viernes, 15 de mayo de 2015

Como en una película

Siempre he dicho, pues soy de la opinión de ello, que una buena planificación es importante. No sólo es importante localizar con detalle un motivo que pueda sernos interesante para fotografiar. Toda información que puedas recopilar para tu fin será útil. No se trata sólo de ver fotos de la zona, del lugar al que nos vamos a desplazar y en el que, en la mayoría de ocasiones, no habremos estado nunca, sino de tener en cuenta otros aspectos que, aunque pueda parecernos que carecen de importancia, pueden marcar el éxito o fracaso de nuestra noche fotográfica. Cierto es que no puedes controlar todos los factores, pero cuanto mayor sea la información de la que dispongas, mayor será la posibilidad de éxito.

Uno de esos elementos de los que puedes (y debes) sacar información, es el acceso al sitio de destino: la mejor forma de llegar, dónde poder dejar el coche (cerca de tu destino o no tan cerca...), si vamos a tener que andar por terreno de más o menos fácil acceso a pie cargando con cámara, trípode, linternas, bocadillos, agua (y/o cervezas). Controlar todo esto nos va a facilitar la vida, al menos la vida esa noche :-)

Para realizar la foto que hoy traigo intentamos hacer el estudio de los factores que os comento más arriba, pero está claro, que hay veces que te encuentras con elementos que no puedes tener controlados.

Ese día nos juntamos Cristina, Luis J., José A. y yo. Durante todo el día todos estuvimos buscando información que nos fuera útil para que la noche fuera provechosa. Información sobre el tiempo que tendríamos (temperatura, viento, cielos, luna) mejor camino de llegada, dónde dejar el coche, cuánto tendríamos que andar, pero nos encontramos con algunos inconvenientes que no imaginamos a pesar de tenerlo todo, o casi todo, controlado (o eso pensábamos).

El primer problema que nos encontramos estuvo en la planificación del acceso al lugar. Hoy en día, disponer de un GPS es una gran ventaja, pero el día que no le apetece funcionar como debe, te puede dejar un poco vendido. Eso fue lo que nos pasó. Estando a unos 15-20 km de nuestro destino, el GPS marcó una ruta que no nos encajó a ninguno. Por suerte, hoy en día, raro es el teléfono móvil que no viene provisto de un GPS. Lo malo es que cada fabricante tiene su propia visión de lo que es la mejor ruta. Finalmente encontramos el camino que horas antes en Google Maps nos pareció que sería el mejor. Por desgracia, ese camino, que realmente era una carretera comarcal, se encontraba en un estado lamentable. Tanto, que un turismo común lo habría pasado bastante mal.

Finalmente llegamos, más tarde de lo que inicialmente teníamos previsto, pero con tiempo suficiente para pensar bien en las fotos que podríamos sacar. Parecía que el cielo no iba a estar de nuestro lado. Demasiado cubierto. Tan cubierto que ni siquiera una luna que nos podía dar mucha luz se abría paso. Así que nos lo tomamos con tranquilidad y nos situamos en un lado que nos daría uno de los encuadres que ya habíamos marcado. Encuadramos, enfocamos y cuando nos disponíamos a empezar con las pruebas de iluminación, alguien, creo que fue Cris, dijo: chicos, se abre detrás de nosotros.

Efectivamente, el cielo, tímidamente, empezó a abrir. Lo siguiente se desarrolló en cuestión de segundos. Un momento todos quietos para observar el movimiento que se producía en ese cielo, y de pronto todos corriendo al lado opuesto del refugio para poder sacar un cielo maravilloso. Todo lo íbamos a tener que hacer muy rápidamente, pues tenía pinta de que ese guiño que nos hacía el cielo iba a durar muy poco. Plantamos trípodes, encuadramos, enfocamos e hicimos reparto de papeles en la escena.

Sí, la escena, porque, como ya he dicho en alguna ocasión, crear una fotografía nocturna es como crear una escena de película en la que cada actor tiene un papel. Si todos los actores hacen bien su papel, la escena se termina, y todos contentos. Si no, se repite.

Reparto de papeles hecho, cámaras listas, cada uno en su puesto y de pronto alguien grita: ¡Foto! A partir de aquí, cada actor da lo máximo de sí mismo para que la escena salga a la perfección. tienes entre 20-45 segundos, dependiendo de la foto, para que tu iluminación aporte su granito de arena a la foto.

En esta ocasión, como digo, la iluminación se realizó desde varios sitios: luz desde la derecha (hacia la fachada frontal del refugio), que será la predominante. Luz lateral, suave, pero igualmente necesaria, pues nos dará el volumen del edificio. Luz en un primer plano, al suelo, para darle un contexto claro al edificio. Luz desde dentro del refugio, para darle vida a la escena. Y, por último, luz sacada desde detrás de la primera columna, para darle un efecto diferente a la escena.

¡Corten! Escena terminada. Todos, al menos, nosotros 4, contentos. ¿Rodamos otra escena?

Los datos EXIF:

mara: Canon 70D 
Focal: 11 mm 
Exposición: 20 sg 
Apertura: f/4
ISO: 400





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