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A salvo Reverencia Noche de Guardia II Noche de Guardia II

miércoles, 19 de junio de 2019

El Genio de la Roca

En mi quinto viaje a Islandia, el más largo de los que había realizado a este maravilloso país, planificamos la vuelta a la isla. Hasta entonces, en los viajes anteriores, siempre había recorrido el sur, o, como mucho, había llegado hasta la península de Snaefellness, al oeste de Islandia. Por tanto, había muchos sitios que aún tenía que visitar. Y es que, si viajas a Islandia durante una semana o menos, y no te quieres pegar una paliza de kilómetros, es mejor hacer un recorrido que te asegure poder llevarte una idea completa de cómo es este país. Y esto te lo da, por ejemplo, el sur de la isla, donde encontrarás una cantidad enorme de maravillas, de esas que no dejan indiferente a nadie.

Uno de los sitios que tenía pendiente de visitar era esta enorme roca, de nombre casi impronunciable, pero que se escribe "Hvitserkur", aunque entre los fotógrafos, y seguro que entre muchísima gente, es conocida como "Rhino", pues con un poco de imaginación, y dependiendo del punto desde el que lo mires, te podrá parecer la silueta de un rinoceronte bebiendo agua. Otros ven un dragón. Sí, ¿por qué no? Ya que estamos, déjame decirte que esta historia tan romántica asociada a la forma de esta roca, no tiene nada que ver con la traducción del nombre que tiene la misma, y menos aún con el motivo del nombre. Hvitserkur, por lo visto, puede traducirse por "camisa blanca". Y, a su vez, el origen de este nombre está relacionado con el color del guano depositado por las diferentes aves que por allí habitan. En fin, yo prefiero quedarme con "Rhino".

Como hicimos el viaje en el sentido de las agujas del reloj, el primer sitio que nos encontramos de entre los que yo aún no conocía era esta impresionante roca. Es uno de los puntos que tenía marcado como "sí o sí". Es decir, teníamos que visitarlo. Llevaba ya unos cuantos años viendo impresionantes fotos hechas en este sitio, con y sin aurora, y yo quería llevarme mi foto. ¿Conseguiríamos sacar foto con la Dama Verde de fondo en este lugar? Eso puede asegurarse pocas veces, pero, al menos, había que conocer este sitio. Ahora, déjame que te cuente cómo fue mi experiencia fotografiando el "Rhino".

El Hvítserkur es una roca situada en el norte de Islandia. Por desgracia, no se encuentra (o eso me pareció) en una zona que tenga los atractivos que puede tener, por ejemplo, el sur de la isla, donde en pocos kilómetros puedes encontrar cascadas, faros, geysers. No digo que no sea una zona bonita (creo que no podría decir esto de ninguna parte de Islandia), sino que creo que no tiene tanto interés fotográfico como otras zonas. En definitiva, tienes que saber que, si vas a fotografiar el Hvítserkur, es posible que lo más interesante que fotografíes sea esta roca (a mí, sin duda, me merecía la pena). Como nuestro objetivo ese día (y esa noche) era este gigante, habíamos buscado un hotel que estuviera lo más cerca posible a un precio razonable. El hotel elegido fue uno que nos pillaba de paso en el camino hacia nuestro destino. Tenía un aspecto un poco raro, la verdad. Tanto, que cuando llegamos y vimos la puerta cerrada, dudamos seriamente de que estuviéramos en el sitio correcto.

La puerta se encontraba cerrada, y después de buscar sin éxito otra entrada, decidimos llamar a un teléfono que aparecía en un letrero en la puerta. Minutos después un hombre de avanzada edad, grande, rubio y de ojos azules (vamos, descendiente de vikingo), abrió la puerta. Por el silencio que había en el interior del hotel me atrevería a decir que éramos los únicos huéspedes en el mismo. Bueno, por el silencio, por el aspecto de cerrado, la ausencia de coches en el parking... Sin embargo, las habitaciones estaban bastante aceptables. Al menos, había limpieza, que era lo mínimo que le pedía. Aprovechamos para pedir algo de información sobre la zona, sobre el Rhino y me aventuré a preguntarle al hombre que nos atendió cómo se pronunciaba el nombre de la roca que íbamos a visitar. Lo dijo una, dos, tres veces... lo cierto es que aún no sé cómo se pronuncia.

