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A salvo Reverencia Noche de Guardia II Noche de Guardia II

jueves, 21 de septiembre de 2017

The King in the North!

Y se acabaron las vacaciones. Al menos de momento. Toca volver a la rutina del trabajo y a la rutina personal. Y, por supuesto, toca subir fotografía :-)

La de esta noche, de un sitio al que muchos fotógrafos, nocturnos y no nocturnos le tenemos muchas ganas: el Castillo de Zafra. Castillo que, curiosamente, no está en Zafra, Badajoz, sino cerca de Campillo de Dueñas, Guadalajara.

Esa noche, una de este verano, del equipo de Luces del Pasado, sólo estábamos Luis y yo. Como el castillo está bastante (pero bastante tirando a mucho) retirado de nuestras viviendas decidimos hacer noche en algún sitio cercano al castillo. Donde encontramos habitación fue en Molina de Aragón, un pueblo que yo no conocía, pero que me pareció bastante interesante. De hecho, tiene una fortaleza verdaderamente impresionante. A los que os preguntéis "¿le hicisteis foto?" os diré que sí, que le hicimos foto... pero diurna, y es que el castillo está pegadísimo al pueblo.

En fin, como os decía, alquilamos una habitación en un hotel bastante bien situado en el pueblo y al que llegamos un viernes por la tarde. Una vez acomodados en el hotel, listos para salir a la faena, pensamos que, antes de ir, habría que cenar algo. Tras dudar entre si coger un bocata e irnos al castillo o sentarnos en una terraza y cenar algo tranquilamente, decidimos tomárnoslo con tranquilidad y sentarnos en la terraza de una cafetería/restaurante o similar donde daban de cenar. 

Una hora más tarde salíamos del restaurante en dirección al castillo. El camino al castillo no es complicado, pero los últimos kilómetros se hacen por pista forestal que, en según qué tramos, el deterioro es mayor. Cuando íbamos llegando, quedaría aproximadamente un par de kilómetros, a Luis le pareció ver alguna luz en la oscuridad

Pensamos en la posibilidad de que fueran cazadores furtivos, pero cuando estábamos muy cerca del castillo pudimos comprobar que la situación era mucho peor: se trataba de fotógrafos nocturnos con sus cámaras y sus trípodes, y con sus frontales y sus linternas. No me lo podía creer. Habíamos hecho más de 200 km para encontrarnos un grupo muy numeroso (casi 20 personas) que iban a hacer la fotografía que nosotros queríamos hacer.

Tras preguntarles me dijeron que iban a hacer las prácticas de un curso de fotografía nocturna. Buff, la cosa iba de mal en peor. 

Imaginaos la situación: Luis y yo, con una idea de foto en mente, nos vamos un viernes a un castillo que está a más de 200 km de casa y que está en pleno campo en la provincia de Guadalajara y cuando llegamos por la noche nos encontramos con que 16 personas tienen plantados sus trípodes en el punto en el que Luis y yo teníamos pensado plantar los nuestros. La cosa no pintaba bien, pues muchos alumnos no tenían muchas experiencia en fotografía nocturna. El caso es que media hora después aún no habían hecho ninguna foto. Luis y yo nos mirábamos pensando que la noche podría haberse arruinado. 

Cuando ya no pudimos más decidimos irnos a dar un paseo alrededor del castillo. Y después del paseo, viendo que seguían allí a tomarnos unas cervezas que teníamos en el coche. Y después de las cervezas, viendo que aún seguían allí... volvimos.

Una vez allí, les pedimos que después de la hora y media que se habían tirado para sacar la foto, nos dejaran a nosotros. Lo cierto es que no pusieron pegas, así que, casi 2 horas más tarde, empezamos a organizar nuestra foto.

Y después de todo esto que os he contado, vamos a la foto.

