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A salvo Reverencia Noche de Guardia II Noche de Guardia II

jueves, 7 de noviembre de 2019

Luces celestiales

Si pienso en fotografía nocturna, creo que la estación del año que menos me gusta es el verano. Llámame raro, pero sí, el verano no es mi estación favorita, especialmente si tengo que hacer planes de fotografía nocturna. Y los motivos son varios. Anochece muy tarde. Tanto, que hay sitios en los que, si te fijas bien, puedes ver algo de luz en el horizonte a las 23 de la noche. ¿Te imaginas? Quedas con amigos para hacer fotos, te desplazas unos 100-150 km y hasta las 23 no puedes empezar a hacer fotos. Y lo malo no es la hora a la que empiezas, sino que empezar a las 23 significa acabar tarde, muy tarde, y luego toca volver a casa. Vamos, que esa noche te acuestas a las mil.

Además, otra de las cosas que no me gustan del verano es la ausencia de cielos con nubes. Esto es un gusto personal, pero es que creo que los cielos con nubes dan más juego y son mucho más llamativos.

Pero no todo es malo a la hora de hacer fotografía nocturna en verano. Hay algo de lo que podemos disfrutar en esta estación: la Vía Láctea. Y es que sólo en verano, con cielos despejados o casi despejados, y siempre y cuando no tengamos luna, podremos ver cómo una concentración mayor de estrellas y otros astros cruza el cielo, dándonos la posibilidad de explotar nuestra creatividad.

Este año me apetecía hacer fotos con Vías Lácteas. Otros años no había tenido mucho interés, pero éste decidí que tenía que hacer más fotos que en anteriores años.

La foto que hoy os voy a enseñar fue tomada a principios del verano. Esto se puede ver en que el arco que forma la Vía Láctea en la foto está muy bajo. Pero esto os lo explicaré un poco más abajo.

Cuando me enteré de la localización de esta ermita pensé que sería una de mis fotos de Vías Lácteas de este verano. Así que una tarde fuimos a visitarla para reconocer el terreno y pensar la foto. Y cuando llegó la noche nos pusimos manos a la obra.

Como podéis imaginar, viendo las dimensiones de la foto, se trata de una panorámica. Para hacerla usé 7 fotos verticales, tomadas cada una de ellas girando la rótula del trípode 30º con respecto a la posición en que se tomó la anterior. En cada una de estas fotos se aplicó el tipo y cantidad de luz que correspondía de forma que en el resultado final la unión de las fotos no dejara zonas más iluminadas que otras. ¿Qué quiero decir con esto? Fíjate en un detalle. La pared izquierda de la ermita está iluminada. Y esta iluminación está hecha con linterna cálida de gran potencia para poder dar luz desde cierta distancia de forma que el sujeto que la ilumina no apareciera en la foto. Pues bien, la iluminación hecha en cada una de las fotos en las que aparece esa pared, y que forman parte del conjunto de 7 fotos que utilicé para la creación de la foto panorámica, es la misma. Y cuando digo que es la misma quiero decir que en cada una de esas fotos (3 ó 4 de las 7) se aplicó luz de igual forma y durante el mismo tiempo. Así conseguimos que no destaque ninguna sobre otra, y que la unión de todas ellas (hecha, por ejemplo, con la herramienta de Photoshop específica para ello) sea fácil.

Acabo de desvelarte cómo hicimos la iluminación de la mitad de la foto. Para la otra mitad, como podrás imaginar, sólo fue necesario que el sujeto que sostiene la linterna en forma de vela no se moviera durante las otras 4 fotos de las que consta la foto final, pues esas tomas se ven afectadas por la luz que sale de la linterna del sujeto. Y sí, como podrás imaginar, permanecer estático durante 4 tomas de 30 segundos cada una, no es tan fácil... al menos cuando repites la foto por tercera o cuarta vez :-)

En definitiva, con esto lo que quiero decirte es que es importante que haya una coherencia de iluminación en todas las tomas de las que forma parte tu foto panorámica, pues, si no es así, será necesario que hagas correcciones durante el montaje o el procesado y/o edición de la foto.

