jueves, 24 de abril de 2014

Una visita inesperada

Durante estas semanas (y ya son unas cuantas), he comentado en más de una ocasión lo importante que es, en fotografía nocturna, seguir unas pocas reglas que nunca habría que saltarse. Una de ellas es precisamente esa que, en más de una ocasión, yo mismo me he saltado: no hay que hacer fotografía nocturna solo. Durante la noche se dan una serie de factores que no se dan a la luz del día. Por el día tenemos un mayor control de lo que tenemos a nuestro alrededor. Vemos lo que hay a más distancia de donde estamos. No sólo animales o personas, sino también accidentes del terreno, zanjas, piedras, cristales... 

Además, ¿quién, durante el día, se pone a correr de un sitio para otro con una linterna en la mano? Por la noche, intentamos aprovechar esos 30-40 segundos aproximadamente que dura nuestras fotos para hacer un buen trabajo de iluminación. Y como no suele darse la circunstancia de que corramos sobre una pista de atletismo, es muy fácil que podamos tropezar y caer (yo mismo, más de una vez... y de dos) y la noche de diversión puede acabar mal. ¿Por qué, entonces, salir solo? En mi caso, reconozco que se debe a que las ganas de foto me pueden, y no siempre es posible encontrar gente que pueda/quiera acompañarme cuando a mí me entra la sed de foto nocturna. Aun así, insisto, es totalmente desaconsejable salir solo a tirar foto nocturna.

No es ésta, de todas formas, la regla que os quería comentar hoy. Hoy quería volver a recordar aquello de lo que en alguna ocasión ya he hablado: la importancia de reconocer el terreno de día. Desplazarse a nuestro destino de noche y pretender que salga una buena foto es complicado. Llegar con luz de día indica claramente nuestra buena organización. Indica la intención de querer planificar bien lo que queremos hacer. Y, muy relacionado con lo que arriba os he contado, permite un reconocimiento del terreno y de la zona que vamos a fotografiar.

Esto se vuelve muy importante, yo diría imprescindible, en aquellos casos en los que vamos a trabajar con estructuras en ruinas como es la que muestro en la foto de hoy. Para meterse en edificios en ruinas es importante hacerlo con mil ojos, sabiendo bien dónde pisas, qué escaleras subes (como es el caso en esta foto) y revisar bien, muy bien todos los rincones de la estructura. Y es que no sabemos qué (o quién) podemos encontrarnos en un sitio que puede servir de refugio a todo tipo de ser vivo. Por tanto, importante: revisemos bien con luz de día todo aquello que vayamos a recorrer en completa oscuridad. Hay que descartar sorpresas no deseadas. 

Y ahora, hablemos de la foto. El primer día que visité esta localización no quedé contento con el resultado obtenido. Esa noche sólo fuimos Tamara, una amiga de la que os hablé hace 2 semanas, y yo. Me di cuenta de que para sacar la foto que tenía en mente éramos pocos. Aun así, lo que nos llevamos de allí fue mucho mejor de lo que podía esperar. La siguiente vez que volvimos, ya acompañados por Miguel Ángel y José Manuel, sí pudimos poner en práctica lo que me rondaba la cabeza. 

Y es que esta foto es la primera foto en la que aparece una persona (bueno, una silueta) en alguna de mis fotos nocturnas.

Para la realización de la foto, Tamara y Miguel se subieron a la primera planta del edificio y Tamara se colocó frente a la ventana. Miguel, situado unos pasos por detrás de ella, se encargaría de iluminar la habitación intentando sacar su silueta. José Manuel se colocó a la derecha de las cámaras y se encargó de iluminar el primer plano. Por último, yo me situé a la izquierda, unos metros más adelantado, frente a la pared principal, e iluminé desde esa posición.

Las linternas utilizadas, las de costumbre: Maglite 3D y Mini- Maglites.