La foto que estáis viendo la planificamos con bastante tiempo con antelación. Dedicamos cierto tiempo a ver fotos del castillo y a buscar cuál o cuáles podrían ser las mejores fechas en las que la Vía Láctea podríamos encontrarla en un encuadre en la que un modelo pudiera colocarse entre la propia Vía y la torre más alta del castillo. Una de esas fechas, el fin de semana que elegimos. Que elegimos nosotros y los del taller :-/

Toda la iluminación la hicimos con linterna cálida. Tanto la aplicada desde fuera de la escena, como la aplicada por el modelo. Además, como éramos dos personas y, para colmo, una de ellas haría de modelo, la iluminación de una escena así tenía bastante complejidad, así que tuvimos que organizarnos muy bien para poder hacer la foto en 30 segundos, que es el tiempo que tuvimos el obturador abierto.

Finalmente pudimos hacer la foto, a pesar de todos los pesares. Hicimos esta versión y un par de versiones más que, quizá, en algún momento publicaré.

Ah! Se me olvidaba. El nombre de la foto. Posiblemente a los seguidores de "Juego de tronos" que hayan visto las 7 temporadas que a día de hoy se han emitido, no será necesario que aclare nada. A los que no habéis terminado de verlas, tranquilos, que no os voy a hacer "spoiler", como el que ya sufrí yo ;-). Vosotros ved la serie entera, y ya entenderéis.

Como siempre, si tenéis alguna pregunta sobre la foto, no dudéis en preguntar.

Hasta la próxima!

Los datos EXIF:

mara: Canon 6D 
Focal: 16 mm 
Exposición: 30 sg 
Apertura: f/3,2
ISO: 6400


viernes, 1 de septiembre de 2017

Un nuevo Punto de Vista

Tras varios años como aficionado a la fotografía nocturna, a veces no está mal echar la vista atrás y volver a aquellos lugares donde empezaste a vivir con ilusión una afición a la que tanto tiempo he dedicado y a la que, si nada se tuerce, mucho tiempo dedicaré. 

Volver a localizaciones donde empezaste a probar aquellas técnicas que habías aprendido de los mejores, o, incluso, a probar cosas que, por qué no, podrían dar buen resultado, te servirá, sin lugar a dudas, a comprobar tu evolución (que alguna vez he pensado yo que en mi caso era involución) al comparar la foto que obtuviste en su día con lo que acabas de obtener.

Hace ya casi 4 años de la primera visita a esta estación, la de Cabañas de la Sagra, y cada vez que he vuelto me ha traído buenos recuerdos. Recuerdos de aquella primera vez en la que, yo solo, pues no conocía a nadie que estuviera tan loco como para irse a fotografiar edificios abandonados de noche, cogía mi cámara, mi trípode, mis linternas y me iba a la aventura. Dicho así lo cierto es que aún no sé cómo yo pude lanzarme a ello. Qué narices, en realidad... en realidad, sí lo sé. La emoción que se siente cuando empiezas con esta afición, la excitación y la alegría que vives cuando ves el resultado final (siempre con varias repeticiones) del trabajo en la pantalla de la cámara... sin duda, si tuviera que repetir, repetiría.

En fin, las cosas han cambiado y mi vida como fotógrafo nocturno es algo diferente. Ahora no salgo solo, y eso también influye en que las fotografías tengan, o eso me parece a mí, mayor calidad. Al menos, eso pienso yo viendo la fotografía que en su día hice de esta misma estación, aun cuando el ángulo de la toma sea diferente.

El día que realizamos esta fotografía quedamos Cristina, Luis y yo. No recuerdo bien, pero creo que fue un día que no teníamos pensado salir, pero que viendo el cielo que teníamos (la estación no está muy lejos de casa) y que la previsión no anunciaba muchos cambios, propuse salir a mis 2 compañeros. Cuando llegamos a la estación el cielo, a pesar de la previsión, no pintaba bien. Parecía que, una vez más, el hombre del tiempo se reiría de nosotros, así que teníamos 2 opciones: volvernos a casa, o ir a tomarnos una cerveza y cenar algo y luego volver para probar suerte. ¿Imagináis cuál fue la elección?