Como habíamos llegado a medio día, íbamos a tener tiempo para poder acercarnos hasta el "Rhino", verlo de día y poder hacer fotos diurnas. Pero además tenía mucho interés en ver cómo era el acceso a la playa. En diferentes foros y artículos había leído que había 2 formas de bajar. La fácil, pero larga, pues había que dar un rodeo para llegar hasta donde nos interesaba, y la corta, pero no tan fácil, ya que se trataba de un camino que iba desde el mirador a la playa y que había sido creado a base de pasar por allí aquellos que decidieron que los rodeos no iban con ellos. Debo decir que, sinceramente, no me pareció un camino excesivamente complejo, aunque, eso sí, hay que hacerlo con precaución.

Una vez en la playa había que hacer tiempo, así que estuvimos inspeccionando la zona, buscando encuadres, planificando cómo sería la foto... Con un poco de suerte, cuando la noche llegara podríamos ver la aurora. No obstante, la predicción sobre auroras no era buena: posible aparición de la aurora a partir de las 4 de la mañana. A nuestro favor teníamos que la previsión y el aspecto que tenía el cielo esa tarde nos decía que tenía pinta de que iba a estar despejado. En fin, sólo quedaba esperar a que la noche llegara y comprobarlo por nosotros mismos.

Durante el tiempo que estuvimos allí pudimos ver que gente con cámaras y trípodes iban y venían. Entre todos ellos, un suizo bastante agradable al que le quedaban pocos días de viaje, y que no había tenido gran suerte con la aurora.

Según iba pasando el tiempo y llegaba la oscuridad me iba quedando claro que esa noche no nos íbamos a ir a la cama habiendo visto la aurora. El cielo se iba oscureciendo, pero no había ningún rastro verde sobre nosotros. No tenía sentido quedarnos allí, así que empecé a darle vueltas a una idea: ¿y si nos vamos, cenamos, nos vamos a dormir y pongo el despertador a las 3:30 de la mañana? El sólo hecho de pensarlo me provocaba una sensación como de si me cargaran con 30 kilos a la espalda. Pero pensé que esa noche era la única que iba a estar por esa zona, que no sabía si algún día volvería allí, y que había una posibilidad, al menos según las previsiones, de poder ver la aurora, aunque sólo fuera durante 1-2 horas... y eso con mucha suerte. Estuve valorando todo esto, y de pronto apareció un pensamiento en mi cabeza y que fue repitiéndose constantemente hasta que me fui a la cama: el que no arriesga, no gana. Así que con todo el dolor de mi alma, puse el despertador a las 3:30 de la mañana según me iba metiendo en la cama pasadas las 23.

Cuando sonó el despertador quería morirme, pero el pensamiento seguía golpeando en mi cabeza: el que no arriesga, no gana. Me levanté y, evidentemente, sin desayunar y sin pasar por la ducha, me vestí, salí de la habitación y me metí en el coche. Antes de meterme, miré el cielo: negro. Da igual, pensé, ya has hecho lo peor: levantarte. Durante la media hora que duró el trayecto tuve tiempo de pensar en muchas cosas. Entre ellas, me preguntaba qué hacía yo solo metido en un coche, en dirección a una playa alejada de la civilización en un país bastante desconocido para mí a las 4 de la mañana. Otra de las cosas que pensé fue que en un sitio tan conocido, habiendo predicción de aurora, quizá podría encontrar bastante gente, lo que quizá dificultaría sacar fotos en condiciones. La verdad es que con tanto pensamiento positivo no sé cómo no me di la vuelta para irme a dormir a mi cama. Creo que había un motivo: el imaginar que al llegar allí iba a encontrar las condiciones que buscaba para sacar la foto que quería me hacían seguir pisando el acelerador. Pude recordar aquellas sensaciones que  hace unos años sentía cuando empecé a hacer fotografía nocturna, y me iba yo solo a localizaciones a las que sólo un insensato iría sin compañía. No sé si puedes ser capaz de entender esa sensación de excitación que se puede sentir cuando estás haciendo una foto, y más aún cuando ves en la pantalla de tu cámara justo aquello que ibas buscando. Esa sensación, ésa, y no otra, era la que esa madrugada yo tenía de camino al "Rhino".

