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A salvo Reverencia Noche de Guardia II Noche de Guardia II

martes, 4 de diciembre de 2018

Estación de encuentro

Hoy vuelvo con una foto del tipo de las que más llevo haciendo desde que empecé a hacer fotografía nocturna. Si sois lectores de este blog sabréis a qué me refiero: una foto nocturna en la que nos aparece un edificio en ruinas, abandonado y en pleno campo, en este caso una antigua estación de tren, y con elementos de iluminación, como fueron linternas, iluminamos el edificio y/o sacamos luces de su interior.

Ésta era la segunda vez que yo estaba allí, pero la primera no me llevé foto que me pareciera interesante. Además, en esta ocasión nos juntamos los 4 miembres de Luces del Pasado, y conseguir que los 4 miembros podamos coincidir no es algo fácil, así que sólo por eso creo que la foto se ha ganado el derecho a ser publicada :-)

Hacía tiempo que no nos juntábamos, y es que, como os digo, conseguir coincidir los 4 no es fácil por los diferentes compromisos de cada uno, a pesar de que reunirnos los 4 es asegurar pasar un buen rato en el que no faltan las risas entre pinchos y cañas... y, a veces, alguna foto :-)

Tras esas cañas y pinchos nos acercamos a la estación, echamos un vistazo al escenario, y decidimos qué foto hacer. En esta ocasión nos colocaríamos a ras de vía, con las cámaras encuadrando a la izquierda esa interesante estación y aprovecharíamos la fuga  que nos ofrecían unas nubes que se dirigían hacia donde estábamos.

En cuanto a la iluminación, sin duda que esta fue una de las fotos en las que el trabajo en equipo fue importante. Decidimos que la iluminación la haríamos con linterna cálida y 3 de los 4 miembros se dedicarían a dar luz, mientras que el cuarto se iba a encargar de disparar las cámaras. ¿Tres personas en la iluminación? ¿Y cómo se repartieron el trabajo? Enseguida os lo cuento.

En esta foto veíamos un par de puntos importantes que debían tener protagonismo en la foto: por un lado la estación y, por otro, la vía. La iluminación para una o dos personas no iba a ser sencilla pues la vía iba a requerir toda la atención de una única persona que se encargara de darle luz a la vía de forma sutil, sin prisa, pero sin pausa. Con esto quiero decir que la iluminación había que hacerla andando paralelo a la vía a la vez que se iba dando luz a la misma, siempre evitando aparecer en el encuadre de la foto.

Y por otro lado, la estación. La estación había que iluminarla desde dentro, pero también desde fuera. Una única persona podría haber sido capaz de hacer toda la iluminación de la estación echándose unas buenas carreras, pero habiendo varias personas que podrían participar de la iluminación de la estación, ¿por qué correr? Dos miembros del equipo se encargarían de ello. Uno de los 2 tuvo como trabajo dar luz al interior, pasando a cada uno de los cuartos durante los 20 segundos que duró la foto e iluminando estas estancias. Y el otro de los iluminadores se encargaría de iluminar la fachada principal de la estación. Para ello, íbamos a hacer uso de otro de los elementos de la foto: el árbol. El iluminador se  escondería detrás del árbol y con mucho cuidado de no aparecer en la escena repartiría luz a la fachada de la estación.

En definitiva, todos los miembros del equipo tuvieron su papel en la creación de esta foto. Y todos ayudaron a que el trabajo saliera bastante decente. Moraleja: la fotografía nocturna, en equipo, siempre da mejores resultados y es mucho más divertida (y, como he dicho en más de una ocasión, más segura).

Poco más sobre esta foto. Como siempre, cualquier duda que tengáis, no os la guardéis y preguntádmela. Yo os responderé lo antes posible.

Espero que os guste.

¡Hasta la próxima!

Los datos EXIF:

mara: Canon 6D 

Focal: 16 mm 
Exposición: 20 sg 
Apertura: f/2,8
ISO: 500


miércoles, 28 de noviembre de 2018

Niebla verde

Hacía mucho tiempo que el viaje rondaba por nuestras cabezas. Sin embargo, por un motivo u otro, no había sido posible. Un día, estando de cañas, surgió el tema de nuevo, y la conversación acabó diferente a como en otras ocasiones lo había hecho.Tanto Cristina, como Felipe, como yo mismo dejábamos la puerta abierta a hacer un viaje a Islandia a finales de año. No descarto que el hecho de haber hablado del asunto entre cañas tuviera algo que ver, pero,en todo caso, es lo de menos. El caso es que se vislumbraba la posibilidad de hacer un viaje de 3-4 días a la increíble isla en época de poder ver la tan ansiada Aurora Boreal.

