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A salvo Reverencia Noche de Guardia II Noche de Guardia II

martes, 11 de febrero de 2020

Pastor de nubes

¡Hola!

No sé si os pasará lo mismo que a mí, pero muchas veces, cuando haces una foto, no terminas de estar contento con el resultado. Llegas a casa sabiendo que es casi seguro que el material que tienes no te va a convencer, abres tu foto con tu programa de edición y... efectivamente, la foto no hay por dónde cogerla.

Son muchas las veces que he tenido que volver a un sitio para poder irme contento con las fotos que he obtenido. Dos, tres, y hasta más veces (todo depende de lo lejos que esté el lugar) he tenido que volver a un sitio cuando he pensado que de ese sitio podía sacar más de lo que me llevaba en mis tarjetas de memoria.

El sitio en el que hicimos la foto que esta noche os traigo fue necesario visitarlo 2 veces. No está mal, la verdad. La primera vez creo que la iluminación se nos dio bastante bien. Cuanta más gente haya para iluminar un sitio (siempre con un número máximo razonable), más fácil y rápido será dar con la tecla. En aquella ocasión éramos 3 personas. Más que suficiente para iluminar de la forma en que queríamos. Sin embargo las condiciones en cuanto a cielo no fueron las óptimas, y la foto, aunque creo que bien realizada, no me dio la sensación de que pudiera ser especialmente llamativa. Así que habría que volver.

En esta ocasión sólo estábamos Felipe yo, y sabíamos que íbamos a tener una importante limitación, pues ya conocíamos el sitio, y sabíamos que 2 personas se las iban a ver y a desear para sacar la foto que buscábamos.

Aquella tarde empezaba bien. La previsión sobre el cielo que podríamos tener era suficientemente buena como para que nos desplazáramos hasta allí, así que decidimos ir. Pensamos que posiblemente esa noche podríamos llevarnos a casa lo que no pudimos la vez anterior. Por el camino vimos que el cielo tenía muy buen aspecto lo que alimentaba nuestras esperanzas. Pero según íbamos acercándonos al lugar, la cosa se fue poniendo fea. Las nubes empezaban a desaparecer, y nos temíamos lo peor: una tercera visita se vislumbraba en el horizonte.

Efectivamente, cuando llegamos hasta lo alto del monte en el que estaba la ermita, nuestros mayores temores se confirmaron. Un cielo prácticamente despejado. Digo prácticamente porque a lo lejos se podía ver una aspirante a nube que no tenía pinta de que pudiera servirnos para nada.

Felipe y yo nos miramos con cara de "y ahora... ¿qué?". Pero estábamos allí. No íbamos a marcharnos sin ni siquiera sacar las cámaras de nuestras mochilas. Así que tranquilamente sacamos nuestros equipos, montamos los trípodes e intentamos encontrar un encuadre en el que nuestra amiga la aspirante a nube pudiera darle algo de gracia a la foto. Con los primeros disparos no vimos nada. Yo me fui a buscar otro encuadre para ver si la cosa mejoraba... nada. Esa noche no iba a ser la nuestra. En un momento determinado, Felipe me llamó. Me dijo que que fuera donde inicialmente queríamos hacer foto. Volví, planté el trípode y disparé. Pensé, "bueno, la cosa se ve mejor". Aquella aspirante a nube se estaba colocando encima de la ermita y no pintaba la cosa del todo mal. 

Pero lo mejor de todo es que detrás de esa nube, y muy pegada a ella, apareció otra nube con una forma que parecía un ejército de pequeñas nubes. Esto sí tenía muy buen aspecto, sí señor. Hicimos pruebas para ajustar parámetros. Inicialmente tiramos fotos a 30 segundos. No estaba mal el resultado, pero, curiosamente, lo que veíamos en vivo era mucho mejor que lo que veíamos en las pantallas de nuestras cámaras. Así que decidimos cambiar el guión. "¿Y si disparáramos a 8 segundos?" , pensamos. Hicimos la prueba, y la comparación con la anterior foto no tenía color. Ahora bien, éramos sólo 2, y el esquema que teníamos en mente, el que más nos gustaba, resultaba imposible de realizar por 2 personas. Uno de los 2 debía estar dedicado a hacer de modelo en el centro de la ermita sosteniendo una linterna, y el otro debía, no sólo encargarse de dar la luz exterior, para sacar volumen y nitidez a las paredes exteriores, sino también ayudar con la iluminación desde dentro. Aun así, intentamos hacer alguna prueba, pero claramente era imposible, así que tomamos la determinación de dividir la iluminación en 2 partes. Por un lado hicimos una foto sin la ayuda de la luz interior, y por otro lado hicimos una segunda centrándonos en la iluminación del interior de la ermita. La foto final no sería el resultado de una única toma, sí, pero sí sería el resultado de una iluminación hecha por completo por nosotros. Sé que esto puede abrir un debate con gente a favor, y gente en contra, y es normal. Yo tengo mi propia opinión al respecto. Quizá algún día  la explique y la desarrolle como es debido.