Llegué hasta el punto desde el que sale un camino que te deja en el parking del lugar. Aparqué, y pude comprobar que yo era el primero en llegar allí. Apagué las luces, el coche y cuando salí no podía creerme lo que estaba viendo. El cielo estaba completamente verde y la aurora estaba bailando. Casi podía ver la risa de la Dama Verde diciéndome "...y tú te lo querías perder". Casi no podía articular palabra. Sólo salía de mí decir en voz alta "Joder, joder, joder!!" 

Rápidamente cogí mis cosas con cuidado de no dejarme nada en el coche, pues desde donde yo estaba hasta el "Rhino" aún me quedaba un paseo. Unos minutos más tarde, y habiendo bajado por el camino rápido (no estaba la cosa para paseitos) estaba con mi trípode y mi cámara haciendo fotos como un descosido. Y la aurora que no paraba de moverse alrededor de la roca. Casi daba la impresión de que la luz verde saliera de ella. Como el Genio de la Lámpara. Aprovecho para contarte un detalle técnico de la foto. Imagina las condiciones: total oscuridad, salvo la aurora en el cielo y luces de pueblos en el horizonte, arena negra (común en todas las playas de Islandia)... conseguir retratar estas condiciones en la cámara sin tirar de ISOS muy altos es muy complicado. Por ello tiré de linterna para dar un poco de luz a la escena. Me decanté por la linterna blanca. Y lo que hice fue irme a la izquierda de la foto, e iluminar tanto la roca, como la arena del suelo para poder levantar un poco de luz en esas zonas tan negras de la foto.

Poco a poco el horizonte empezó a iluminarse con los primeros rayos de sol, y la aurora empezó a perder intensidad. Para ese momento yo ya tenía la foto que iba buscando.

La previsión no había fallado. No sé si te gustará la foto, pero créeme, sólo por haber vivido la noche y los momentos que viví desde que sonó el despertador hasta que dejé de disparar, el esfuerzo me mereció la pena. Cuando el Sol estaba a punto de salir, vi que llegaba un grupo de fotógrafos, posiblemente de algún taller de fotografía, que venían a hacer fotografías del amanecer. En ese momento yo ya estaba recogiendo para marcharme. El "Rhino" era ahora sólo para ellos. Yo, por fin, ya tenía en mi tarjeta la foto que quería.

Como siempre, espero que te guste la foto. Y si tienes alguna pregunta que hacerme, no dudes en hacerla.

¡Hasta la próxima!



Los datos EXIF:

mara: Canon 6D 

Focal: 17 mm 
Exposición: 6 sg 
Apertura: f/2.8
ISO: 3200








jueves, 6 de junio de 2019

Ready for combat

Hace unas semanas Iván Franco, fotógrafo nocturno al que con casi total seguridad conoces nos propuso a Felipe, Cristina y a mí salir un viernes de fotos. Yo ese viernes no pude. Tenía otro compromiso y me era imposible quedar. Ese viernes por la noche, ya casi entrada la madrugada, recibí una foto que Iván le había hecho a la pantalla de su cámara, acompañado de un mensaje que decía "Os teníais que haber venido, joer". Cuando vi la foto que Iván nos había mandado me dije "este viernes ya no puede ser, pero, sin duda, habrá que ir". 

Al día siguiente le pedí a Iván que me diera la localización del camión. No soy de los que suele pedir según qué tipo de localizaciones fotográficas, pues entiendo que puede haber motivos para no darlas: por ejemplo, un trabajo de búsqueda importante, o no querer que esa localización se extienda hasta el punto de que pueda caer en manos de vándalos que, lejos de disfrutar haciendo fotografía nocturna, con lo que disfrutan es con el saqueo y/o destrozo de joyas como la que esta noche os traigo. 

Con Iván, sin embargo, hay confianza y por eso le pedí que nos pasara esa localización. Treinta segundos más tarde la tenía en mi móvil. ¡Qué crack! Ahora sólo faltaba encontrar el día en que pudiéramos ir a jugar con este camión.