En cuanto a la aparición de la Vía Láctea, como supongo que imaginarás, nuestra galaxia no aparece ahí por casualidad. Detrás de esta foto hay un trabajo previo para la elección del lugar, de la hora, y sobre todo del día en el que hay que ir a hacer la foto. Y es que la Vía Láctea no se ve de igual forma en cualquier momento del año. Déjame que explique esto con un poco más de detalle.

Como te comenté arriba, el mejor momento para ver la Vía Láctea, al menos en el hemisferio norte, es el verano. Es en ese momento en el que se puede observar la mayor concentración de estrellas y constelaciones además de lo que se llama Centro Galáctico, que es el centro de rotación de la Vía Láctea (en la foto, lo que aparece a la derecha del arco de la galaxia). Durante el verano nuestra galaxia va apareciendo sobre nuestros cielos en sitios diferentes y con una forma de arco que cruza nuestro cielo. Pero ese arco es menos pronunciado a finales de primavera y principios de verano que a finales de verano. Por eso mismo, si quieres hacer una foto panorámica en la que pueda caber toda la Vía Láctea, mi recomendación es hacerla en ese momento de principios de verano, pues, al menos en mi opinión, el efecto del arco es mucho más atractivo. Esto, por supuesto, va sobre gustos. Lo que sí es importante es que tengas esto en cuenta para que puedas planificar bien tu foto en función de si te gusta sacar toda la Vía Láctea y con un arco más o menos abierto, o si prefieres fotografiarla cayendo en vertical en la foto.

Sobre la planificación y elección del día concreto, si estás interesado, déjame un comentario, y en algún próximo post puedo desarrollar más en detalle qué aplicación uso y cómo la uso para poder planificar al detalle mi fotografía con la Vía Láctea. 

Además, como siempre, si tienes alguna duda sobre cómo se hizo esta foto, pregúntame y te responderé lo antes posible.

Por último, te recomiendo que sigas este blog si quieres estar al corriente de cuándo hay una nueva entrada.

Un saludo, y ¡hasta pronto!


Los datos EXIF: 7 fotografías unidas con Photoshop

mara: Canon 6D 

Focal: 16 mm 
Exposición: 30 sg 
Apertura: f/2.8
ISO: 3200




miércoles, 30 de octubre de 2019

Sweet Charlie

No soy mucho de fiestas importadas, debo reconocerlo. Y sí, ya lo sé, la fiesta de Todos los Santos no es algo que sea nuevo en España, cierto. Pero la celebración de la noche del 31 de octubre es algo que nos hemos traído, como muchas otras cosas, de los países angloparlantes. Ya sabéis a qué me refiero: calabazas que simulan ser cabezas con vida, disfraces con el terror como temática, el "truco o trato"... Eso sí debo admitir que la estética de todo lo que rodea a esta fiesta me parece llamativa. Y más cuando se trata de una estética que da mucho juego para esto de la fotografía nocturna.

El caso es que desde ya hacía mucho tiempo tenía ganas de sacar una foto relacionada con todo esto, en la que hubiera calabazas, espantapájaros... y este año decidí tomármelo más en serio. Un día, hablando con el resto de miembros de Luces del Pasado les volví a sacar el tema, pero poniéndonos objetivos, y repartiéndonos trabajo. La idea sería crear un espantapájaros terrorífico (bueno, o algo así...), con una calabaza que vaciaríamos, y en la que haríamos los recortes necesarios para crear una calabaza de Halloween con aspecto maligno, y la montaríamos sobre un par de palos dispuestos en forma de cruz. Para hacer el cuerpo buscaríamos algún trapo que pudiera dar el pego.