Por fin, llega un día en el que los 3 decimos "sí, vamos". A partir de ahí, y una vez decidido cuáles serían las fechas del viaje, se empieza a mover la maquinaria de reservas de hoteles, compra de billetes de avión, alquiler de coche, etc. Y una vez reservado todo, llegaba lo peor: esperar más de medio año a que llegara la fecha. Iba a ser una espera larga. Está claro: cuanto más deseas que llegue un momento, más tarda en llegar. Y pensar en un viaje a Islandia, lugar en el que ya había estado 3 veces antes de ésta (y al que espero poder volver de nuevo), es algo que a mí me pone de muy buen humor. Islandia es un país fascinante, y viajar con los amigos fotógrafos con los que llevas años saliendo a hacer fotografía convertía éste en un viaje muy especial.

Tres días, sólo tres, íbamos a estar en la isla. Queríamos aprovecharlo al máximo, así que había que hacer una planificación para poder tener más o menos claro qué íbamos a poder hacer durante las aproximadamente 72 horas que íbamos a estar allí.

Decidimos hacer un recorrido por el sur. Trazamos un plan muy ambicioso, sí, pero, ¿por qué no intentarlo? Este plan incluía llegar las montañas Vestrahorn o, lo que en el mundillo fotográfico es más conocido como Stokksnes, nombre de la playa situada enfrente de las montañas. A Stokksnes llegaríamos el segundo día. En el plan inicial estaba poder llegar a esta playa antes del atardecer. Y es que el color que toman las montañas cuando el sol se está poniendo es tremendo. Sin embargo, desde primera hora de la mañana fuimos acumulando retrasos sobre el plan marcado. Ésto, junto con una anécdota que vivimos (y que nos hizo perder tiempo), y sumado a que en Islandia, en noviembre, se pone el sol sobre las 16:30, hizo que llegáramos a Stokksnes cuando ya estaba entrada la noche. Sobre esa anécdota de la que hablo, aprovecharé sólo para dar un consejo: en Islandia, intentad llevar el depósito de combustible del coche siempre al máximo posible pues en este país no abundan las gasolineras, y la sensación de poder quedarte sin combustible en un país muy frío (y más en noviembre) y poco habitado no es especialmente agradable.

Era extraño, pero cuando llegamos a  la playa no había nadie, y no es lo habitual en este sitio, pues raro es el fotógrafo de paisaje que, habiendo viajado a Islandia, no tiene foto del lugar. Una vez hubimos pagado la entrada que hay que pagar para acceder al lugar, entendimos por qué estaba tan vacío: no había rastro de auroras, la luna se había ocultado, por lo que no iba a dar la poca luz que en esa época del año podía dar, y, para colmo, una extraña niebla se había apoderado de la playa, por lo que las montañas no se veían demasiado bien.

Pero estábamos allí. Un sitio marcado en la planificación como de "sí o sí" (es decir, que había que visitar por narices), así que había que intentar foto. Fuimos de un lado para otro, buscando un sitio desde el que poder sacar un encuadre que mereciera la pena. Cuando ya lo encontramos dejamos las mochilas en uno de los típicos montículos de arena de la playa, siempre con cuidado de no perder la referencia de donde lo dejábamos, pues os aseguro que las mochilas no se veían desde donde habíamos plantado los trípodes, y es que, como os digo, había una niebla bastante fastidiosa. Sin embargo, en completa oscuridad, con nuestros frontales apagados, podía verse la silueta de la formación montañosa. Quizá íbamos a poder sacar foto.

Además de esto un extraño resplandor empezaba a verse en el cielo. No había duda, aquello era la Aurora Boreal. Cuando nuestros trípodes estuvieron colocados, empezamos a hacer fotos. Con iluminación aportada por nosotros, sin iluminación, a ISOs altos, a ISOs muy altos...