Por fin, una tarde de domingo, Felipe y yo quedamos para acercarnos a ver qué partido podíamos sacarle al bichito. El camión, hasta donde sé, un Mercedes L-326 de 1956, no fue difícil de encontrar con las indicaciones de Iván. Nos avisó de que una farola podría ser algo puñetera, pero que pocas más fuentes de luz podríamos encontrar. Así fue. Cuando llegó la noche, encontramos que sorprendentemente la contaminación lumínica no iba a darnos mucha guerra.

Pensamos en probar varios encuadres. El que os enseño, fue el primero que hicimos. Nos llamaba mucho la atención la reja del capó ya que, dando luz desde el interior, podríamos sacar una luz muy interesante que pudiera hacer de alfombra.

Decidimos mezclar iluminación fría con cálida. Hay que tener en cuenta que si haces esto, si la iluminación principal es la fría, el balance de blancos tiene que tener valores altos pues, en caso contrario, todo aquello que ilumines con linterna fría tomará tonalidades azules. Ahora bien, si haces esto, si ajustas el balance de blancos para que tu iluminación fría no se muestre azul, ¿qué pasa con aquello que ilumines con linterna cálida? Todo lo que ilumines con luz cálida se mostrará con un color amarillo fuerte tirando a naranja. Bien, ésta era una idea que nos gustaba.

Nos repartimos el trabajo. Uno se encargaría de la iluminación fría y otro de la cálida. Colocamos la cámara, encuadramos, enfocamos, ajustamos parámetros y empezamos a hacer pruebas.  Con las primeras la cosa no terminaba de gustarnos, pero poco a poco, la iluminación empezó a parecerse más a lo que íbamos buscando. ¿Sabrías decir qué está iluminado con linterna fría y qué con linterna cálida? Esta pregunta es fácil, pero si no lo tienes muy claro, te lo cuento a continuación. 

Como te he dicho, uno de los 2 se encargó de la iluminación fría y otro de la cálida. Había bastante que iluminar, así que era necesario coordinarse bien para que el resultado fuera el mejor posible. Cuando se trata de hacer un trabajo como este es importante que todas las personas que van a iluminar trabajen en zonas diferentes a la vez, pues en caso de no hacerlo así, pueden aparecer sombras no deseadas. 

Para iluminar el suelo y el interior del motor, usamos linterna cálida. Era importante colocar bien la linterna si queríamos que el efecto de la luz sobre el suelo saliera recto y que llegara hasta nosotros, hasta la cámara. Además de la iluminación del motor, iluminamos los faros y la cabina del camión. ¿llegaste a sacarlo? Seguro que sí ;-)

El resto, es decir, la carrocería del camión fue iluminada con linterna fría.

Después de este vinieron 2 encuadres más, y a casa con nuevas fotos en la
tarjeta y habiendo pasado una buena tarde y parte de la noche de fotos nocturnas.

Espero que la foto os guste.  Si tenéis alguna duda, como siempre, no os la guardéis y preguntadme.

¡Hasta pronto!

PD: Gracias, Iván ;-)


Los datos EXIF:

mara: Canon 6D 

Focal: 14 mm 
Exposición: 30 sg 
Apertura: f/8
ISO: 800


miércoles, 8 de mayo de 2019

La Iglesia Negra II


Hace un par de meses volví de un viaje increíble por Islandia. Durante 14 días di la vuelta a la isla, pues había destinos que en mis anteriores viajes no había podido conocer. Además de esos destinos, hay otros en los cuáles ya había estado en más de una ocasión, pero de los cuáles no tenía foto que me satisficiera. De estos lugares ya había visto fotos espectaculares y yo quería conseguir la mía propia. Con respecto a esta iglesia, son varias las veces que la he visitado por la noche intentando fotografiarla con un cielo en el que apareciera la Aurora Boreal, pero hasta ahora no había conseguido mi objetivo.

El año pasado fue el año que estuve más cerca. De hecho, aquella noche se veían luces verdes en el cielo. Pero no pude conseguir foto. ¿Quieres saber por qué? Sigue leyendo, te lo cuento a continuación.

La Iglesia Negra situada en la península de Snaefellness es uno de los sitios que todo fotógrafo que visita Islandia desea fotografiar. Hasta tal punto se ha hecho famosa que en las noches en las que puede verse la aurora boreal es difícil que no haya fotógrafos allí apostados con sus trípodes y/o linternas y/o frontales. Es sitio también de congregación de grupos de turistas que desean ver la aurora boreal en un sitio muy especial.

