viernes, 10 de abril de 2015

Un mismo destino

Cuando se visita un cementerio, un involuntario, aunque en absoluto incómodo, ambiente de respeto comienza a gobernar el recinto. Uno se contagia rápidamente del solemne silencio y la completa tranquilidad que te rodea. Eso fue lo que esa noche sentimos. Las risas, las bromas hechas durante el viaje cesan de golpe cuando te encuentras frente a un escenario como el que esa noche nos encontramos.

Si, además, estamos hablando de un cementerio militar, este sentimiento se mezcla con la curiosidad por la historia del recinto y de sus inquilinos.

El cementerio alemán de Cuacos de Yuste no es un cementerio normal. En él se encuentran enterrados 26 soldados de la Primera Guerra Mundial y 154 de la Segunda que cayeron en territorio español o sus cuerpos llegaron a las cosas españolas arrastrados por el mar, tras el hundimiento de sus navíos. Todos ellos fueron reunidos y enterrados en este cementerio entre 1980 y 1983,

Dando un paseo por el cementerio, curioseando, por qué no decirlo, entre la información mostrada en las lápidas, en las que se puede leer, en la mayoría de ellas, el nombre, y las fechas de nacimiento y muerte de todos los soldados alemanes, muchas preguntas sin respuesta invaden tu pensamiento, pero sobre todo, la sensación de que el hombre no aprende de sus errores.

Para todo esto y mucho más tuvimos tiempo esa noche pues, aunque la previsión de lluvias para esa noche, a esa hora, y en ese lugar era del 0%, allí estábamos Cristina, Felipe y yo mirando al cielo. Norte... sur... este... oeste...el mismo aspecto. Gris por donde quiera que miraras. Lluvia constante e incesante. En momentos así te abordan las dudas. ¿Qué hacemos? ¿Nos vamos? ¿Esperamos un poco? Tiene que abrir. Según la aplicación, no llueve desde hace un par de horas y está casi despejado. ¡No puede fallar tanto! ¡Tiene que abrir!

Posiblemente si hubiéramos estado a 50 km de casa no habríamos esperado y nos hubiéramos ido a casa. Cuando te haces más de 200 km para hacer una foto esperas contando piedras, si es necesario.

Al final paró de llover. Y no sólo eso. El cielo abrió. Abrió, y nos dejó hacer fotos como la que esta noche os traigo.

Aunque era noche de luna, esa noche las nubes no nos dejaron usar su luz. La que veis en la foto fue aportada por las linternas de Cris, de Felipe y mía, toda ella luz cálida. Como podéis ver, la mayoría de la luz proviene de la derecha y, para suavizar las sombras duras, un poco desde la izquierda.

Como siempre, si tenéis alguna pregunta, hacedla y os la responderé lo antes posible.

Los datos EXIF:

mara: Canon 500D 
Focal: 11 mm 
Exposición: 30 sg 
Apertura: f/4
ISO: 800



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