lunes, 25 de noviembre de 2013

Stargate

Al planear una salida fotográfica nocturna, nunca sabes si volverás a casa con las fotos que inicialmente querías llevarte. Lo que de día se ve sencillo, de noche cambia por completo. Si la noche se da bien, te podrás llevar una buena foto. En alguna ocasión, posiblemente te lleves más de una. Pero también es muy habitual que vuelvas a casa frustrado porque regresas con las manos vacías.

Cuando pensamos en ir al pantano de Valdecañas, yo tenía muy claro qué foto quería llevarme de allí. Lo que no sabía es que había otra foto esperándonos. 

Desde que entré en el mundo de la fotografía nocturna me he encontrado con fotografías realmente espectaculares. Entre ellas, sin dudarlo, se encuentran las fotografías con cielos estrellados. Quizá esta es una característica que diferencia la fotografía nocturna de la fotografía convencional: la posibilidad de certificar lo pequeños e insignificantes que somos simplemente observando el cielo en una instantánea.

Si, además, ese cielo te deja ver la galaxia a la pertenecemos, ese camino blanco el que formamos parte, pero dentro del cual no somos más que una gota de agua en un estanque, no tendrás otra opción que sacar la cámara sin dejar de mirar ese cielo, siguiendo con la mirada ese camino blanco con una sonrisa imborrable en tu cara.

La noche del pantano de Valdecañas fue una noche de esas que describo. Estaba ahí. La Vía Láctea estaba ahí, y no podía desaprovechar la oportunidad de llevármela a casa.

Sólo había que buscar un encuadre adecuado. Fotografiar la Vía Láctea es un decorado hecho con la mejor tela que existe, pero es necesario poner un buen actor primer plano.

Y allí estaba. De nuevo, la puerta del Templo, como no podía ser de otra forma. Pero en esta ocasión, el pórtico iba a dejar de tener tintes religiosos, y se iba a convertir en una puerta a las estrellas.

Los datos EXIF: 

Cámara: Canon 500D 
Focal: 11 mm 
Exposición: 47 sg 
Apertura: f/2,8 
ISO: 800