Bien, la noche que pude ver las luces verdes el año pasado en el lugar donde se encuentra esta iglesia, mi trípode no era el único que se encontraba en aquel lugar. No llegué muy tarde allí, pero lo cierto es que cuando lo hice ya había bastante gente. Casi podría decir que esa noche nos juntamos más gente fuera de la iglesia que un domingo dentro. Personas que iban solas, grupos reducidos, y no tan reducidos de fotógrafos que iban con instructor fotográfico. Si a eso le sumas frontales y linternas que se encendían y apagaban constantemente como si aquello fuera casi una casa norteamericana en Navidad, podéis imaginar qué fotos pude traerme.

Este año decidí que debía intentarlo de nuevo. Además, esa noche la previsión daba un KP4, lo que, unido a que no habría luna, me podría dar la oportunidad de conseguir algo más de lo que había conseguido el año anterior. Cuando empezó a anochecer nos acercamos a la iglesia. Desde el lugar en que me encontraba cuando el sol se puso, estaba a media hora aproximadamente de la iglesia. Tenía que estar allí para cuando las luces verdes quisieran salir a darnos la bienvenida. Y quería llegar pronto porque estaba casi seguro de que a primera hora habría poca gente en ese lugar. Los grupos grandes suelen ir a cenar antes, y luego, ya de noche, es cuando se acercan a los puntos seleccionados para hacer fotos.

Efectivamente, cuando llegamos, sólo había 2 personas en la iglesia. Imaginé que no tendríamos mucho problema de espacio… pero me equivoqué. En cuanto las luces verdes aparecieron, estas 2 personas empezaron a ir de un sitio a otro hasta que encontraron un punto en el que decidieron colocarse, montar sus trípodes (iban con 2 cada uno) y comenzaron a disparar fotos. Para colmo, con una de las 2 cámaras que cada uno llevaba, empezaron a disparar de forma indiscriminada, lo que me hizo suponer que el motivo era que querían hacer un timelapse. Lo peor de todo fue que el punto en el que se pusieron fue tal que si yo me ponía donde quería ponerme habría arruinado su foto o timelapse. Yo, que me considero una persona educada, decidí no ser mal compañero fotógrafo y ponerme al lado de ellos, a pesar de que éste no era el encuadre que más me gustaba. Aun así, no me disgusta la foto que pude traerme. Espero que a vosotros también os guste.

Sobre los datos técnicos, un detalle importante. Si os fijáis, el tiempo de exposición de la foto son 8 sg. Esto puede considerarse demasiado tiempo para sacar una foto de aurora boreal en la que el cielo no aparezca como una mancha verde. Lo ideal suele ser 3, 4 ó 5. Todo depende de la calidad del sensor de tu cámara. Entonces, ¿por qué motivo tiré en 8 segundos? Lo malo de disparar una foto sin luna es que necesitas bastante tiempo de exposición para poder sacar algo de detalle de los motivos terrestres. O eso, o iluminar con luz artificial aquellos que quieras destacar. Como había más gente, y no quería molestar más que lo justo, decidí no sacar mis linternas (aunque tentado estuve) para no fastidiar ninguna foto de nadie. Por este motivo decidí aumentar el tiempo de exposición a 8 segundos. Con esto, junto con un procesado en modo apilamiento, conseguí que el ruido de la foto no fuera mucho.

Poco a poco fueron llegando más personas a la iglesia pero, por suerte, para ese momento, un momento en que la intensidad de la aurora había bajado considerablemente, yo ya había decidido acabar la sesión de fotos allí. Con trípode y cámara en el coche, nos fuimos al siguiente punto: Kirkjufellfoss. Pero eso será otro día ;-)

¡Hasta pronto!


