada Aurora Boreal.

Por fin, llega un día en el que los 3 decimos "sí, vamos". A partir de ahí, y una vez decidido cuáles serían las fechas del viaje, se empieza a mover la maquinaria de reservas de hoteles, compra de billetes de avión, alquiler de coche, etc. Y una vez reservado todo, llegaba lo peor: esperar más de medio año a que llegara la fecha. Iba a ser una espera larga. Está claro: cuanto más deseas que llegue un momento, más tarda en llegar. Y pensar en un viaje a Islandia, lugar en el que ya había estado 3 veces antes de ésta (y al que espero poder volver de nuevo), es algo que a mí me pone de muy buen humor. Islandia es un país fascinante, y viajar con los amigos fotógrafos con los que llevas años saliendo a hacer fotografía convertía éste en un viaje muy especial.

Tres días, sólo tres, íbamos a estar en la isla. Queríamos aprovecharlo al máximo, así que había que hacer una planificación para poder tener más o menos claro qué íbamos a poder hacer durante las aproximadamente 72 horas que íbamos a estar allí.

Decidimos hacer un recorrido por el sur. Trazamos un plan muy ambicioso, sí, pero, ¿por qué no intentarlo? Este plan incluía llegar las montañas Vestrahorn o, lo que en el mundillo fotográfico es más conocido como Stokksnes, nombre de la playa situada enfrente de las montañas. A Stokksnes llegaríamos el segundo día. En el plan inicial estaba poder llegar a esta playa antes del atardecer. Y es que el color que toman las montañas cuando el sol se está poniendo es tremendo. Sin embargo, desde primera hora de la mañana fuimos acumulando retrasos sobre el plan marcado. Ésto, junto con una anécdota que vivimos (y que nos hizo perder tiempo), y sumado a que en Islandia, en noviembre, se pone el sol sobre las 16:30, hizo que llegáramos a Stokksnes cuando ya estaba entrada la noche. Sobre esa anécdota de la que hablo, aprovecharé sólo para dar un consejo: en Islandia, intentad llevar el depósito de combustible del coche siempre al máximo posible pues en este país no abundan las gasolineras, y la sensación de poder quedarte sin combustible en un país muy frío (y más en noviembre) y poco habitado no es especialmente agradable.

Era extraño, pero cuando llegamos a  la playa no había nadie, y no es lo habitual en este sitio, pues raro es el fotógrafo de paisaje que, habiendo viajado a Islandia, no tiene foto del lugar. Una vez hubimos pagado la entrada que hay que pagar para acceder al lugar, entendimos por qué estaba tan vacío: no había rastro de auroras, la luna se había ocultado, por lo que no iba a dar la poca luz que en esa época del año podía dar, y, para colmo, una extraña niebla se había apoderado de la playa, por lo que las montañas no se veían demasiado bien.

Pero estábamos allí. Un sitio marcado en la planificación como de "sí o sí" (es decir, que había que visitar por narices), así que había que intentar foto. Fuimos de un lado para otro, buscando un sitio desde el que poder sacar un encuadre que mereciera la pena. Cuando ya lo encontramos dejamos las mochilas en uno de los típicos montículos de arena de la playa, siempre con cuidado de no perder la referencia de donde lo dejábamos, pues os aseguro que las mochilas no se veían desde donde habíamos plantado los trípodes, y es que, como os digo, había una niebla bastante fastidiosa. Sin embargo, en completa oscuridad, con nuestros frontales apagados, podía verse la silueta de la formación montañosa. Quizá íbamos a poder sacar foto.

Además de esto un extraño resplandor empezaba a verse en el cielo. No había duda, aquello era la Aurora Boreal. Cuando nuestros trípodes estuvieron colocados, empezamos a hacer fotos. Con iluminación aportada por nosotros, sin iluminación, a ISOs altos, a ISOs muy altos...

En un momento se nos ocurrió que no podíamos irnos de allí sin hacer una foto en la que compartiéramos protagonismo con las luces verdes y con las montañas. Así que nos colocamos en fila y disparamos foto. Personalmente me gustó mucho el resultado. Ese es uno de los motivos por los cuales hoy quiero mostraros esta foto.  Pero otro de los motivos es porque creo que es un recuerdo muy bonito de un viaje muy especial que hace años no todo el mundo en nuestro grupo de viaje tenía muy claro que harían pero que, como tantas cosas en la vida, con tiempo, llegan ;-)

Sobre la foto, algún dato importante. Cuando la aurora boreal tiene una intensidad muy alta, ella sola imprime a la foto una luz suficiente como para poder disparar a muy pocos segundos. Este es el motivo por el que se ven con mucha frecuencia fotos de auroras boreales mostrando diferentes formas. En otras ocasiones, y este es el caso de la noche en que tomamos esta foto, la aurora no tiene tanta intensidad, por lo que es necesario disparar la foto a mucho más tiempo si no quieres que la foto quede oscura. Este es el motivo por el que no se ven formas, sino que se ve toda la escena, y el cielo principalmente, verde. Además, para que la foto saliera con más luz, disparamos a un ISO 6400, valor que mi cámara, la Canon 6D aguanta bastante bien.

Bien, pues esta es la primera de una serie de fotografías que tomamos en diferentes escenarios durante 3 días en Islandia, y que, poco a poco, y según vaya revelando, os iré mostrando.

Como siempre, espero que os guste. Si tenéis alguna pregunta sobre la foto, no dudéis en soltarla.

¡Hasta pronto!