Así que nos pusimos manos a la obra. En un principio nos repartimos responsabilidades, aunque al final cada uno aportó lo que pudo y/o quiso. Felipe se encargó de dibujar a modo de stencils unos murciélagos, pues la idea original era colocar murciélagos volando cerca del espantapájaros y se encargó del cuerpo del espantapájaros. En vez de usar una manta, Felipe aportó un antiguo disfraz de zombie que nos vino que ni pintado. Cristina trajo unos sombreros, unos guantes y una camisa negra que también ayudaría bastante en la foto. Y yo me encargué de conseguir la calabaza y de prepararla (vaciarla, darle ojos, nariz y boca), y de los palos que harían de armazón. Teníamos todo lo que necesitábamos. Sólo quedaba juntarse y trabajar en la foto. Finalmente un viernes pudimos juntarnos Cristina, Felipe y y yo, y nos fuimos a un campo que Luis nos había indicado, y que estaba relativamente apartado de contaminación lumínica. Allí montamos el muñeco, lo clavamos, no sin poca dificultad, en la tierra y nos pusimos hacerle fotos.

No sé cuál sería el motivo: falta de inspiración para exprimir el asunto, un muñeco que no terminaba de convencer, el cielo tan poco atractivo que teníamos para esa noche, o un poco de todo, pero lo cierto es que no nos vinimos excesivamente contentos. Así que decidimos que deberíamos quedar otro día, sin esperar mucho, pues la noche de Halloween se acercaba.

Tres días más tarde, Felipe y yo decidimos quedar de nuevo. Cristina no pudo acompañarnos, así que esa noche nos encontramos Felipe y yo sólos. Bueno, solos no. Nos acompañaba nuestro nuevo amigo el espantapájaros del cual intentaríamos sacar algo más de lo que no pudimos días antes.

Quedamos en un descampado en Parla que Felipe había encontrado y en el que había juncos, una de las cosas que habíamos echado de menos en la anterior foto. Decidimos, además, que, al contrario que en la anterior foto, las mangas estarían más sueltas. Pensamos que estando muy estiradas, más que un espantapájaros, nuestro amigo parecería un avión. Por último, creímos que un detalle también importante era hacer que la calabaza mirara a la cámara, independientemente de dónde colocáramos ésta. La intención era conseguir transmitir que el el montaje no era una calabaza, unos palos y un traje de zombie, sino un espantapájaros maldito que nos estaba mirando riéndose. Ése era nuestro objetivo.

Una vez encontrado el punto en el que clavar el muñeco, y tras colocarlo, montamos cámaras y trípodes y nos pusimos a hacer fotos. La cosa tenía mejor pinta que el día anterior. Incluso el cielo, sin ser espectacular, era mucho mejor que lo que habíamos tenido el otro día. Probamos tres encuadres. Pues sí, parecía que habíamos mejorado la foto. Tras terminar la última foto, con un encuadre en el que estábamos mucho más cerca del muñeco, cuando ya estaba a punto de recoger, Felipe me llamó y me pidió que me acercara a la pantalla de su cámara. Lo que vi me hizo sonreír. En lo que simulaba ser la mano izquierda del espantapájaros la luz era diferente. Era una luz que sacaba textura. No sé muy bien cuál fue el motivo. No sé qué fue lo que Felipe quiso probar, pero lo que vi me gustó. Y Felipe me había llamado porque sabía que me gustaría. Así que pensé "aún es pronto para irse a casa". Este último encuadre íbamos a volver a repetirlo, pero cambiando drásticamente la forma de iluminar la foto.

Nos repartimos el trabajo. Uno se iba a encargar de iluminar la calabaza por dentro con una especia de disco iluminador que Felipe había traído y que podíamos activar y desactivar a distancia, y el otro se encargaría de iluminar el resto del cuerpo y la calabaza por fuera, así como el suelo y los juncos. Hicimos varias pruebas, pero con la primera me quedó claro que la foto de esa noche iba a ser esa.

Es curioso cómo puede cambiar el ánimo en cuestión de segundos. Inicialmente nos íbamos a ir a casa contentos porque nos llevábamos una foto que pensábamos que no podríamos mejorar, y en cuestión de segundos la cosa cambió hasta el punto de que nos fuimos muy contentos a casa pues habíamos conseguido una foto que nos había dejado más que satisfechos.