Los datos EXIF:

mara: Canon 6D 

Focal: 16 mm 
Exposición: 8 sg 
Apertura: f/2.8
ISO: 3200



martes, 16 de abril de 2019

Bajo un manto verde II

Hace cuatro años, una mañana, recibí una llamada. Era César Vega quien me propuso una aventura a la que difícilmente podía negarme: una semana en Islandia. Tenía planeado viajar con su hermano Javier, y pensaron que sería buena idea hacerlo con una tercera persona. Y tenía todo el sentido del mundo. En un viaje como éste, el volumen del equipaje es determinante a la hora de elegir el número de personas que van a formar parte del grupo de viaje. Aparte de la maleta que debes llevar con ropa de abrigo, hay que contar con la parte de equipaje formada por el equipo fotográfico, y que, en la mayoría de los casos, ocupará un gran volumen. Por ello, teniendo en cuenta que es un viaje en el que hay que alquilar un medio de transporte, generalmente un coche, 3 personas es un número perfecto si piensas en que un maletero ya puede quedarse bastante justo para llevar 3 maletas grandes y 3 mochilas con un equipos fotográficos bastante completos. Ahora piensa que en lugar de 3 personas, fuesen 4 las que formaran el grupo...

Aquella mañana César me dijo que Felipe Carrasquilla, a quien se lo había propuesto inicialmente, y a quien le era imposible viajar en esas fechas, le propuso mi nombre como tercer miembro del grupo. Por suerte para mí, las fechas en que César y su hermano querían viajar me venían bastante bien, así que sin pensármelo mucho, dije que sí.

Islandia es un país que para el fotógrafo de paisaje, pero, especialmente, para el nocturno, tiene un atractivo especial. Son muchos los lugares icónicos que crearon los primeros fotógrafos que visitaron la isla. Entre esos lugares icónicos se encuentra el avión Navy R4D-9 abandonado en una playa próxima a Vik i Myrdal.

En ese primer viaje, como no podía ser de otra forma, visitamos ese avión. Además, para suerte nuestra, la Dama Verde nos estaba esperando en aquella playa. Sin duda, fue una noche inolvidable. Si tienes curiosidad, la historia de aquella noche la puedes encontrar aquí.

Tres años más tarde, me vi volviendo a Islandia, aunque mis compañeros de viaje en esta ocasión fueron Cristina García y Felipe Carrasquilla. Cristina ya había estado en Islandia, casualmente el mismo año en que viajé con César, pero Felipe aún no había tenido el placer de conocer este increíble país. 

Puedo entender, porque yo lo he vivido, las sensaciones de viajar por primera vez a Islandia, cuando durante años has estado viendo tantas fotos (buenísimas en su gran mayoría) que casi podría decirse que conoces el país a pesar de no haber puesto un pie allí. Esa primera vez quieres conocerlo todo, quieres verlo todo, quieres vivir a tope cada minuto que vas a pasar allí. Pero todo no se puede, y tienes que seleccionar. Además, tienes que dejar cosas para la próxima vez, ¿no crees? ;-).

Entre los destinos que seleccionamos en este viaje estaba el famoso avión. Es normal. En la ruta que habíamos planificado se encontraba la opción de visitarlo pues íbamos a pasar basante cerca. Yo también fui a visitarlo la primera vez que viajé a Islandia. ¿Cómo no hacerlo? Ahora bien, las cosas habían cambiado mucho desde la primera vez hasta ahora. Hace años podías desplazarte con tu coche hasta las mismísimas alas del avión. Un trayecto de unos 10 minutos en coche por la arena negra de la playa. Hoy en día la cosa es muy diferente. Parece ser que el dueño del terreno en el que se encuentra el avión, está cansado de tanto coche en sus tierras y ha decidido vallar el acceso. Así que hoy en día hay que dejar el coche en un parking que está a unos 4 km del avión. Cuatro kilómetros (unos 40-45 minutos a paso ligero) de ida y otros cuatro de vuelta. Cuatro kilómetros que se pueden hacer un poco pesados cuando llevas colgados a tus espaldas una mochila cargada de un pesado equipo fotográfico y al hombro un trípode .

El caso es que, aunque Cristina y yo ya conocíamos el avión (en su viaje, Cristina también había estado), entendíamos perfectamente el interés y las ganas de Felipe por ir allí, así que no hubo ninguna duda sobre si había o no que ir. Fuimos, y punto.

Y mereció la pena. ¡Vaya si mereció! Para esa noche daban kp4 y, aunque parecía que las nubes nos iban a acompañar cubriendo completamente el cielo, en más de un momento se apartaron para poder dejarnos ver las luces verdes. Uno de esos momentos fue éste que puedes ver. Un momento en que las nubes teñidas de la luz de la aurora se desplazaban hacia nosotros dejando ver en la cámara una fuga preciosa. Un momento especial también porque una vez más volvíamos a disfrutar de la fotografía nocturna, pero esta vez en el país de las auroras boreales. Y lo hacíamos como nos gusta, trabajando la foto en equipo, jugando con la iluminación. 

