jueves, 28 de enero de 2016

La Ira de los Dioses

La foto que esta noche vais a ver es una de esas a las que uno le tiene especial cariño. Fue sacada ya hace más de un año en una de esas noches en las que tienes una especial ilusión y ganas de salir a hacer fotos. Tantas, que hacer 230 km hasta el destino elegido se convierte en un paseo corto... bueno, al menos la ida.

Ese día nos juntamos Cristina, Felipe y yo. La idea no era ir a Bohonal de Ibor, donde se encuentran estos impresionantes restos de lo que en su momento debió de ser el Templo de Augustobriga, sino al cementerio alemán de Cuacos de Yuste. Hacía tiempo que habíamos visto fotografías de este cementerio y nos pareció que era un sitio al que, sí o sí, había que hacer una visita nocturna. Ir al templo era una opción posible, pero todo dependería de las fuerzas con las que nos encontráramos al salir del cementerio. 

Cuando llegamos a Cuacos empezó a llover con mucha fuerza. Tanta que estuvimos casi una hora esperando sin poder hacer otra cosa que mirar al cielo y especular sobre cuándo cesaría la lluvia. Por fin, el tiempo nos dio un respiro y aprovechamos para sacar fotos. Cuando acabamos en el cementerio empezó de nuevo a llover  mucho, por lo que el plan de ir hasta el templo se tambaleaba por momentos. Sin embargo, no estábamos muy lejos de Bohonal, y no perdíamos mucho por ir hasta el templo, así que, tras sopesarlo, decidimos arriesgarnos y hacer nuestra segunda parada allí. En realidad, noches como esta son las mejores pues, aunque cabe la posibilidad de que te vuelvas a casa sin haber hecho ni una sola foto, es también posible que te lleves a casa una foto con cielos espectaculares.

Cuando llegamos a Bohonal sospechamos que el cielo no iba a ponernos muchos impedimentos para llevarnos una foto que nos dejara satisfechos. Vamos, que si no nos íbamos contentos sería porque esa no era nuestra noche con las linternas.

Encontramos varios encuadres que nos gustaron hasta que llegamos a este. Colocamos nuestras 3 cámaras, pensamos en cómo iluminar la foto y nos repartimos el trabajo con las linternas de luz cálida: iluminación principal desde la izquierda para iluminar el frontal, iluminación suave lateral desde la derecha, y más iluminación suave en el primer plano para no dar la sensación de "objeto en el aire". Recuerdo que, tras la primera toma, según volvía a donde teníamos las cámaras pregunté en voz alta: "¿qué tal?". Creo que fue Felipe quién gritó "¡Fotón!". No se equivocaba. La iluminación nos gustó y el cielo se había portado. Aun así, decidimos repetir la foto 2 ó 3 veces más para pulir detalles, o, al menos, para dejarla como nos gustaba, o por si algo era mejorable desde nuestro punto de vista.

La noche acabó con alguna foto más, aunque creo que para los 3, la mejor foto de la noche ya la teníamos en nuestras tarjetas. 

Como he dicho, esta es una foto a la que le tengo mucho cariño. Era una de mis primeras noches fotográficas con Cristina y Felipe, y creo que en todos los aspectos, salió redonda. Fue la noche en la que me di cuenta de que hacer fotos chulas con estos chicos es muy fácil. Además, no sólo salimos contentos con lo que nos llevábamos a casa, sino que nos lo pasamos de miedo. Muchas risas, muy buen rollo. En fin, todo eso que hace que hacerte más de 500 km en una noche de viernes se convierta en un paseo corto... bueno, al menos la ida.

Los datos EXIF:

mara: Canon 500D 

Focal: 11 mm 
Exposición: 30 sg 
Apertura: f/2.8
ISO: 800



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