Hora y media después estábamos de vuelta en la estación y, esta vez sí, el cielo ya tenía otro aspecto. Sacamos nuestras cámaras, nos fuimos a plantar el trípode a la zona que más nos atraía viendo el cielo que teníamos, y pensamos cómo iluminar la escena.

Como queríamos sacar haces le luz lo más rectos posible, decidimos tirar de flashes, a los cuales les aplicamos un filtro de color rojo. Dos 2 nosotros se metieron dentro de la estación y un tercero se encargaría de dar luz cálida desde el frente a toda la fachada trasera de la estación. No fueron necesarios muchos intentos, pues la foto no presentó mucha dificultad técnica. La luz la pusimos nosotros. Del resto se encargaron el cielo y la contaminación lumínica.

Como ya he dicho, volver a aquellos sitios donde empezaste a hacer fotografía nocturna no es mala idea, o así lo veo yo. Y ya no por poder comparar lo que obtuviste con lo que ahora has obtenido, sino por volver a vivir aquellos primeros momentos. Para poder sentir lo que en aquél momento sentiste. Sentir... sí, sentir. Y es que creo que a veces nos olvidamos de que la fotografía es sentimiento.

Con esta foto me despido de vosotros durante, al menos, un par de semanas. Hoy empiezan mis vacaciones. Estaré fuera, y espero volver con un material fotográfico nocturno.

¡Hasta pronto!

Los datos EXIF:

mara: Canon 6D 
Focal: 16 mm 
Exposición: 3,2 sg 
Apertura: f/2,8
ISO: 3200


domingo, 20 de agosto de 2017

La Torre Oscura

Domingo, 3 de julio de 2016... hora, aproximadamente las 13:30h. Recuerdo que los 4 miembros de Luces del Pasado estábamos a punto de terminar nuestra ponencia en quinta edición del Congreso de Fotografía Nocturna, quizás el congreso de fotografía más importante de los que se celebran en España. Era el momento de dar punto y final a nuestra intervención, y un servidor iba a ser el encargado de hacerlo. Para dicho final pensamos que no habría mejor forma que expresar lo que vivimos cuando organizamos una salida nocturna, cuando salimos a hacer fotos: cena, cervezas, risas, y sí, unos cuantos kilómetros de coche, pero con muy buen rollo

La noche que salimos a hacer esta foto nuevamente fue una de esas en las que se daba esto mismo. Por todo esto ésta fue una noche muy especial. Por todo esto y porque era una noche en la que hacía tiempo que uno de los miembros del grupo no salía de fotos, así que la noche, sin duda, fue mejor.

Como dijimos en el Congreso del 2016 lo que nos muy a salir es la fotografía nocturna, pero si no hubiera lo que más arriba he comentado, ese buen rollo, esas risas... sin duda que no habría salida fotográfica. Salimos con intención de pasarlo bien haciendo fotos que nos gusten, pero si la noche que salimos no hay foto buena, al menos habremos disfrutado de unas horas de disfrutar de una afición con la mejor compañía que se puede tener.

Esta que hoy os muestro es una de las fotos que nos trajimos esa noche. Es una de esas que surgieron de casualidad cuando empezábamos a recoger, pero de pronto se le enciende una bombilla a alguien, y de nuevo, a sacar los trípodes de las bolsas. Qué se le va a hacer. el vicio por la fotografía nocturna manda.

La foto no tiene más historia que la que podéis imaginar viendo la foto: una linterna sostenida en la mano del modelo, unos segundos de estar inmóvil, linterna cálida y balance de blancos en torno a los 3000K, pues queríamos un cielo azul, además de que, habiendo usado linterna cálida, ajustar una temperatura de color habría sido un gran error... et voilà! ¡Foto terminada!

Espero que os guste. ¡Hasta la próxima!