Te cuento cómo trabajamos la foto. Para la iluminación del interior del avión, uno de nosotros se metió en su interior y se quedó allí mientras hicimos pruebas. Esta iluminación la hicimos con linterna cálida de no mucha potencia. Otro de nosotros se encargó de la iluminación exterior. Para esta iluminación usamos linterna fría de alta potencia. ¿Por qué linterna de alta potencia? Hay varios motivos. Primero porque el sujeto a iluminar es grande. Segundo porque el tiempo de disparo no debía ser demasiado alto, y para que el elemento a iluminar quede bien iluminado en poco tiempo, la linterna usada es recomendable que sea potente. Y tercero, y, quizá, más importante, por el suelo. Sí, el suelo. Os puede resultar extraño, pero os lo explico ya mismo. 

El avión está abandonado en una playa de arena negra. Estamos sacando foto en un país donde la contaminación lumínica es mínima, por no decir, inexistente. Y, para colmo, no había luz de luna que nos ayudara a la iluminación. ¿Qué significa esto? Que la arena negra se come prácticamente toda la luz que le apliques. Absorbe mucha luz y refleja muy poca. Por ello era importante tener tiempo suficiente para iluminar el avión y dedicar un tiempo significativo para iluminar el suelo. 

La orientación de la iluminación exterior y del suelo, como podéis imaginar, se hizo de izquierda a derecha, aunque en los úlltimos segundos se aplicó al suelo algo de luz desde la derecha.

Felipe vio su primera aurora boreal (aunque no sería la única) y sé que lo disfrutó, y me alegré por ello. Ahora bien Cristina y yo no disfrutamos menos. Los que nos conocéis imaginaréis que los 3 teníamos muchas ganas de hacer este viaje. Un viaje que no fue fácil cuadrar, pero que al final, felizmente, se hizo realidad.

Como de costumbre, si tenéis dudas sobre la foto, sobre la iluminación, sobre cualquier tema relacionado con la foto, podéis preguntar lo que os apetezca.

Espero que os guste.

¡Hasta la próxima semana!

Los datos EXIF:

mara: Canon 6D 

Focal: 16 mm 
Exposición: 36 sg 
Apertura: f/2.8
ISO: 4000



jueves, 11 de abril de 2019

Cara a Cara

El verano pasado viajé a Navarra para pasar un fin de semana. Entre las maravillas que tiene esta hermosa tierra, hay una en concreto que quería visitar (aunque más bien debería decir 'volver a visitar', pues hace años lo hice por primera vez), ya que deseaba tomar fotografías allí. Hablo de las Bardenas (no Bárdenas, sino Bardenas) Reales, una zona desértica en una región fértil.

De aquél inolvidable fin de semana pude traerme a Madrid fotos que me dejaron satisfecho, como ésta que podéis ver aquí, aunque no regresé a casa todo lo contento que me habría gustado. Hubo una segunda visita, pero en esa tampoco pude obtener la foto que iba buscando.

Pues bien, a mi vuelta de mi viaje a Islandia volví a viajar a Navarra. Llegaba de Islandia un jueves, después de 2 semanas fantásticas, pero agotadoras, y cogía el coche el viernes para hacer más de 400 km. Tenía un objetivo en mente. Tenía que ir. Así que cuando salí de trabajar el viernes, sin pasar por casa, me fui a Navarra. No era el mejor fin de semana para conseguir ese objetivo, pero tenía que intentarlo. Si salía bien, habría merecido la pena la locura.

Llegué a Arguedas, que es un pueblo cercano a las Bardenas, cuando el sol ya se había puesto. Como aún había bastante luz en el cielo, hice tiempo cenando. Cuando consideré que era el momento me acerqué a las Bardenas, en concreto a este punto, el Castildetierra. No iba a tener mucho tiempo pues esa noche la luna salía pronto, y para mi foto no quería luna. Debía actuar rápido. Busqué el mejor sitio para plantar el trípode (o, al menos, el que más me gustó), aunque debo decir que tampoco dediqué mucho tiempo a buscar dónde colocarlo. Sencillamente, encontré uno y me pareció lo suficientemente aceptable. Ahora tocaba ser rápido: estabilización del trípode, pruebas, y a disparar.