En fin, el resultado final es el que hoy podéis observar. Creo que por fin conseguimos el tipo de foto que íbamos buscando. Una imagen que nos llamara la atención. Que nos hiciera irnos satisfechos a casa con un trabajo, pienso, bien realizado. Nos fuimos contentos con los encuadres que utilizamos, y, sobre todo, con algo que el fotógrafo nocturno que suele usar luces para sus fotos puede controlar en mayor o menor medida: la forma de iluminar. Y creo que ésto, la forma de iluminar, es lo que marca que una foto de este tipo guste más o guste menos. Es por este motivo por el que tanto yo, como mi amigo y compañero de Luces del Pasado, Felipe, le damos tanta importancia a la iluminación, y repetimos y repetimos una toma hasta conseguir una luz que nos guste. Si luego las condiciones meteorológicas quieren acompañar, mejor que mejor. Pero esto, las condiciones meteorológicas, es algo que nosotros no podemos controlar. El resto sí, en mayor o menos medida.

La noche dio 2 encuadres más, pero eso se queda para otro día. Hasta entonces, espero que ésta os guste.

Como siempre, cualquier pregunta sobre la foto, no dudéis en hacerla. Os responderé lo antes posible.

¡Hasta pronto!

Los datos EXIF:

mara: Canon 5D Mark IV 

Focal: 16 mm 
Exposición: 8 sg 
Apertura: f/4
ISO: 3200


miércoles, 5 de febrero de 2020

El visitante

Durante mis últimas vacaciones de verano estuve recorriendo Irlanda. Durante 2 semanas tuve la oportunidad de conocer tanto parte de la República de Irlanda, como de Irlanda del Norte. En esta última, había varios sitios que tenía marcados como sitios que deseaba visitar. En concreto, uno de ellos era un lugar al cual un compañero de trabajo me recomendó no ir, pues, según él, me llevaría una gran desilusión. Teniendo en cuenta que este mismo compañero opina que viajar a Islandia sólo por ver la aurora boreal no merece la pena, cuando me hizo aquella recomendación, tuve claro que había que ir a ese sitio, sí, o sí (Imanol, si algún día lees esta entrada... tío, con cariño ;-) ).

Para ser justos, debo decir que de la desilusión que este hombre se llevó tuvo gran culpa que en la época en la que él viajó allí, principios de enero (alma de cántaro, ¡cómo se te ocurre...!), los árboles poblados con hojas verdes de diferentes tonalidades se habían convertido en esqueletos de madera más propios de una escena de Halloween.

Por suerte, como digo, no hice caso a Imanol y pude conocer uno de los lugares que más llamaron mi atención de Irlanda del Norte. Para los que aún no sabéis de qué lugar os hablo, me estoy refiriendo a The Dark Hedges, una carretera de no más de 1 km de longitud que tiene plantadas, a ambos lados, una impresionante colección de hayas. Y, como no podía ser de otra forma en Irlanda, es un lugar que también tiene su leyenda. Se dice que muchas noches se puede ver el espíritu de una dama (the Grey Lady) moviéndose de árbol en árbol. Muchos dicen que se trata del espíritu de Cross Peggy, una de las hijas de James Stuart, el dueño de la mansión Gracehill, y quien mandó plantar las hayas del camino que da acceso a esta mansión. Otros dicen que se trata del alma de una criada de una casa cercana y que murió misteriosamente. De cualquier forma, desde que, organizando el viaje, supe de la existencia de este lugar, tuve claro que este sitio tenía que ser visitado. Y tenía claro que una de las fotos nocturnas del viaje se haría allí... viniera el espíritu de quien viniera a hacer una visita.