En un momento se nos ocurrió que no podíamos irnos de allí sin hacer una foto en la que compartiéramos protagonismo con las luces verdes y con las montañas. Así que nos colocamos en fila y disparamos foto. Personalmente me gustó mucho el resultado. Ese es uno de los motivos por los cuales hoy quiero mostraros esta foto.  Pero otro de los motivos es porque creo que es un recuerdo muy bonito de un viaje muy especial que hace años no todo el mundo en nuestro grupo de viaje tenía muy claro que harían pero que, como tantas cosas en la vida, con tiempo, llegan ;-)

Sobre la foto, algún dato importante. Cuando la aurora boreal tiene una intensidad muy alta, ella sola imprime a la foto una luz suficiente como para poder disparar a muy pocos segundos. Este es el motivo por el que se ven con mucha frecuencia fotos de auroras boreales mostrando diferentes formas. En otras ocasiones, y este es el caso de la noche en que tomamos esta foto, la aurora no tiene tanta intensidad, por lo que es necesario disparar la foto a mucho más tiempo si no quieres que la foto quede oscura. Este es el motivo por el que no se ven formas, sino que se ve toda la escena, y el cielo principalmente, verde. Además, para que la foto saliera con más luz, disparamos a un ISO 6400, valor que mi cámara, la Canon 6D aguanta bastante bien.

Bien, pues esta es la primera de una serie de fotografías que tomamos en diferentes escenarios durante 3 días en Islandia, y que, poco a poco, y según vaya revelando, os iré mostrando.

Como siempre, espero que os guste. Si tenéis alguna pregunta sobre la foto, no dudéis en soltarla.

¡Hasta pronto!

Los datos EXIF:

mara: Canon 6D 

Focal: 16 mm 
Exposición: 30 sg 
Apertura: f/2,8
ISO: 6400



jueves, 25 de octubre de 2018

Aún en pie

Hace años, cuando ya estaba metido en esto de la fotografía nocturna, escuché una frase de esas que con el tiempo se convierten en frases de las que uno suele tirar, a pesar de que son sencillas y, por qué no decirlo, simples. Era una frase que, en fotografía tiene mucha aplicación, pero que perfectamente puede aplicarse y, de hecho, se hace, en muchos momentos de nuestra vida. Era algo así como "si no arriesgas, no ganas". En inglés queda como más "chic" por eso de que el idioma anglosajón tira mucho de mensajes cortos, pero contundentes: "No risk, no win".  Quede esto como una simple curiosidad.

Bien, dejadme que os cuente la historia de esta foto. Hacía tiempo que tenía ganas de volver a las Bardenas Reales, en Navarra. Digo volver, porque en el verano de 2017 estuve con mis compañeros de Luces del Pasado. Una noche que, en mi opinión, no fue lo suficientemente productiva, por lo que tenía que volver, lo tenía claro.

Así que me organicé un fin de semana para poder ir en una fecha en la que las condiciones en el norte de España fueran las que yo buscaba, es decir, nubes en el cielo, y poca incidencia de luz lunar. Iba a ser un fin de semana en el que viajaría yo solo, a pesar de mis repetidas recomendaciones de no salir a hacer fotografía nocturna sin compañía, pero es que viajes así no son fáciles de "liar" a más gente. 

Según se iba aproximando el fin de semana yo iba revisando las condiciones meteorológicas esperadas, y aunque, en un principio, la cosa no pintaba mal, según se iba aproximando la fecha, los cielos de ese fin de semana se iban alejado de lo que deseaba: la previsión era de cielos despejados y, a pesar de que se trataba de fechas cercanas al final del verano, en las que la Vía Láctea aún es bastante visible, la posición en la que iba a encontrármela no iba a ser la mejor. Sin embargo, pude comprobar que el jueves por la noche, la cosa iba a ser completamente diferente. La previsión de cielos era realmente buena y, aunque nunca te puedes fiar al 100% de lo esperado meteorológicamente hablando, la cosa parecía que no iba a estar muy alejado de lo que yo iba buscando. Pero esto, amigos, era para el jueves. Podéis imaginar cuál podía ser mi estado de frustración sabiendo que un día antes de mi viaje, el escenario sería el que yo quería encontrarme y completamente diferente del que, casi con toda seguridad, me iba a encontrar. 