Sobre la iluminación, a continuación te cuento cómo lo hicimos. Nuestra intención era conseguir un cielo tirando a naranja, así que decidimos que el balance de blancos tendríamos que ponerlo a una temperatura alta de forma que todos los tonos amarillos que pudiera tomar el cielo se tornaran en naranja. Colocar el balance de blancos en un valor así nos obligaba a usar iluminación blanca si no queríamos que toda la escena, y no solo el cielo, se volviera también de este color. Así que usamos linterna blanca, una de muy pequeño tamaño e intensidad, para iluminar el espantapájaros, así como los juncos que había detrás de él y el suelo. Para el interior de la calabaza usamos iluminación cálida. El motivo es bien sencillo. Queríamos un color naranja fuerte que destacara en la fotografía para atraer la mirada del observador. Por esto mismo usamos un disco que emitía luz cálida y que, como decía más arriba, podíamos controlar a distancia con un mando remoto. Una cosa tuvimos que tener en cuenta. Esta iluminación, la del interior de la calabaza, está muy encerrada, muy localizada, por lo que era importante encender y apagar la lamparita-disco muy rápidamente. Tanto que en el interior sólo estaría encendida algo menos de 1 segundo.

Cuando nos pusimos a iluminar, quisieron aparecer unas nubes que adornaron el cielo como podéis ver en la foto. ¿Qué más podíamos pedir? 

Por fin teníamos nuestra foto. Esa que desde hacía bastante tiempo tenía ganas de hacer y que, por fin, se iba a venir a casa en nuestras tarjetas.

Poco más puedo contarte sobre esta foto. Sólo desearte, si eres de aquellos que celebra la fiesta de Todos los Santos, que la disfrutes mucho y que tengas un feliz y terrorífico Halloween ;-)

¡Hasta pronto!

Los datos EXIF:

mara: Canon 6D 

Focal: 14 mm 
Exposición: 30 sg 
Apertura: f/13
ISO: 1600





martes, 22 de octubre de 2019

Cold dreams

Uno de los lugares turísticos más conocidos en Islandia es el Kirkjufell. El Kirkjufell es un monte con una forma muy peculiar. A mí me recuerda al Sombrero Seleccionador de las películas de Harry Potter, o incluso al del mago Gandalf, en "El Señor de los Anillos". Al otro lado de la carretera que pasa al lado del monte se encuentran unas cascadas espectaculares, desde las cuales se pueden crear excelentes composiciones que incluyen las cascadas y el monte al fondo. Suena bien, ¿verdad? Tan bien que, claro, es un sitio en el que casi siempre hay gente.

La noche en que me encontraba allí no iba a ser diferente. Y más teniendo en cuenta que esa noche la previsión de aurora boreal era bastante buena. Así pues, cuando llegué al lugar en cuestión, fue poco menos que imposible encontrar un hueco entre toda la gente para poder poner el trípode. Finalmente pude, pero no donde más me habría gustado.

Por este motivo no duré mucho en esa zona, así que decidí que si ellos se quedaban allí (y, la verdad, no tenían mucha intención de moverse), yo no iba a perder el tiempo, así que me fui a buscar algún otro encuadre que me pudiera parecer interesante.

De esta forma llegué hasta el punto donde estaba el riachuelo que podéis ver en la foto. Estamos hablando de que ésta la hice en marzo en Islandia, con lo cual, como seguro podréis entender, el riachuelo estaba congelado, o prácticamente congelado. Saqué mi trípode, y con mucho cuidado me coloqué encima y, aprovechando que la aurora estaba bailando sobre el Kirkjufell, me puse a disparar la cámara.

Y poco más tuve que hacer. Sin iluminación, pues no había nada que necesitara iluminación, y sin moverme para no romper el hielo. Sólo disparar fotos. Una tras otra y, por supuesto, disfrutar del espectáculo. Anoche, cuando empezaba a escribir esta entrada pensaba "Joé... es que ya tengo ganas de volver". Y volveré. O, al menos, en mi mente está la idea.

El cielo se mantuvo verde durante un buen rato. Cuando bajó la intensidad, vuelta al hotel, pues no había que gastar fuerzas que serían necesarias para un viaje que acababa de comenzar. Y lo cierto es que pintaba bien. Muy, muy bien.