Como dato informativo, puedo contar, para los seguidores de la serie Juego de Tronos, que este lugar es lo que en un episodio llamaron El camino del Rey

De este sitio, de los Dark Hedges había visto bastantes fotos, algunas de ellas, incluso, nocturnas, por lo que contaba con que posiblemente podría haber personas en el sitio cuando llegáramos al lugar. Mi sorpresa fue cuando al llegar pudimos comprobar que no había ni un alma. Bueno, quiero decir que no había nadie. Esto, junto a que la carretera de los Dark Hedges es una carretera cerrada al público, y por la que sólo pueden pasar en coche las personas que viven en la zona, hacía ver que era posible que no nos encontráramos con nadie allí. Así que me puse a pensar cómo quería hacer la foto. Pensé que podría quedar bien una fórmula que ya había utilizado y que consistía en situar un modelo en el centro de la carretera e intentar sacar sombras lo más rectas y simétricas posible formadas a partir de las piernas del modelo.

Para ello, tras colocar el trípode y la modelo lo más centrados posibles, coloqué el disparador de la cámara ajustando un tiempo de retardo que me permitiera llegar hasta detrás de donde estaba el modelo, y con una linterna blanca de alta potencia, iluminar a la modelo por detrás, apuntando en dirección a la cámara. Esto no es fácil, pues es necesario iluminar en el punto exacto, de forma que la linterna no debe verse, y las sombras deben salir lo más paralelas posible. Tras varias pruebas ,lo conseguimos :-)

La anécdota de la noche la puso un coche que apareció en la carretera, justo detrás de la cámara en el momento en que íbamos a empezar la foto. Os pongo en contexto. Oscuridad absoluta, un trípode con una cámara en el medio de una carretera, y a unos 100 metros, una modelo y un servidor esperando escuchar el obturador abriéndose. Sin embargo lo que escuchamos fue el ruido del motor de un vehículo que entró en el camino y que se dirigía hacia mi trípode. Hacía años, muchos años que no esprintaba tan rápidamente como lo hice esa noche. De no haberlo hecho, muy posiblemente hoy no podría hablar de esta foto y en una temporada larga no tendría cámara para hacer fotos de las que hablar. 

Una vez conseguimos la foto, recogimos y nos fuimos a dormir. Objetivo logrado en un sitio más que espectacular.

Y poco más puedo contar sobre esta foto. Pero si tenéis alguna pregunta, por favor no dudéis en hacerla. Yo os responderé lo antes posible.

Espero que os guste. Como siempre, si te ha gustado el artículo y no quieres perderte ninguno, sigue este blog (enlace en la página principal), y recibe un correo cada vez que haya una nueva publicación. Muchas gracias por vuestra atención, y

¡Hasta la próxima!

Los datos EXIF:

mara: Canon 6D 

Focal: 50 mm 
Exposición: 45 sg 
Apertura: f/8
ISO: 12800





martes, 28 de enero de 2020

Ulises

¡Hola a todos!

Hoy me apetece enseñaros una foto que llevo mucho tiempo queriendo sacar a la luz, pero que, por un motivo, o por otro, siempre ha tenido que dejar paso a otras. Es como que no encontraba el momento de publicarla. Pero hoy me he dicho "basta de esperar, hoy saltas tú al terreno de juego".

La foto en cuestión tiene más de año y medio, y fue sacada durante unas vacaciones de verano en Azores. El sitio, el Miradouro do Castelo Branco es uno de esos sitios que tenía marcados como sí o sí visitar por la noche. Tenía muchas ganas de llevarme una foto nocturna de este lugar, aunque lo cierto es que lo que tenía en mente con respecto a este sitio era muy diferente de lo que me llevé. Me explico. Por motivos de agenda el mejor momento para visitar el mirador fue en la noche en que fuimos. Lo malo es que ese día las condiciones no eran las que habría deseado. De hecho, se dieron las peores condiciones que podían juntarse: luna casi llena y cielo despejado. Para mi gusto no hay una condición peor. Ah sí, perdón: que la luna se encuentre detrás de mí haciendo que las posibles texturas del motivo que quiero luminar desaparezcan casi totalmente. Y sí, esa noche la luna se encontraba justo detrás de la cámara.

