lunes, 30 de diciembre de 2013

Castillo de Barcience

Acaba una año más. A pocas horas de comenzar otro lleno de deseos, esperanzas e ilusiones, quizá es un buen momento para mirar atrás y, durante unos minutos, recordar lo bueno y lo malo que hemos vivido para hacer balance. 

Desgraciadamente, para mí, el balance sale negativo. Toda pérdida de un ser querido, quizá más si es inesperada, deja un dolor difícil de aplacar y una cicatriz imposible de eliminar. En mi caso convierte, además, este año, este 2013, en inolvidable.

La foto que os muestro a continuación es una foto que se realizó 2 meses después de la fecha inicialmente prevista, y es la primera foto que realicé tras un verano para olvidar. Se trata del castillo de la localidad toledana de Barcience, muy cerca de Caudilla, pueblo en el que se encuentra el castillo que aparece en la foto que publiqué hace unas semanas. El castillo, aunque tiene un exterior en un más que aceptable estado de conservación, por dentro está en ruinas. Quizá lo más acertado sería decir que está hueco :-)

Son muchas las fotografías nocturnas, la gran mayoría muy buenas, que se han publicado en torno a este castillo. Permite muchos encuadres diferentes entre los cuales destacan algunos muy buenos, que han sido de los más elegidos por muchos fotógrafos.

La fotografía no tiene más misterio que, como siempre, enfocar a la distancia hiperfocal (¡básico!). Sobre la iluminación... no, no iluminamos el castillo :-). La contaminación lumínica del pueblo, que está detrás de la cámara, hizo todo el trabajo.

Por último, sólo desearos que tengáis un fantástico 2014 ;-)

Los datos EXIF: 

Cámara: Canon 500D 
Focal: 16 mm 
Exposición: 40 sg 
Apertura: f/2,8 
ISO: 400







miércoles, 18 de diciembre de 2013

Venturada II

A la hora de elegir un objetivo con el que hacer fotografía nocturna, una de las características más importantes del objetivo, como podréis imaginar, es la luminosidad. Cuanto más luminoso sea un objetivo, más juego da a la hora de elegir los parámetros que más convienen. Por la regla de reciprocidad, cuanto más luminoso sea un objetivo, manteniendo fija la velocidad de obturación, menor tendrá que ser el ISO al que tendremos que tirar la foto y, teóricamente, menor será el ruido que obtengamos en la foto. Además, cuanto mayor sea la apertura del diafragma, mayor será el número de estrellas obtenidas en la foto, y esto puede ser algo que interese en la foto que pretendemos obtener.

Por otro lado, cuanto mayor sea la apertura del diafragma, a una distancia focal determinada, menor es la profundidad de campo, y mayor es la distancia hiperfocal. Sobre todo esto, profundidad de campo, distancia hiperfocal, se habla de sobra en la mayoría de blogs de fotografía nocturna. A pesar de ello, más adelante hablaremos de ello en este blog, pues considero que un blog de fotografía nocturna no puede ser completo si no dedica un espacio a repasar conceptos importantes, entre ellos, la distancia hiperfocal.

Por tanto, queda claro lo importante (no imprescindible) de tener un objetivo luminoso para realizar fotografía nocturna. 

Si, además de ser aficionados a la fotografía nocturna, nos gusta la fotografía de paisaje, un objetivo que sea gran angular nos va a venir de perlas. Un objetivo gran angular permite obtener un tipo de fotografía diferente. Inicialmente podría pensarse que lo que permite un gran angular es obtener mayor cantidad de elementos. Sí, esto es cierto, pero esta no es la mayor ventaja. Evidentemente, obtenemos mayor número de elementos en la fotografía, pero la sensación que se obtiene es la de que obtenemos objetos diminutos. Por tanto, no es esta la mayor ventaja que yo le veo a un objetivo con un angular mayor de lo habitual. 

La ventaja que le encuentro a los objetivos de tipo gran angular es la posibilidad de mostrar líneas convergentes. Primeros planos que tiran líneas al infinito. ¿En qué se traduce esta característica? Se traduce en encuadres arriesgados con, en muchas ocasiones, distorsiones exageradas que, en algunos casos gustan y, en otros, no tanto. Las distorsiones producidas al disminuir la distancia focal es algo con lo que hay que contar. En algunos casos conviene corregirlo y, en otras, simplemente aceptarlo como es.

Y esto es, exactamente, lo que pasa con la foto que vemos a continuación. Se realizó la misma noche que la fotografía de la anterior entrada, Venturada I. Como podréis imaginar, la cámara se situó muy cerca del suelo (gracias a la pendiente que había no fue necesario situarla a ras de suelo) y muy cerca de la atalaya. Hacer la foto con una distancia focal de 11mm nos permite acercarnos mucho al objeto, pero, como he comentado arriba, cuando menor es la focal, mayor es la distorsión.