Tenía 2 opciones: cancelar mi viaje, perdiendo la reserva ya pagada del alojamiento y rompiendo con los planes que tenía para todo el fin de semana, o ampliar mi reserva, coger el viernes como día de vacaciones e irme el jueves al salir de trabajar. La primera opción no me apetecía nada, pero es que la segunda me parecía una auténtica locura. 

Estuve todo el jueves dándole vueltas, pero finalmente, el mismo jueves por la tarde, decidí coger el coche e irme a Navarra. No quería perder la oportunidad de tener éxito, a pesar de que nada, absolutamente nada, me lo garantizaba. 

La salida de Madrid fue un caos. Una tormenta brutal al salir de casa, y que me obligó a ir a menos de 80 km/h por la M50, una autovía de circunvalación de la capital, hacía preguntarme si todo el viaje iba a ser así y si, realmente, la idea había sido buena. Alguien podría pensar que esto era una señal de "da la vuelta y no hagas el tonto, que lo que vas buscando allí no lo vas a encontrar", pero no quise ceder.

Tras varias horas de viaje, llegué a Cintruénigo, un pueblo de Navarra próximo a las Bardenas Reales. Después de registrarme en el hotel, cené algo rápido y me fui a las Bardenas. Ya era de noche cuando llegué y lo que allí encontré fue casi mejor que lo que iba buscando: los últimos coletazos de una tormenta me estaban esperando. 

Rápidamente saqué todos mis bártulos y fui a buscar uno de los encuadres que tenía en mente. La tormenta se estaba alejando cuando empecé a fotografiar, pero había que aprovechar el momento. Estuve varias horas por allí, sin prima disfrutando el momento. Tanto que esa noche me fui a la cama pensando que el esfuerzo había merecido la pena. Los kilómetros, el cansancio, la indecisión, la tensión, todo mereció la pena por disfrutar lo que disfruté.

La foto que esta noche os traigo es de esa noche, en un momento en que la tormenta ya se había alejado por completo y las nubes empezaban a dejar paso a las estrellas. La pequeña montaña que podéis ver es el Castildetierra, una formación creada por erosión que, a pesar de los muchos castigos que puede haber sufrido, se mantiene aún en pie y con esa forma tan particular, aunque se espera que, con el paso del tiempo, la erosión acabará con ella también. 

Si no arriesgas, no ganas. El éxito nunca lo tienes asegurado, pero si quieres algo de verdad, tienes que intentarlo. Tienes que luchar por ello, aunque sólo si lo quieres de verdad. Pero no sólo en fotografía, sino en la vida. El tiempo que estamos aquí es muy escaso, demasiado, como para desperdiciarlo. Al menos, es lo que yo creo.

Quizá las fotos que allí saqué no fueron las que esperaba traerme. Pero no importa pues, si no hubiera ido, quizá lo estaría lamentando.

Más adelante quizá os enseñe alguna de las fotos que pude traerme de aquella primera noche, y podréis juzgar si hice bien en viajar ese jueves.

¡Hasta pronto!

Los datos EXIF:

mara: Canon 6D 

Focal: 14 mm 
Exposición: 34 sg 
Apertura: f/5,6
ISO: 2500



jueves, 18 de octubre de 2018

Cara a cara

Sí, ya lo sé. En los últimos meses parece que he dejado de lado la fotografía nocturna. Pero sólo lo parece. Y es que cuando algo te hace disfrutar mucho es muy difícil abandonarlo. Y a mí, la fotografía nocturna, me da muchas alegrías y satisfacciones.

En los últimos meses no he tenido muchas oportunidades de salir a hacer fotografía nocturna, algo que espero que cambie próximamente. Pero de momento, tengo que rebuscar en el baúl de fitos y tirar de archivo.

La foto que he encontrado en ese baúl es la de un Dodge Barreiros que Luis y yo fotografiamos hace... hace ya bastante tiempo, y del que ya os enseñé una foto hecha esa noche aquí.