¿Dónde coloqué la cámara? Mira aquí

Los datos EXIF:

mara: Canon 500D 
Focal: 11 mm 
Exposición: 30 sg 
Apertura: f/2,8
ISO: 800




miércoles, 16 de abril de 2014

Reaching the Temple of Witchcraft

Después de muchos meses, por fin lo conseguimos. Los diferentes compromisos de unos y de otros, unido al poco acierto que ofrece la AEMET en más de una ocasión, habían impedido que pudiéramos juntarnos los 3 para hacer una salida nocturna. Pero, finalmente, esa noche, Jaime, Javi y yo pudimos quedar.

El destino no estaba claro. Y no es que sea lo de menos, pero lo cierto es que las condiciones climatológicas serían las que marcarían cuál sería el lugar elegido para plantar los trípodes. Tras revisar mapas, distancias, y, por supuesto, tras descartar aquellos sitios en los que pudiera darse una mínima posibilidad de lluvia, llegamos a un consenso y quedamos en mi casa para salir desde allí.

Tras algo menos de una hora de viaje, llegamos a nuestro destino. Como de costumbre, lo más recomendable siempre que queramos hacer una fotografía nocturna es poder explorar el sitio con luz de día. Por suerte, habíamos quedado con tiempo de antelación suficiente para poder recorrer el sitio sin prisas. Del recorrido sacamos hasta 5 posibles fotos con diferentes encuadres, aunque de las 5, "sólo" (entrecomillo "sólo", porque 4 fotos nocturnas en una noche es mucho más de lo que la mayoría de las noches puedo llevarme a casa) hicimos 4. Curiosamente, la primera foto que os muestro de esa noche de mucho viento (como ya habréis adivinado), es la última que hicimos.

Para su realización, nos repartimos el trabajo de la siguiente forma: uno de los 3 se situaría al fondo de la foto, a la derecha, de forma que se iluminara la fachada frontal y se diera un ligero toque a la torre situada detrás de esa fachada. Otro, se escondería a la izquierda al pasar la entrada, y el último se colocaría detrás de las cámaras, e iluminaría la pared de la izquierda, los escalones y la zona de la derecha. Sobre el tipo de iluminación: linternas Maglites y Mini-maglites.

Espero que os guste.

Y, por último, como de costumbre, dónde coloqué la cámara 


Los datos EXIF:

mara: Canon 500D 
Focal: 11 mm 
Exposición: 38 sg 
Apertura: f/2,8
ISO: 400


jueves, 10 de abril de 2014

Última parada

Antes de decidir convertir la fotografía nocturna en una de mis aficiones, en ese momento en el que aún veía las linternas como esos elementos que sólo usas en casa para iluminar cuando tienes un apagón, recuerdo lo alucinado que me dejaban esas fotografías. No podía creerme que algo así pudiera salir de una cámara fotográfica. Desde ese momento empecé a buscar fotos y más fotos, a interesarme por fotógrafos (curiosamente, aficionados en su mayoría, pero con un gran repertorio de fotos buenas, muy buenas) cuyo trabajo fotográfico, en gran parte, era nocturno.

Había fotos de todo tipo. Árboles, castillos, playas, máquinas... sí, máquinas. Máquinas de todo tipo. Maquinaria industrial, coches nuevos, coches viejos, tractores, camiones... y, por supuesto, trenes y vagones.

Es curioso el atractivo que pueden ganar por la noche objetivos que a la luz del día no destacan tanto. Es curioso lo que la luz de unas linternas puede alegrar nuestros ojos.

La fotografía de esta noche fue posible gracias a la afición de una pareja de amigos, Tamara y Miguel Ángel, por la fotografía y por la historia de localizaciones abandonadas. Una afición que ha tomado forma en una página web que, por lo elaborada, por el cariño, y por la ilusión puesta en su creación, no puedo dejar de recomendar: Locus Amoenus 

Cuando me hablaron de esta localización no me lo pensé: había que hacer una visita al lugar. 