Los datos EXIF:

mara: Canon 6D 
Focal: 16 mm 
Exposición: 30 sg 
Apertura: f/2.8
ISO: 1600




martes, 11 de julio de 2017

Apunta, dispara y corre

Las tres palabras del título no podrían resumir mejor la tarde-noche del miércoles de la semana pasada. Esa tarde Felipe y yo quedamos para intentar sacar una fotografía planificada en los campos de lavanda de Brihuega y alrededores. La planificación para la zona esa noche era buena. Con mucha probabilidad encontraríamos nubes de esas que tanto nos gustan para nuestras fotos. Si, además, podíamos encontrarlas sobre un campo de lavanda de esos que tan de moda se han puesto, pues mejor que mejor.

Según íbamos llegando a Brihuega pudimos comprobar que, una vez más, la previsión parecía que iba a fallar. Salvo unas nubes que veíamos a la derecha, no encontrábamos más que cielos despejados. En fin, ya estábamos llegando, así que había que hacer lo que buenamente se pudiera. Cuando ya estábamos muy cerca del pueblo, me fijé en que, lo que parecían simples nubes, estaban tomando una forma que me recordaban a lo que son nubes de tormenta. 

Fuera como fuese, lo cierto es que esas nubes estaban lejos, así que decidimos seguir con nuestro plan inicial y seguir buscando el campo de lavanda por el que habíamos ido hasta allí. Cuando lo encontramos, no nos convenció mucho, al menos para esa noche. No se daban las condiciones que queríamos y el campo, en un principio, nos decepcionó un poco. Pero, como digo, ya estábamos allí, así que algo tendríamos que inventarnos.

En un momento dado, Felipe y yo nos giramos hacia donde estaban las nubes que habíamos visto y comprobamos, al ver los rayos y relámpagos que, efectivamente, se estaba preparando una tormenta que no parecía pequeña. No solo eso: la tormenta venía hacia donde estábamos nosotros. La tarde empezaba a ponerse interesante.

Como habíamos decidido que en el campo en el que estábamos no íbamos a hacer nada, rápidamente cogimos los bártulos y nos movimos a otro campo por el que habíamos pasado y que tenía las hileras de lavanda apuntando a la dirección en la que se encontraba la tormenta. A pesar de no estar muy lejos de ese campo, llegar hasta él se nos hizo eterno. Creo que fue por culpa de que la tormenta se movía muy rápido y de que cada vez veíamos más y más rayos. Lo cierto es que pensamos que podríamos perdernos la foto que en ese momento teníamos en la cabeza pues la tormenta estaba cada vez más cerca.

Por fin llegamos al campo. Durante todo el trayecto vimos una cantidad enorme de rayos. Mal se tendría que dar para que no pudiéramos cazar alguno, pensamos. Cuando plantamos los trípodes, vimos que el encuadre no nos convencía. Una caseta caprichosa quería salir en el encuadre. Imposible. Había que moverse. Y la tormenta cada vez más cerca. Y esos truenos sonando cada vez más fuerte...

Varias hileras más a la derecha por fin encontramos el punto que nos convenció. Había que nivelar la cámara, encuadrar rápido, poner el disparador, enfocar... Y mientras, rayos y más rayos exhibiéndose delante de nuestras narices. No puede fallar nada. Balance de blancos, tiempo de exposición, apertura de diafragma, ISO... Venga, empiezan las pruebas. Y el cielo cada vez más oscuro... la tormenta está muy cerca. Uff... y esos rayos... Rayos delante de nosotros, rayos a la derecha. Series seguidas de rayos que casi se podría decir que se disputaban un espacio en el cielo. Y esos truenos sonando cada vez más fuerte. Por fin encontramos los mejores parámetros para disparar. Y disparamos.. una, dos.. hemos cazado uno a la derecha! Seguimos disparando. Otro! Hemos cazado otro en el centro de la foto aunque... no, ese no se ve bien. 