Los datos EXIF:

mara: Canon 6D 

Focal: 16 mm 
Exposición: 30 sg 
Apertura: f/2,8
ISO: 6400



jueves, 25 de octubre de 2018

Aún en pie

Hace años, cuando ya estaba metido en esto de la fotografía nocturna, escuché una frase de esas que con el tiempo se convierten en frases de las que uno suele tirar, a pesar de que son sencillas y, por qué no decirlo, simples. Era una frase que, en fotografía tiene mucha aplicación, pero que perfectamente puede aplicarse y, de hecho, se hace, en muchos momentos de nuestra vida. Era algo así como "si no arriesgas, no ganas". En inglés queda como más "chic" por eso de que el idioma anglosajón tira mucho de mensajes cortos, pero contundentes: "No risk, no win".  Quede esto como una simple curiosidad.

Bien, dejadme que os cuente la historia de esta foto. Hacía tiempo que tenía ganas de volver a las Bardenas Reales, en Navarra. Digo volver, porque en el verano de 2017 estuve con mis compañeros de Luces del Pasado. Una noche que, en mi opinión, no fue lo suficientemente productiva, por lo que tenía que volver, lo tenía claro.

Así que me organicé un fin de semana para poder ir en una fecha en la que las condiciones en el norte de España fueran las que yo buscaba, es decir, nubes en el cielo, y poca incidencia de luz lunar. Iba a ser un fin de semana en el que viajaría yo solo, a pesar de mis repetidas recomendaciones de no salir a hacer fotografía nocturna sin compañía, pero es que viajes así no son fáciles de "liar" a más gente. 

Según se iba aproximando el fin de semana yo iba revisando las condiciones meteorológicas esperadas, y aunque, en un principio, la cosa no pintaba mal, según se iba aproximando la fecha, los cielos de ese fin de semana se iban alejado de lo que deseaba: la previsión era de cielos despejados y, a pesar de que se trataba de fechas cercanas al final del verano, en las que la Vía Láctea aún es bastante visible, la posición en la que iba a encontrármela no iba a ser la mejor. Sin embargo, pude comprobar que el jueves por la noche, la cosa iba a ser completamente diferente. La previsión de cielos era realmente buena y, aunque nunca te puedes fiar al 100% de lo esperado meteorológicamente hablando, la cosa parecía que no iba a estar muy alejado de lo que yo iba buscando. Pero esto, amigos, era para el jueves. Podéis imaginar cuál podía ser mi estado de frustración sabiendo que un día antes de mi viaje, el escenario sería el que yo quería encontrarme y completamente diferente del que, casi con toda seguridad, me iba a encontrar. 

Tenía 2 opciones: cancelar mi viaje, perdiendo la reserva ya pagada del alojamiento y rompiendo con los planes que tenía para todo el fin de semana, o ampliar mi reserva, coger el viernes como día de vacaciones e irme el jueves al salir de trabajar. La primera opción no me apetecía nada, pero es que la segunda me parecía una auténtica locura. 

Estuve todo el jueves dándole vueltas, pero finalmente, el mismo jueves por la tarde, decidí coger el coche e irme a Navarra. No quería perder la oportunidad de tener éxito, a pesar de que nada, absolutamente nada, me lo garantizaba. 

La salida de Madrid fue un caos. Una tormenta brutal al salir de casa, y que me obligó a ir a menos de 80 km/h por la M50, una autovía de circunvalación de la capital, hacía preguntarme si todo el viaje iba a ser así y si, realmente, la idea había sido buena. Alguien podría pensar que esto era una señal de "da la vuelta y no hagas el tonto, que lo que vas buscando allí no lo vas a encontrar", pero no quise ceder.

Tras varias horas de viaje, llegué a Cintruénigo, un pueblo de Navarra próximo a las Bardenas Reales. Después de registrarme en el hotel, cené algo rápido y me fui a las Bardenas. Ya era de noche cuando llegué y lo que allí encontré fue casi mejor que lo que iba buscando: los últimos coletazos de una tormenta me estaban esperando. 

Rápidamente saqué todos mis bártulos y fui a buscar uno de los encuadres que tenía en mente. La tormenta se estaba alejando cuando empecé a fotografiar, pero había que aprovechar el momento. Estuve varias horas por allí, sin prima disfrutando el momento. Tanto que esa noche me fui a la cama pensando que el esfuerzo había merecido la pena. Los kilómetros, el cansancio, la indecisión, la tensión, todo mereció la pena por disfrutar lo que disfruté.

La foto que esta noche os traigo es de esa noche, en un momento en que la tormenta ya se había alejado por completo y las nubes empezaban a dejar paso a las estrellas. La pequeña montaña que podéis ver es el Castildetierra, una formación creada por erosión que, a pesar de los muchos castigos que puede haber sufrido, se mantiene aún en pie y con esa forma tan particular, aunque se espera que, con el paso del tiempo, la erosión acabará con ella también. 

Si no arriesgas, no ganas. El éxito nunca lo tienes asegurado, pero si quieres algo de verdad, tienes que intentarlo. Tienes que luchar por ello, aunque sólo si lo quieres de verdad. Pero no sólo en fotografía, sino en la vida. El tiempo que estamos aquí es muy escaso, demasiado, como para desperdiciarlo. Al menos, es lo que yo creo.

Quizá las fotos que allí saqué no fueron las que esperaba traerme. Pero no importa pues, si no hubiera ido, quizá lo estaría lamentando.

Más adelante quizá os enseñe alguna de las fotos que pude traerme de aquella primera noche, y podréis juzgar si hice bien en viajar ese jueves.

¡Hasta pronto!

Los datos EXIF:

mara: Canon 6D 

Focal: 14 mm 
Exposición: 34 sg 
Apertura: f/5,6
ISO: 2500