Y así hicimos. La visita la hicimos con luz de día. Como ya he dicho en alguna ocasión, es la mejor forma de poder organizar y diseñar una fotografía nocturna. Además, un trabajo bien hecho con luz del sol ahorra mucho trabajo (y tiempo) por la noche. Dimos una vuelta por la zona para inspeccionar el terreno, hasta que a lo lejos lo vimos. Allí, apartados, sin llamar la atención, encontramos estos viejos vagones.

Como es de imaginar, decidimos que había que volver una noche, pues allí había producto. La noche en cuestión fuimos Tamara, Miguel, un amigo más, José Manuel, y yo. Una vez allí, fuimos directamente a por los vagones.

La noche estuvo divertida. Risas, linternas, la bebida y los bocadillos preparados por Miguel... sin duda que la fotografía nocturna gana mucho en buena compañía. Además, esa noche nos vinimos satisfechos con las fotos que nos trajimos. Espero que a vosotros también os guste este ejemplo.

Antes de finalizar, una vez más, puedes ver dónde coloqué la cámara. Mira aquí


Los datos EXIF:

mara: Canon 500D 
Focal: 16 mm 
Exposición: 42 sg 
Apertura: f/2,8
ISO: 400



miércoles, 2 de abril de 2014

Heaven's Door

Hace tiempo leí en una entrevista, creo recordar que fue a Logan (aunque, a pesar de haber buscado, no he encontrado dicha entrevista), que el 50% de una foto nocturna era el cielo.Y debo decir que no puedo estar más de acuerdo. Sin subestimar el trabajo de "pintura" con linternas, momento en el que el fotógrafo trabaja de forma más activa en una foto nocturna, la aportación que hace un bonito cielo a una foto nocturna ayuda a que esa foto tenga ese punto mágico que tiene la fotografía nocturna.

Cielo estrellado, cielo con trazas, un ecuador celeste, una circumpolar o unas nubes difuminadas... ninguno pasa desapercibido para el observador. 

Y no siempre es fácil conseguir un buen cielo. De hecho, creo que conseguir el cielo que uno quiere es una labor sólo a la altura de los mejores fotógrafos. Manejar el viento, las nubes y, por qué no, la contaminación lumínica, a nuestro antojo es una tarea que requiere mucho arte y que, debo decir que sólo he conseguido ver en los maestros de la fotografía nocturna.

La noche en que hice esta foto, parecía que el cielo no iba a dar muchas opciones. Cielo cubierto al norte, al sur, al este y al oeste. Qué se le iba a hacer. Habría que centrarse en aquello sobre lo que tenemos más control: aquello que iluminamos. Cuando estábamos centrados en la iluminación de la escena, de pronto el cielo abrió durante unos segundos. Es el momento en que hay que aprovechar. La toma tiene que salir bien, porque posiblemente no haya más oportunidades de sacar un cielo que llame algo la atención. 

Efectivamente, dio tiempo a hacer sólo un par de fotos, pues el cielo volvió a "empastarse" y a volverse blanco.

El cielo que estáis viendo en la foto no es el cielo más bonito, eso es evidente. Pero os puedo asegurar que es mucho mejor que el cielo que creí que me llevaría a casa :-)

En definitiva, para poder sacar un cielo nocturno bonito, que llame la atención, es muy importante el factor suerte. Hay que intentar, sin embargo, no dejar todo en manos de la Diosa Fortuna. Saber qué tipo de cielo podemos encontrarnos allí donde queremos hacer nuestra foto puede ayudarnos a sacar el tipo de cielo que buscamos. ¡Ojo! No es fácil, pero si conseguimos domar el cielo, aportaremos mucho valor a nuestra foto.

Sobre la foto, como suele ser habitual en mis fotos, iluminación con linterna de luz de temperatura entorno a los 3000K desde la izquierda, y suave iluminación en el interior de la casa, en la puerta principal. Por último, balance de blancos para compensar el color de la luz de la linterna y, en postproducción, contraste y niveles.

Por último, un día más, ¿quieres ver desde dónde se hizo la foto? Pulsa aquí


Los datos EXIF:

mara: Canon 500D 
Focal: 16 mm 
Exposición: 42 sg 
Apertura: f/2,8
ISO: 400