jueves, 12 de febrero de 2015

... Y surgió de la nada

Y es que casi, casi, fue así. Tras mucho andar, esta vez prácticamente en la total oscuridad, entre mucho arbusto, mucho árbol bajo, y sin tener muy claro hacia dónde íbamos, por fin apareció casi por arte de magia. 

A pesar de ser una torre alta, hasta que no estuvimos a 20 metros de ella, no conseguimos vislumbrar su silueta. 

Llegamos a un punto en el que estábamos planteándonos dar media vuelta e intentar volver por el camino de subida. Un punto en el que la parte irracional y aventurera te dice "sigue sólo un poco, que no te arrepentirás", y la parte racional te grita "tío, ¿qué haces? No sabes ni dónde estás, ni a dónde vas, ¡ni lo que te vas a encontrar!". Por suerte o por desgracia, tanto mi parte irracional, como la de Luis, que esa noche fue mi compañero de foto nocturna, ganó por goleada.

Y, de pronto, surgió de la nada. Justo en ese momento, sonrisas en nuestras caras, fin de nuestros miedos y de nuestras inseguridades... y felicidad absoluta.

Esa noche había una luz de luna potente. Esa luz, que no nos guió hasta la torre, nos sirvió para investigar el terreno, la torre y poder plantear los posibles encuadres para disparar foto. Como ya he dicho en alguna ocasión, me gusta llegar con luz de día. Creo que es la mejor forma de reconocer el terreno, no sólo por los posibles peligros que pudiera haber cerca, sino porque es la forma de no tener un accidente a la hora de moverte en completa (o casi completa) oscuridad. Pero esa noche no fue posible. Al menos, la luna, como digo, nos echó un cable con su luz.

El sitio tenía pinta de no haber recibido visitas en mucho tiempo. El aspecto del terreno y la cantidad de vegetación salvaje así nos lo dejaron ver. Esto supuso un inconveniente, pues encontrar un encuadre que nos satisficiera no fue tarea inmediata. El que esta noche os muestro fue uno de ellos. 

Una vez decidido el encuadre, cámara en trípode, enfocar, marcar los parámetros necesarios para sacar una foto con la luz correcta y decidir cómo se va a iluminar la escena.

En esta ocasión, Luis se encargó de aplicar luz desde la derecha de la escena para intentar sacar volumen y textura a la torre. Esto no fue fácil, pues la luna estaba justo detrás de nosotros, y su luz daba de lleno en la torre, desde un ángulo que reducía considerablemente los volúmenes y texturas de la construcción. Por mi parte, yo me encargué de iluminar suavemente el suelo, y rápidamente, de meterme en la torre para sacar luz roja con una linterna de luz blanca a la que hubimos ajustado un filtro de color rojo. Toda la iluminación exterior está hecha con luz cálida.

Tras varias pruebas, este es el resultado. Espero que os guste.

Los datos EXIF:

mara: Canon 70D 

Focal: 11 mm 
Exposición: 36 sg 
Apertura: f/2.8
ISO: 400



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