En aquella ocasión no pudimos llegar a donde se encuentra el coche con luz de día. Esto es algo que me gusta hacer pues es la mejor forma de, por un lado, reconocer el terreno y poder localizar posibles focos de problemas a la hora de hacer la foto en oscuridad y, por otro lado, encontrar los mejores encuadres fotográficos. En el caso de los vehículos no suele haber muchas opciones: desde un lado, desde otro, la foto frontal... Este último encuadre, el frontal, que es el de la foto que he elegido para esta noche, siempre me ha parecido muy curioso. Supongo que será porque (y no penséis que estoy loco) desde niño he visto caras en el morro de los coches. A ver, no quiero decir que vea la cara de mi vecino en un Renault Twingo. A lo que me refiero es a que la forma y la estructura del morro de los coches pueden llegar a hacernos pensar en las de una cara (al menos a mí me pasa). Si, como pasa con la fotografía nocturna, iluminamos sus ojos... perdón, sus faros, nos encontramos de frente con un ser que, por una noche, vuelve a tener vida, y nos mira cara a cara.

Quizá estéis pensando que se me ha ido un poco la cabeza. Tranquilos, que no es así (por otro lado, si estuviera loco, tampoco lo reconocería... ;-) ). En fin, vamos a ver cómo le dimos luz a este coche.

La iluminación en esta fotografía está hecha por completo con linternas cálidas de media intensidad, y de la marca que siempre hemos usado. Una de las linternas se colocó en el interior del vehículo. Con ello iluminamos el interior del mismo.

Para la iluminación exterior, Luis y yo trabajamos en equipo. Uno de los 2 se encargó de darle luz a la carrocería mientras que el otro se encargó de los faros. Cuando haces una iluminación de este tipo, hay que tener mucho cuidado y coordinarse muy bien con la persona que va a participar en la iluminación pues, si no se hace correctamente, se corre el riesgo de que la persona que ilumina los faros aparezca en la foto de forma difuminada (quizá podríamos decir "fantasmeada") por culpa de luz residual proveniente de la interna que ilumina la carrocería, o, incluso, por algún error cometido mientras se hace esta iluminación. Por ello, lo mejor es que cada uno tenga un tiempo de iluminación durante toda la exposición de la fotografía de forma que se minimice el riesgo de aparecer en la foto de esa forma "fantasmeada".

Para la carrocería se uso una linterna de potencia media, y para los faros, una de menor intensidad. Tras varios intentos obtuvimos la iluminación que íbamos buscando. El resultado, la foto que esta noche podéis ver.

Aún nos dio tiempo sacar otra toma más de este fantástico vehículo antes de que llegara la hora de irse a casa.

¡Y poco más! ¿Os gusta la foto? ¿Tenéis experiencia en la iluminación de vehículos en fotografía nocturna? Como siempre, cualquier pregunta que tengáis sobre la foto, no dudéis en hacérmela llegar y contestaré lo antes posible.

¡Hasta pronto!

Los datos EXIF:

mara: Canon 6D 

Focal: 14 mm 
Exposición: 30 sg 
Apertura: f/8
ISO: 2500




jueves, 26 de julio de 2018

Merecido descanso

Ya sabéis lo que me gustan los vehículos en fotografía nocturna. Creo que es de lo que más me gusta porque es de lo que mejor refleja el trabajo de iluminación realizado sobre ellos. 

Si sigues este blog y recuerdas alguna de las fotos de vehículos que he subido habrás podido comprobar que todas tienen algunas cosas en común: decadencia, ruina, abandono. Todos son vehículos que en mayor o menor medida están tan deteriorados que es prácticamente imposible sacarles partido para otra cosa que no sea chatarra. Bueno, o para darles luz con una linterna... De hecho, para nosotros, cuanto mayor sea el estado de deterioro, mejor. Cuanto más destrozado e inutilizable se encuentre, más partido le sacaremos. Ahora bien, todo hasta un cierto límite. Esto lo digo porque creo que el coche que aquella noche retratamos es el padre de los coches destrozados con los que nos hemos encontrado. El estado en que se encontraba era tal que cuando lo vi de día me pregunté si realmente podríamos conseguir esa noche que ese montón de chatarra quemada y destrozada pareciera un coche. Pero ya que lo habíamos encontrado, había que intentarlo, ¿no crees?