Al final del post, como de costumbre, os dejaré los detalles técnicos de la foto. Pero, para los que no hayáis fotografiado la aurora boreal, solo unos datos que os pueden resultar interesantes o, quién sabe, quizá útiles, si viajáis a Islandia. Para fotografiar la aurora boreal, en los casos en los que la intensidad es lo suficientemente alta, es necesario abrir el diafragma lo máximo posible, como podéis imaginar, pero es necesario tener el obturador abierto durante poco tiempo. Se trata de una foto nocturna, sí, pero no podemos hacerla como si se tratara de otro tipo de fotografía nocturna, pues en lugar de obtener formas en el cielo obtendréis un cielo completamente verde, sin forma alguna. Un tiempo de 3, 4, 5 segundos puede ser lo ideal para sacar una foto de una aurora boreal. Eso sí, disparar a esa velocidad obliga a compensar la exposición de otra forma. No puede ser con el diafragma, pues ya lo hemos abierto todo lo que hemos podido, por lo que tendrá que ser con el ISO. como podéis ver abajo. Esta foto la disparé a un ISO 5000, algo que no suele ser habitual en mis fotos. Sin embargo, en esta quise arriesgarme a llevarme mucho ruido en la foto, y creo que la historia no me salió del todo mal. 

Por tanto, dependiendo del tipo de cámara que tengas y del comportamiento del sensor con el ruido, deberéis jugar con la velocidad de obturación y la sensibilidad ISO balanceando para encontrar el punto adecuado en el que la aurora tenga una forma más o menos llamativa y no obtengáis una foto con mucho ruido.

Y con esto me despido de vosotros hasta la próxima entrada. Espero que os guste la foto. Como siempre, cualquier pregunta que tengáis, no dudéis en hacerla.

¡Hasta pronto!

Los datos EXIF:

mara: Canon 6D 

Focal: 16 mm 
Exposición: 5 sg 
Apertura: f/2.8
ISO: 5000


martes, 15 de octubre de 2019

Dos cabezotas y un castillo

Hoy voy a comenzar esta entrada haciéndote una pregunta. Si te dieran a elegir entre hacer una foto muy llamativa, con una iluminación y encuadre perfectos, pero sin ninguna dificultad... vamos, de ésas que llegas, haces 4 ó 5 tomas y ya te la llevas... o hacer una foto que sea menos llamativa que la primera, pero que haya supuesto un desafío por la dificultad a la hora de hacer la iluminación... ¿con qué te quedarías? Sigue leyendo, y te doy mi respuesta más abajo.

Cuando sales de fotos nocturnas y te desplazas hasta la localización (o localizaciones) que tienes seleccionada para esa noche, generalmente no lo haces a ciegas. Lo más normal es que previamente te hayas informado del tiempo, de la fase en que se encuentra la Luna, de la hora a la que se pone el sol, de si va a hacer frío o calor, de si el sitio en cuestión recibe mucha o poca luz procedente de contaminación lumínica, etc. Es decir, intentas llevar preparado, en la medida de lo posible, aquello de lo que puedes tener conocimiento antes de desplazarte.

Hay otros factores que, sin embargo, no puedes controlar. Por ejemplo, tú puedes saber si el cielo que te vas a encontrar está muy despejado o, si por el contrario, estará muy nublado. Pero cuando consultas la previsión y lo que ves es que va a haber nubes y claros, va a ser mucho más complicado saber si lo que te vas a encontrar van a ser las condiciones que buscas para tu foto. O, por ejemplo, muchas veces, hasta que no estás en una localización e inspeccionas el terreno, el motivo a fotografiar, es decir, el escenario de trabajo, no sabes si la foto va a resultar fácil o no.

El día en que Felipe y yo fuimos al castillo de Villarejo sabíamos que había posibilidades de que el cielo no se portara mal, pero no las teníamos todas con nosotros. Cuando llegamos a la localización por la tarde, lo primero que hicimos fue inspeccionar el castillo y darle una vuelta a las posibles fotos. Fueron 2 los encuadres que más nos llamaron la atención. Sin embargo, uno de ellos muy posiblemente íbamos a tener que descartarlo. El motivo era que la iluminación de uno de los laterales de la fortaleza la veíamos imposible de realizar, al menos, correctamente. ¿Por qué? Ahora lo verás.