Pero ésa era la noche que había y no me iba a ir de allí sin foto. Así que después de reconocer el terreno, de entrar en el mirador, y de ver que el ángulo que me llamaba la atención más que otros era éste, planté el trípode, la cámara, encuadré, y busqué los mejores parámetros. Una vez encontré aquéllos con los que me encontraba más a gusto, le dimos una vuelta a la foto. 

Desde el punto en que me encontraba, podía verse la puerta de entrada, una puerta con reja, y, además, una ventana situada en el primer piso. Se me ocurrió que una silueta haciendo un contraluz en esa ventana, y una figura en la puerta de entrada, podrían dar lugar a una foto interesante. Así que, como éramos 2, nos centramos en un plan que no parecía complicado y que, de hecho, no lo fue. La persona que se colocara arriba debería hacer un contraluz con una linterna. ¿Qué tipo de linterna?

Para dar un punto de misterio a la escena, se decidió usar una linterna blanca a la que se le acopló un filtro rojo. Luego todo sería tan fácil como, en tiempo de realización de la foto, iluminar la habitación superior con esa linterna.

Por otro lado, la otra figura humana simularía la llegada a la torre. Para marcar este otro punto en la foto, usamos la conocida fórmula de la linterna, cálida en este caso, usada en modo vela simulando una antorcha o similar.

Y no tuvimos que hacer mucho más en la foto. ¿Iluminar el mirador? No lo vi necesario. Con la linterna en vela sería más que suficiente. Además, la luna ayudaba (en exceso) con su luz.

Poco más. Un sitio al que, si vuelvo a Azores, visitaré de nuevo con mejor cielo, y mejor luz ;-)

Espero que os haya gustado y que la explicación haya sido clara. Si no lo ha sido, por favor, déjame un comentario con tu duda, y te responderé lo antes posible.

¡Hasta pronto!

Y ahora, los EXIF.

mara: Canon 6D

Focal: 14 mm 
Exposición: 30 sg 
Apertura: f/2.8
ISO: 500




martes, 21 de enero de 2020

Home sweet home

¡Hola a todos! 

La foto que hoy me gustaría enseñaros pertenece a la serie de fotografías que sacamos una noche en la que nos juntamos más personas de las que generalmente solemos reunirnos para hacer fotografía nocturna. A esta misma serie pertenece una fotografía que ya publiqué hace un tiempo con el nombre Looking for Shelob. Por tanto no voy a aburriros de nuevo con el historia del lugar, aunque sí me gustaría recordar que esa noche nos juntamos Cristina y Felipe, mis compañeros de Luces del Pasado, junto con José Manuel, (un compañero de trabajo), y un amigo suyo.

La cuestión era que José Manuel conocía lo que parecía ser una antigua mina de sal con muy buena pinta y pensó que podría interesarme para hacer fotografía nocturna. Así que cuando propuse el plan a mis compañeros de Luces del Pasado no tardaron mucho en decir que se apuntaban.

Debo decir que la mina no decepcionó en absoluto. Fue entrar y ver bastantes posibilidades de foto.  Sus galerías, sus desniveles, su profundidad y la forma y textura de las columnas invitaban a montar cámaras sobre trípodes y a sacar las linternas. La que hoy os traigo fue fruto de la idea de alguien (sinceramente, no recuerdo de quién), pero viendo el resultado final, creo que la idea no fue del todo mala.

La foto está hecha desde el fondo de una galería hacia la entrada a la mina. En esta entrada pensamos que colocar una figura humana podría no ser mala idea, así que, allí se colocó, si no recuerdo mal, José Manuel. Como éramos demasiadas cámaras, decidimos hacer la foto en 2 tandas. Pero la forma de iluminación fue siempre la misma.

¿Cómo hicimos esta foto? En el recorrido que había desde donde estaban colocadas las cámaras hasta donde se encuentra el sujeto que hace de modelo, una galería cortaba perpendicularmente nuestra galería principal. Este modelo se repetía en toda la mina, es decir, túneles paralelos atravesados en perpendicular por más túneles. Esto lo que hacía era convertir la mina en una gran sala con enormes columnas. En nuestra foto pueden verse 2 de ellas: las que se encuentran a derecha e izquierda de la foto. ¿Cuál fue nuestra intención en esta foto? Lo que más nos interesaba era poder dar luz a las columnas de forma que pudieran observarse bien sus formas redondeadas, pues es lo que transmite la idea de volumen. ¿Cómo hacer esto sin aparecer en la foto? En este caso no fue muy complicado. Gracias a la cercanía de las columnas entre sí, cada una podría ser iluminada desde detrás de la más cercana. De esta forma no se nos vería, y las 2 columnas aparecerían con el volumen que íbamos buscando. Además de hacer esta iluminación, había que iluminar también la parte que queda más cerca del sujeto que hace de modelo. Los mismos iluminadores que se encargaron de dar luz a las columnas se encargaron de hacer esta otra. Y lo hicieron sin moverse de donde estaban. En este caso, habiendo personas de sobra, no era necesario correr de un lado a otro arriesgándonos a tener una caída que, por las condiciones del terreno (lleno de piedras y rocas), podría tener serias consecuencias.