Y la tormenta cada vez más y más cerca. Los relámpagos empiezan a iluminar el espacio que nos rodea. Imaginaos la situación. Dos tíos solos en un campo en el que hay una tormenta impresionante, con sus cámaras sobre unos trípodes... trípodes metálicos que pueden atraer rayos. Imposible no pensar que al día siguiente tú puedes ser el protagonista de una noticia relacionada con una tormenta en Guadalajara. Uff... no... no había que pensar eso. Había que sacar la foto y marcharse a casa. Y de pronto...

De pronto un relámpago y, casi a la vez, un trueno. En ese momento, Felipe y yo nos miramos y el mensaje sólo podía ser uno: tenemos la tormenta encima. No sé si podéis imaginar la tensión que se puede vivir en un momento así, en el que te sientes solo, sin un refugio cercano y con sólo campo alrededor de ti. Tensión... sí, tensión y miedo. Pero aún no estábamos convencidos de tener la foto que buscábamos. 

Por un momento nos pareció que la tormenta que teníamos encima de nosotros se había desplazado, así que seguimos disparando. Quizá era el momento de irse, sí... pero no podíamos. Había que sacar la foto. Recuerdo que las últimas 6 o 7 fotos las sacamos acercándonos a la cámara, apretando el disparador, y alejándonos 4 ó 5 metros del trípode. Si el trípode atrae algún rayo, al menos que no nos pille pegados a la cámara. 

Lo que marcó que dejáramos de hacer fotos fue la lluvia que empezó a caer. Lluvia que se convirtió en tromba de agua. Momento de salir corriendo hasta el coche, que debía de estar a unos 300 metros de donde nos encontrábamos nosotros. Una distancia suficiente para que llegáramos empapados al coche. Empapados nosotros, las cámaras, los trípodes. Ya en el coche recuerdo que comentamos la jugada y cuánto nos la habíamos jugado por una foto.

Algo así no se debe hacer y si me preguntaran aconsejaría que no se hicieran este tipo de locuras, pero entendería que alguien la hiciera. No es fácil estar delante de la foto y renunciar a llevártela.

Quizá no es la mejor foto que podríamos habernos llevado. Seguro que no lo es. Pero para mí, después de haber vivido el momento, es una recompensa más que justa. ¿Volvería a hacerlo? No lo sé... ¿cuándo dices que es la próxima tormenta?






jueves, 29 de junio de 2017

House of Evil

Una tarde, hablando con Luis, me enseñó la fotografía diurna de una casa en ruinas que tenía ganas de visitar y de fotografiar. Se trataba de una vieja casa abandonada en una finca, y a la cual se llegaba por un camino que salía desde una carretera comarcal. Cuando vi aquella foto pensé que, efectivamente, había que visitarla. No sabía cuándo, pero había que visitarla.

Semanas después, un día, hablando con Luis sobre dónde poder salir de fotos, me dijo: "Oye, ¿por qué no vamos a la casa de la foto que te mandé el otro día?". Me pareció buena idea, así que cargué baterías, me puse la ropa de faena, cogí cámara, trípode y linternas y me fui con Luis a aquella casa.

Como he dicho en muchas ocasiones, no sólo en este blog, sino también en ocasiones en las que he hablado de fotografía nocturna con otras personas, creo que las localizaciones hay que visitarlas de día. Verlas de día ayuda, no sólo a conocer el terreno y las dificultades que pueda tener, sino que también permite encuadrar mejor, pues tienes mejor visión del entorno que te rodea. Ese día, sin embargo, por diferentes causas, no pudimos llegar con luz de día.

Las coordenadas que Luis tenía eran correctas, así que no tuvimos problemas en encontrar el camino de acceso a la finca. Cuando llegamos allí Luis me dijo algo así como: 

- Pues... esta casa tiene historia.

Sin mirarle, pregunté:

- ¿Qué tipo de historia?