En definitiva, encuadre diferente, arriesgado, y que a veces gusta, y otras no. A mí, personalmente, me llama la atención.

Con respecto a la iluminación, en este caso fue más sencillo y sólo fue necesario la actuación de una persona, que se encargó de iluminar la base de la torre y rocas que la rodean con linterna cálida, además del suelo. El interior de la torre se iluminó con una flash al que se le colocó una gel de color rojo. La forma de disparar el flash, nuevamente, colocándole un receptor remoto activado a distancia.

Los datos EXIF:

mara: Canon 500D 
Focal: 11 mm 
Exposición: 45 sg 
Apertura: f/5,6
ISO: 800











miércoles, 11 de diciembre de 2013

Venturada I

Una de las dificultades con las que nos encontramos cuando nos disponemos a hacer fotografía nocturna es no poder controlar por completo la luz que va a participar en la toma. La mejor forma de conseguir esto sería meternos en un cuarto herméticamente cerrado, donde no pudiera entrar ni la más pequeña cantidad de luz, y donde toda la luz que participara en la foto fuera aportada y controlada por nosotros.

Cuando eso no es posible, es decir, la mayoría de las ocasiones, lo ideal es poder manejar la luz a nuestro antojo, aliarte con ella, integrar esa luz en la foto, e intentar que no desentone con el resto de la iluminación presente o que vamos a aportar a la escena. Por desgracia, son muchas las ocasiones en las que esto no es fácil.

Este es el caso de esta torre, en mi opinión, una de las más bonitas (si no la que más) atalayas que aparecerán en este blog. La de Venturada pertenece al grupo de atalayas del Jarama, todas ellas de origen árabe, y construidas entre los siglos IX y X. A este grupo, también pertenecen, entre otras, las atalayas de El VellónArrebatacapas y El Berrueco.

Como digo, es una torre con mucho encanto. Sin embargo, tiene una pega importante para los aficionados a la fotografía nocturna: a su alrededor hay diferentes fuentes de luz contra la que poco se puede hacer. Esta luz residual es la responsable del color amarillo que muestra la torre. Aun así, la torre nos gustó, y la noche en pocas horas nos mostró diferentes escenarios: cielo despejado, cubierto, estrellado, con luna de fondo. En definitiva: había que aprovechar.

Esta que veis aquí es la primera de una serie de fotos que sacamos esa noche. Para esta toma se usó iluminación cálida desde 2 focos: uno, a la derecha de la cámara, y otro al fondo, a la izquierda. Sobre la mitad superior de la atalaya, la parte que recibía más iluminación residual, no se aplicó ningún tipo de iluminación, a pesar de ese tono amarillo que se ve en la foto. Por último, el interior de la atalaya está iluminado con un flash sobre el que se colocó un gel de color rojo. ¿La forma de disparar ese flash? Como esa noche sólo fuimos 2 para iluminar el escenario, nos faltaron manos para disparar el flash, por lo que colocamos un disparador remoto, y uno de nosotros se encargó de disparar el flash, además de iluminar el escenario con linterna cálida.

Los datos EXIF:

mara: Canon 500D 
Focal: 11 mm 
Exposición: 40 sg 
Apertura: f/2,8
ISO: 400



miércoles, 4 de diciembre de 2013

Breakable Immortality

Construcciones centenarias. Construcciones milenarias. Todas ellas espectadoras del paso del ser humano sobre la Tierra. Por desgracia, muchas de ellas no son, hoy en día, más que una sombra del proyecto que un día fueron. Frágil inmortalidad. Porque no es real. Porque el paso del tiempo nos desgasta, nos agota, nos quita vida.

Este es el caso del castillo de Caudilla, inicialmente conocido como Castillo de Rivadeneyra, pues fue construido por Don Pedro de Rivadeneira, mariscal de Castilla, en el siglo XV. Hoy en día, apenas quedan en pie los restos de la fachada y una torre sobre cuya almena una vecina colocó una estatua del Cristo del Olvido al acabar la Guerra Civil. 

La foto está hecha una noche de luna, aprovechando el momento en que la luna salía de detrás de los restos de la fachada. La cara visible del castillo se iluminó con linterna cálida desde la derecha de la foto, por lo que el balance de blancos se bajó a unos 3000K. Con esta temperatura se consigue que el cielo tome un color azul, que, en esta ocasión, no tiene una tonalidad tan oscura como en otras ocasiones debido a la presencia de la luna.

Por último, un deseo: ojalá dentro de cien años las generaciones venideras no tengan que hablar de que un día, en un pueblo llamado Caudilla, hubo un castillo del que sólo escritos, fotografías y blogs como éste den testimonio de lo que un día fue.

Por cierto, ¿quieres ver donde se colocó la cámara antes de que el sol se ocultara? Pulsa en:

Antes de...






Los datos EXIF: 

Cámara: Canon 500D 
Focal: 11 mm 
Exposición: 101 sg 
Apertura: f/5,6 
ISO: 400