La mayor dificultad de la foto, en mi opinión, radicó en conseguir dar algo de luz al suelo desde los puntos en los que los iluminadores se encontraban. Costó varios intentos, pero creo que al final conseguimos nuestro propósito.

En cuanto a la iluminación, utilizamos linternas cálidas de gran potencia. Y en cuanto al tiempo de iluminación, no fue realmente mucho. Unos segundos, tal vez.

Sin duda la experiencia fue bastante grata. Tanto, que es posible que volvamos a repetir, pues el lugar, como dije, daba bastante juego.

Más abajo, como de costumbre, podéis encontrar los valores EXIF con los que hicimos la foto. Espero que os haya gustado, y hasta la próxima semana.



mara: Canon 6D

Focal: 16 mm 
Exposición: 30 sg 
Apertura: f/2.8
ISO: 100




martes, 14 de enero de 2020

El enfado de los muertos

La entrada de esta semana quiero empezarla con unas preguntas. ¿Crees en los fenómenos paranormales? ¿Crees que hay fuerzas que se escapan a nuestro entendimiento? No, no se me ha ido la pinza, ni estás en el blog de Cuarto Milenio. Sigue leyendo y verás el porqué de mis preguntas.

En 2019 pasé mis vacaciones de verano en Irlanda. Un país sobre el que no tenía muy claro qué era lo que me iba a encontrar, pero que, poco a poco, y según iba buscando y encontrando información, empezaba a gustarme.

Sobre la República de Irlanda e Irlanda del Norte realmente no conocía demasiado. Sabía que llueve mucho (por lo que hay verde por todos sitios), que la gente es especialmente cercana y amable, que hay que visitar los acantilados de Moher y la Calzada del Gigante, que hay muchos pubs donde todos los días tocan música en directo, y algunas cosas más.

Pero sobre lo que no tenía mucha idea era sobre la cantidad de sitios impresionantes, naturales y creados por el hombre, que hay en esta isla.

Quizá mi escasa atracción inicial por este país se pudiera deber a que no hay tanta información dada por fotógrafos de paisajes como puede haber sobre otros países. Pero sacando un poco de aquí y otro poco de allá, e, incluso, leyendo alguno de  esos pocos artículos que encontré por la red, de fotógrafos a los que admiro, como Juan José García-Vaquero (con quien me puse en contacto para resolver alguna duda), y otros amigos fotógrafos, como Luis Ricardo Fraile (quien me dio valiosísima información), pude hacer una lista de objetivos, algunos más fotográficos que otros, que poder visitar. Al final no fue posible visitar otros, pues 2 semanas en la isla dan para mucho menos de lo que yo pensaba.

Uno de los objetivos que había que visitar, sí o sí, es este dolmen, el llamado dolmen de Poulnabrone, en la parte occidental de la isla, no muy lejos de los acantilados de Moher.

Para la noche en que estaba planeado visitar el dolmen la previsión iba a ser de cielo con nubes y sin luna. Pintaba bien. Otra cosa es que se fuera a cumplir, pero eso hasta que no se pusiera el sol no iba a saberse. El plan para ese día pasó por visitar por la mañana el dolmen. Había que ver el sitio con luz de sol, y comprobar cómo de fácil sería hacer fotos nocturnas. ¿Había algún foco de luz artificial cerca? ¿Alguna población cercana? ¿El acceso era fácil? Éstas no son manías personales, sino que es realmente importante tenerlo en cuenta si quieres hacer una foto nocturna de algún lugar susceptible de tener luces o contaminación lumínica cerca.

Resueltas las dudas, y sabiendo que no habría problemas ni de acceso al lugar ni de esas luces no deseadas cerca, nos fuimos del lugar teniendo claro que por la noche ya había plan.