- Asesinatos  me dijo

Giré la cabeza y dije:

- ¿Asesinatos? ¿Hablas en serio? ¿Y me lo dices ahora?

Veamos, no quiero que penséis que unas historias contadas por, vete tú a saber quién, sobre algo que pasó vete tú a saber cuándo y que, vete tú a saber si era verdad o no, podrían hacer que no nos atreviéramos a pasar a aquella casa o que no intentáramos llevarnos foto. No. No iba a ser así. Pero, por favor, poneos en situación. Dos tíos en pleno campo, frente a una casa en ruinas, con el sonido de ramas de árboles cayendo al suelo, ayudadas a caer por un viento suave que mueve las hojas de los árboles, y todo ello, por supuesto, en casi absoluta oscuridad (digo casi porque algo de luz residual había en el ambiente). Sí, claro que sí, intentaríamos llevarnos foto, pero, hombre, el subconsciente, a veces, es un poco puñetero.

Una vez que nos decidimos a entrar en la casa, fuimos recorriendo todas y cada una de las estancias que aún podían considerarse como tales gracias a las paredes que todavía seguían en pie. Recorrimos la casa para conocer el terreno y para pensar en cómo podríamos iluminar. En el interior, huellas de presencia humana en forma de agujeros por cartuchos de escopeta que también encontramos repartidos por el suelo en varios puntos de la casa, marcas de destornillador o de cuchillo en varias paredes, escombros, escombros, más escombros... Nos movimos por casi toda la casa. Digo casi toda la casa porque estuvimos en la planta superior, estuvimos en la planta baja, pero no bajamos al sótano. ¿Por qué? Bueno, si no va a salir en la foto, tampoco era necesario bajar, ¿no? ;-)

Hicimos varias pruebas de iluminación. Inicialmente planteamos un esquema de iluminación con luz cálida, pero no nos gustó y lo descartamos rápidamente. El balance de blancos necesario para que la casa no quedara amarilla nos dejaba un cielo con un color que no nos gustó nada, así que planteamos iluminar con luz blanca el exterior de la planta, y con luz cálida el interior. En esta circunstancia, si el balance de blancos lo ajustamos a una temperatura tal que la luz compensada sea la blanca, conseguimos que la luz cálida sea aún más cálida. Además, con un balance de blancos ajustado a esta temperatura, el cielo también tomaría un color anaranjado. Así que era cuestión de probar con luz blanca. Cuando lo hicimos lo tuvimos claro. Ésta sería la luz con la que iluminaríamos.

En este esquema de iluminación, un detalle. Si os fijáis, hay una habitación que no está iluminada. Podríais pensar que se trata de un descuido, pero no es así. Está hecho a propósito. ¿Por qué razón está hecho esto así?

En mi opinión, fotografiar casa en las que hay ventanas, puertas, o, en general aberturas por las cuales puede aparecer luz, no obliga necesariamente a tener que sacar luz por todas y cada una de esas estancias. En este caso, al menos, pienso que no era la mejor opción. El motivo es muy sencillo. La casa tiene un porche al que da la habitación que hemos dejado sin iluminar. Ese porche está iluminado. Si hubiéramos iluminado el interior de esa habitación, realmente habría pasado mucho más desapercibida que si, como hemos hecho, la hubiéramos dejado sin iluminar. Este es el motivo.

Poco más. Una casa impresionante que cuando tuvo vida debió de ser más impresionante todavía. No sé si allí realmente pasó lo que Luis me contó, pero, por suerte, no influyó en que nuestra cabeza nos jugara malas pasadas e impidiera que sacáramos una foto que, no sé si os gustará o no, pero que, al menos, nos hizo pasar un buen rato disfrutando, una noche más de esta afición.

Hasta la próxima!

Los datos EXIF:

mara: Canon 6D 
Focal: 16 mm 
Exposición: 8 sg 
Apertura: f/2.8
ISO: 400