Cuando se hace la iluminación de un motivo, pienso que lo más importante es poder transmitir al observador la verdadera forma y detalle del edificio. Y esto sólo se consigue con una iluminación muy concreta. En el caso de edificios que tienen formas curvas, como pueden ser las torres de un castillo, lo ideal es iluminar desde un punto a la derecha o izquierda de la cámara (dependiendo de dónde esté la torre), de manera que entre el haz de luz y la línea imaginaria que hay entre la cámara y el punto en el que incide el haz de luz en la pared o torre, se forma un angulo lo suficientemente grande que permita ver las formas del objeto iluminado. Resumiendo: hay que intentar dar una iluminación que te transmita el volumen del objeto fotografiado. Además, esta iluminación hay que hacerla a una cierta distancia, pues, si no, corres el riesgo de no repartir bien la luz si el objeto es grande, o incluso de "quemarlo" en algún punto.

En el caso de este castillo, encontramos el problema de que en el punto en el que termina la torre de la derecha había una caída de unos metros, por lo que era imposible alejarse en aquella dirección para poder dar luz a esa torre y, de paso, a la pared. Así que nos centramos en el encuadre fácil. Sin embargo, cuando terminamos de hacer esa primera, volvimos al punto inicial, donde habíamos visto el primer encuadre, y estuvimos dándole una vuelta a lo que podíamos hacer. Teníamos 2 problemas que teníamos que resolver, iba a ser complicado, pero nos empeñamos en que esa foto tenía que venirse a casa.

El primer problema era el más importante. ¿Cómo dar luz a la torre conflictiva? Por culpa del problema que teníamos sabíamos que no podríamos dar luz a la vez a esa torre, a la pared y a la torre más cercana, la que quedaría en el centro de la foto. Tendríamos que hacerlo por partes, con iluminaciones dedicadas a diferentes zonas. Es decir, una iluminación para la torre más cercana, otra para la pared, y otra para la torre más alejada. Pero, ¿cómo hacer esta última? Sólo veíamos una opción posible: iluminarla desde abajo. Pero era del todo imposible hacerlo en 30 segundos, pues sólo éramos 2 personas (estamos ágiles, sí, pero no tenemos records de atletismo), el tiempo habitual que usamos para mostrar las estrellas más o menos estáticas. Entonces pensamos: "bien, pues hagamos la foto en 2 minutos". ¿Por qué no?

Nos repartimos el trabajo. Uno de los 2 se encargaría de la pared de la izquierda, y el otro de la de la derecha, incluyendo la bajada al camino de acceso al castillo para intentar iluminar la torre. Ajustamos los parámetros para un tiempo de obturación de 2 minutos, cruzamos los dedos y nos pusimos manos a la obra.

Sabía que la mejor forma de iluminar este castillo era ésta que habíamos pensado, pero, sinceramente, no estaba nada seguro de lo que íbamos a conseguir. Sin embargo, cuando me acerqué a la pantalla de la cámara una vez hubimos terminado la foto, tuve claro que esa foto nos la íbamos a llevar a casa. A pesar de la dificultad de la foto, no fueron necesarias muchas pruebas, 4 ó 5 más para pulir detalles. Y ahí estaba la foto.

No creo ser capaz de describir con palabras cuánto me alegré de sacar aquella foto. Obtener en una única toma una foto cuya iluminación veíamos muy, muy complicada, y todo ello tras haberle dado vueltas a la planificación y organización para realizar la toma es de las cosas que más me gustan de la fotografía nocturna.