La previsión meteorológica no falló y las nubes hicieron acto de presencia. Así que cuando la oscuridad era total allí me encontraba plantando el trípode dispuesto a sacar mi primera fotografía nocturna. Las primeras tomas fueron solamente para obtener los mejores parámetros de luz del cielo. Ya con estas pruebas pude comprobar que el cielo me iba a regalar justo lo que iba buscando: una fuga de nubes que me resultase atractiva.

Cuando ya tuve decididos los parámetros tocaba volver a repetir la foto, pero esta vez iluminando la escena. Las primeras tomas, entre las cuales está la que ahora veis, sólo iluminé el dolmen por fuera y el suelo. Me gustaba lo que veía en el visor. Así que llegado el momento, decidí iluminar el interior. Y debo decir que no sé si fue una gran idea... Dejadme contaros a qué viene esto.

Entre mi equipo fotográfico, aparte de cámara, objetivos, filtros, etc, llevo material específico para iluminación, pues, como quizá algunos sabéis, y si no, lo supondréis por la naturaleza del blog en el que os encontráis, mi mayor porfolio está formado por fotografía nocturna. Es el tipo de fotografía con el que más disfruto. Por tanto, en mi mochila llevo varios tipos de linternas: 3 ó 4 cálidas y 2 ó 3 frías.

Como os he comentado, las primeras fotos en las que hice uso de mis linternas, sólo iluminé el dolmen por fuera (por cierto, iluminación con luz blanca). Por este motivo, no fue necesario acercarse mucho a la estructura. Simplemente iluminando desde un lateral y repartiendo luz suavemente fue más que suficiente. Sin embargo, para poder iluminar el interior tuve que acercarme más a la estructura funeraria con intención de sacar luz cálida desde el interior. Y lo que pasó fue algo a lo que aún no puedo dar una explicación con sentido. 

Disparador puesto, 30 segundos configurados, y en el momento en que suena la apertura del obturador, encendí una de mis linternas cálidas y empiezo a iluminar. Cuando sólo llevaba unos pocos segundos, esa linterna se apagó. Pensé "bueno momento para apagarte". Volví a repetir la prueba cuando, tras cambiar las pilas, por si acaso, constaté que la linterna volvía a encenderse. Y, nuevamente, la linterna empezó a hacer cosas raras. Se apagaba, se encendía... Vaya, esta linterna está rota, pensé. Cogí otra linterna de las mismas características... y también empezó a hacer cosas raras. Cuando digo cosas raras quiero decir que sin aparentemente hacer nada especial, la linterna se apagaba y sólo se encendía al yo agitarla... pero volvía a apagarse cuando yo pretendía hacer la foto. ¿Las 2 linternas rotas? Podía ser. Aunque no se trataba de 2 linternas... sino de 3. Cuando intenté hacer la iluminación interior, también aproveché para hacer la exterior de un lateral con mi linterna blanca. ¿Os imagináis qué pasó con esta linterna? Sí, efectivamente, se apagó cuando intenté iluminar el exterior estando muy cerca del dolmen. 

Estuve un buen rato pegándome con 3 linternas que hasta esa noche nunca habían hecho cosas raras, hasta que, a trancas y a barrancas, conseguí iluminar como quería y poder llevarme la foto que buscaba. A otra cosa no sé, pero a cabezota no se me gana tan fácilmente :-P.

Mirad, yo no creo demasiado en cosas raras, fenómenos paranormales, etc. Si creyera en ello, ¿pensáis que podría irme a un sitio apartado de todo yo sólo a hacer fotografía nocturna? Pero os aseguro que aquello que viví allí fue bastante extraño.

Cuando terminé mis fotos, recogí, me fui al coche y le di vueltas a lo que había pasado. Lo cierto es que hasta hoy no he vuelto a pensar en aquella noche. Y, como imaginaréis, sigo sin saber por qué fallaron aquellas linternas. Y, como también imaginaréis, sigo haciendo fotografía nocturna, iluminando con mis queridas linternas... que siguen funcionando como el primer día ;-)

Y vosotros, ¿habéis tenido alguna experiencia fotográfica difícil de explicar?

Espero que la foto os haya gustado. La semana que viene, más. Hasta entonces, un abrazo.

mara: Canon 6D

Focal: 14 mm 
Exposición: 30 sg 
Apertura: f/2.8
ISO: 800