La tarde en la que Felipe y yo quedamos era la de un día cuya previsión nocturna era de cielos despejados. Si conoces mis gustos fotográficos, sabrás que los cielos despejados sólo me gustan, bien para sacar la vía Láctea, bien para auroras boreales. Pero como apetecía hacer fotografía nocturna, le dimos un poco al coco para ver qué podíamos hacer sin que el cielo nos fastidiara el plan. Nos acordamos de una localización en la que había un coche metido en un recinto cerrado, por lo que podríamos olvidarnos del cielo y centrarnos en iluminar el coche y, si merecía la pena, el recinto en el que el vehículo se encontraba.

Recogí a Felipe pronto. La idea era llegar con tiempo a la zona para inspeccionarla en condiciones y localizar el coche, pues ni él ni yo habíamos estado antes y no sabíamos de las dificultades para encontrar a la que sería nuestra nueva víctima nocturna.

Como imaginábamos, llegar hasta el coche (el que no funciona) desde el punto en que debíamos dejar el coche (el que sí funciona) no iba a ser cosa de varios pasos, pero con lo que no contábamos era con encontrarnos con caminos con puertas cerradas. Por ello tuvimos que ingeniárnoslas para encontrar un punto en el que dejar nuestro vehículo y que estuviera lo más cerca posible de nuestro destino. Así hicimos y, 15-20 minutos más tarde nos estábamos bajando de nuestro coche con GPS en mano dispuestos a hacer la (según como se mire) poca distancia que nos indicaba el navegador que había hasta el cacharro. Lo que no imaginábamos era que el camino hasta allí sería poco explorado y, lo que es peor, con pendiente alta.

Decidimos ir sin mochilas pues era muy pronto y lo único que podríamos hacer a esas horas era inspeccionar el terreno y confirmar si merecía la pena o no nuestro viaje.

Fue pesado, bastante pesado llegar. Pero finalmente lo hicimos y encontramos el montón de chatarra. El bicho en cuestión estaba en una especie de garaje. Imagino que hacía muchos años que debió de ser abandonado allí. Tras revisarlo decidimos que esa noche habría linternas iluminándolo. 

Media hora mas tarde estábamos desandando nuestros pasos. Una vez abajo pensamos que sería buena idea ir a tomar algo mientras esperábamos a que anocheciera. Lo cierto es que sentados en una terraza picando algo se hacía duro pensar en volver de nuevo hasta donde estaba nuestro preciado descubrimiento, pero era a lo que habíamos ido, y una vez vencida la pereza, nos pusimos de nuevo en camino. 

Curiosamente la subida se hizo menos dura que por la tarde. Quizá porque sabíamos lo que íbamos a encontrarnos y que algo bueno podríamos llevarnos a casa. Cuando llegamos, no tardamos mucho en ponernos manos a la obra. Primero un encuadre, luego otro, y luego otro. Con distintas focales: 16 y 14 mm. No teníamos prisa y queríamos explotar lo que ese cacharro podía darnos. 

La iluminación que elegimos para este viejo coche fue fría, salvo para los faros, para los cuales elegimos linternas cálidas. Nos repartimos el trabajo. Uno se encargaría de iluminar los faros y una de las paredes, y el otro de la carrocería del coche y de ayudar con otra de las paredes. Al principio hubo que hacer varias pruebas para poder pillar el punto adecuado de iluminación. Pero una vez conseguido prácticamente todas las tomas siguientes fueron válidas.

Estuvimos, si no recuerdo mal, más de 2 horas. Tres encuadres, cambios de cámaras y objetivos hacen que haya que emplear bastante tiempo, pero éste pasó volando. Es lo que tiene pasártelo bien y disfrutar. No eres consciente de lo rápidamente que los minutos se consumen.

Cuando nos sentimos satisfechos con lo que llevábamos en nuestras tarjetas recogimos y nos volvimos a nuestros coche. Ya teníamos lo que queríamos. El esfuerzo hecho había merecido la pena y ya podíamos dejar tranquilo a ese pobre 600. tanto él como nosotros nos habíamos ganado un merecido descanso.

Aquí acabó nuestra aventura nocturna. Como siempre, si tenéis dudas sobre cómo hicimos la foto, lanza tu pregunta y te responderé lo antes posible. 

Gracias por tu atención, y ¡hasta pronto!

Los datos EXIF:

mara: Canon 6D 

Focal: 16 mm 
Exposición: 30 sg 
Apertura: f/8
ISO: 400