miércoles, 18 de diciembre de 2013

Venturada II

A la hora de elegir un objetivo con el que hacer fotografía nocturna, una de las características más importantes del objetivo, como podréis imaginar, es la luminosidad. Cuanto más luminoso sea un objetivo, más juego da a la hora de elegir los parámetros que más convienen. Por la regla de reciprocidad, cuanto más luminoso sea un objetivo, manteniendo fija la velocidad de obturación, menor tendrá que ser el ISO al que tendremos que tirar la foto y, teóricamente, menor será el ruido que obtengamos en la foto. Además, cuanto mayor sea la apertura del diafragma, mayor será el número de estrellas obtenidas en la foto, y esto puede ser algo que interese en la foto que pretendemos obtener.

Por otro lado, cuanto mayor sea la apertura del diafragma, a una distancia focal determinada, menor es la profundidad de campo, y mayor es la distancia hiperfocal. Sobre todo esto, profundidad de campo, distancia hiperfocal, se habla de sobra en la mayoría de blogs de fotografía nocturna. A pesar de ello, más adelante hablaremos de ello en este blog, pues considero que un blog de fotografía nocturna no puede ser completo si no dedica un espacio a repasar conceptos importantes, entre ellos, la distancia hiperfocal.

Por tanto, queda claro lo importante (no imprescindible) de tener un objetivo luminoso para realizar fotografía nocturna. 

Si, además de ser aficionados a la fotografía nocturna, nos gusta la fotografía de paisaje, un objetivo que sea gran angular nos va a venir de perlas. Un objetivo gran angular permite obtener un tipo de fotografía diferente. Inicialmente podría pensarse que lo que permite un gran angular es obtener mayor cantidad de elementos. Sí, esto es cierto, pero esta no es la mayor ventaja. Evidentemente, obtenemos mayor número de elementos en la fotografía, pero la sensación que se obtiene es la de que obtenemos objetos diminutos. Por tanto, no es esta la mayor ventaja que yo le veo a un objetivo con un angular mayor de lo habitual. 

La ventaja que le encuentro a los objetivos de tipo gran angular es la posibilidad de mostrar líneas convergentes. Primeros planos que tiran líneas al infinito. ¿En qué se traduce esta característica? Se traduce en encuadres arriesgados con, en muchas ocasiones, distorsiones exageradas que, en algunos casos gustan y, en otros, no tanto. Las distorsiones producidas al disminuir la distancia focal es algo con lo que hay que contar. En algunos casos conviene corregirlo y, en otras, simplemente aceptarlo como es.

Y esto es, exactamente, lo que pasa con la foto que vemos a continuación. Se realizó la misma noche que la fotografía de la anterior entrada, Venturada I. Como podréis imaginar, la cámara se situó muy cerca del suelo (gracias a la pendiente que había no fue necesario situarla a ras de suelo) y muy cerca de la atalaya. Hacer la foto con una distancia focal de 11mm nos permite acercarnos mucho al objeto, pero, como he comentado arriba, cuando menor es la focal, mayor es la distorsión.

En definitiva, encuadre diferente, arriesgado, y que a veces gusta, y otras no. A mí, personalmente, me llama la atención.

Con respecto a la iluminación, en este caso fue más sencillo y sólo fue necesario la actuación de una persona, que se encargó de iluminar la base de la torre y rocas que la rodean con linterna cálida, además del suelo. El interior de la torre se iluminó con una flash al que se le colocó una gel de color rojo. La forma de disparar el flash, nuevamente, colocándole un receptor remoto activado a distancia.

Los datos EXIF:

mara: Canon 500D 
Focal: 11 mm 
Exposición: 45 sg 
Apertura: f/5,6
ISO: 800











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