Posiblemente tendrás curiosidad por saber cómo hicimos la iluminación completa del castillo. Pues bien, como te decía más arriba, la iluminación nos la repartimos entre las 2 únicas personas que estábamos allí para dar luz. Uno de los 2 se quedó con la parte izquierda del castillo. La iluminación tanto de la torre de la izquierda, como de la pared se hizo con linterna cálida de gran potencia. Para ello, el iluminador se colocó a la izquierda, teniendo cuidado de no salir en el encuadre de la foto. La parte derecha, como comentaba arriba, se hizo por partes dentro de los 2 minutos de iluminación. Durante unos segundos se realizó iluminación de la pared del castillo con linterna cálida de escasa potencia. Se eligió esta linterna pues fue necesario estar muy cerca de la pared, corriendo el riesgo de quemar alguna zona de la pared. A continuación, saliéndonos del encuadre de la foto, se realizó la iluminación de la torre que aparece en el centro de la fotografía. Esta iluminación se hizo con linterna cálida de gran potencia. Una vez acabamos de dar luz a esta zona, se repartió algo en el suelo, y carrera hasta el camino que llevaba al castillo, para iluminar desde abajo la torre que aparece más a la derecha en la foto.

Aquella noche me fui enormemente contento y satisfecho de lo que habíamos hecho. Hacía mucho tiempo que no disfrutaba haciendo una foto tanto como aquella noche. Una vez más el trabajo en equipo había funcionado.

Con respecto a la pregunta que te hacía al principio de esta entrada, creo que  ya no hace falta que te dé la respuesta de la misma, ¿verdad? ;-)

Espero que te guste la foto. Como siempre, si tienes alguna pregunta, no dudes en hacérmela.

¡Hasta pronto!

Los datos EXIF:

mara: Canon 6D 

Focal: 16 mm 
Exposición: 120 sg 
Apertura: f/2.8
ISO: 320



miércoles, 4 de septiembre de 2019

Pensamientos

Hoy toca mirar hacia atrás. Toca revisar el baúl y ver si allí hay algo que merezca la pena rescatar. ¿Por qué no? A veces te puedes llevar alguna sorpresa. Y veo que me voy a marzo de 2017, concretamente a la noche del 31. Allí encuentro que aquel día Felipe, Luis y yo quedamos para hacer fotos nocturnas y pensamos en ir a un sitio que yo ya conocía, pues había estado con anterioridad con Cristina, pero de donde no me llevé una foto que me dejara contento.

El motivo a fotografiar, unos bustos que están anclados en pleno campo. Fuimos allí tras haber comprobado que la previsión meteorológica daba cielos con bastantes nubes. Pero lo cierto es que cuando llegamos nos encontramos con que, una vez más, la previsión había fallado... o casi.

Digo casi porque pudimos encontrar unas nubes moviéndose, y que casi podría asegurar que nos decían "aprovechad, que nosotras no vamos a estar mucho aquí". Así que no perdimos tiempo. Montamos trípodes junto al busto y pensamos en la iluminación que aplicaríamos a la figura. Como se trataba de un elemento pequeño, no debería de darnos mucha guerra. Iluminación principal desde la derecha, e iluminación de relleno desde la izquierda. Con sólo 2 personas iluminando sería más que suficiente. 

Elegimos iluminación cálida. En general soy más de linterna cálida. Tengo la sensación de que me da fotos más realistas. En este caso, debido a que el elemento a iluminar era pequeño, con linternas pequeñas sería más que suficiente.

Y nos pusimos a iluminar. No fue necesario repetir mucho la toma, pues, como digo, la foto fue de las fáciles. Por suerte conseguimos encuadrar las nubes que podéis ver en la foto, aunque no tardaron mucho en irse dejándonos bajo un cielo lleno de estrellas. Creo que capturamos las mejores nubes que esa noche tuvimos.

Probamos a hacer algún otro encuadre más, pero lo cierto es que éste es el que más nos llamó la atención. Y cuando terminamos, nos fuimos a por otra escultura. Pero esa historia se queda para otro día en que vuelva a buscar en el baúl... o no.

¿Tienes alguna duda sobre cómo se hicimos esta foto? ¿Sobre la iluminación? ¿Quizá sobre los parámetros que deben configurarse en la cámara para obtener una foto como ésta? Más abajo te voy a dejar los parámetros que configuré para obtener esta foto. Pero, por supuesto, si tienes alguna duda al respecto, pregúntame.


¡Hasta pronto!


Los datos EXIF:

mara: Canon 6D 

Focal: 16 mm 
Exposición: 30 sg 
Apertura: f/2.8
ISO: 250