Inicialmente hice una foto similar a la que puedes ver, pero sin aporte de ningún tipo de iluminación. Bien, me gusta, pero se podía llegar un poco más lejos. ¿Qué tal si el modelo (es decir, yo) apareciera con una antorcha (linterna)? Bueno, era cuestión de probar, pero no había que perder tiempo, pues el cielo empezaba a clarear por el Este. La luna avisaba de su llegada.

La realización de esa foto conllevaba varias dificultades para las cuales no tenía muy claro si encontraría solución. La primera es la que os he comentado: la falta de tiempo. Ésta es una foto panorámica creada a partir de 5 tomas verticales. Esto implica la necesidad de mayor cantidad de tiempo (algo que no me sobraba) para sacar una única foto. Cinco tomas de 30 segundos. Dos minutos y medio, por los 30 segundos que aproximadamente sueles emplear en una foto.

La segunda dificultad está relacionada con la presencia de un modelo. En la mayoría de las fotografías panorámicas en las que aparece una figura no estática se suele dar que esa figura aparece en, al menos, 2 de las fotos que forman parte del conjunto. Al ser una figura no estática, es complicado conseguir que durante esas tomas el sujeto esté inmóvil durante, al menos, 1 minuto (30 segundos por cada foto, si consideramos sólo 2 tomas). Pero es que, además, a esta dificultad había que añadir un problema.

En este viaje a Navarra no fui acompañado. Fui sólo, con lo que puedes imaginar que yo fui fotógrafo, y que yo fui modelo. Y sí, en más de una toma de las que forman la panorámica tuve que aparecer posando. Quizá te preguntes cómo me las ingenié para ello.

Como te he dicho, esta fotografía panorámica está formada por 5 tomas verticales. Estas tomas están realizadas de izquierda a derecha. Como podrás imaginar, las 3 primeras fueron fáciles de realizar. Sólo tenía que disparar foto, y limitarme a iluminar el suelo. Ahora bien, las 2 últimas eran las que iban a complicarse, pues en ellas tenía que aparecer yo. Para ello, lo que hice fue poner el disparador remoto con un retarde de 20 segundos para que me diera tiempo a ir a colocarme donde quería aparecer en la foto. Marqué bien dónde tenía que ponerme, pues iba a tener que repetir lugar y posición en la siguiente foto. Cuando se abrió el obturador, me mantuve todo lo que pude quieto durante esos 30 segundos que duró la toma, intentando memorizar mi postura. Y cuando se cerró el obturador, rápidamente me aproximé a mi cámara, giré la rótula la cantidad necesaria, disparé el control remoto con el mismo retardo de 20 segundos y corrí a mi lugar para colocarme en el mismo sitio y con la postura lo más aproximada posible a la que mantuve en la anterior foto. Es decir, no se trataba de estar inmóvil 60 segundos (30 + 30), sino de estar inmóvil 30 segundos, moverme para girar el trípode y volver a mi posición inicial para estar nuevamente inmóvil durante otros 30 segundos.

A partir de aquí, poco puedes hacer pues el resto del trabajo tendrá que hacerlo el software fotográfico que se encargue de unir todas las tomas. Sabía que en este punto, no habría problema con las partes estáticas, pero tenía mis dudas sobre qué resultado conseguiría en las zonas en las que aparecía yo. Sí, algo de miedo había, lo reconozco. Sin embargo, el resultado me gustó.

Es muy mejorable la foto, soy consciente de ello. Pero, a pesar de que no volví especialmente feliz de Navarra, el resultado me ha agradado lo suficiente como para poder publicarlo y enseñároslo. ¿Repetiría la foto? Sabiendo dónde puedo mejorarla, me gustaría, no lo niego. Ahora bien, ¿volveré a Navarra? Esto ya no lo tengo tan claro. Quién sabe, quizá algún día.


Los datos EXIF:

mara: Canon 6D 

Foto panorámica formada por 5 tomas verticales, cuyos valores son:

Focal: 16 mm 
Exposición: 30 sg 
Apertura: f/2.8
ISO: 1600