jueves, 11 de junio de 2015

Luces, cámaras... y mucho barro

Cuando Felipe y Cris me propusieron el plan no pude negarme. Aunque, a priori, lo de ir y volver en el mismo día a Valladolid daba un poco de pereza, había muchos motivos por los cuales era imposible negarse. Por un lado, los objetivos fotográficos propuestos para esa noche. Por otro lado, la posibilidad de coincidir con Ovi y Vero, a quienes, hasta esa noche, no conocía. Por otro, la alta posibilidad de traernos a Madrid buenas fotos. Pero, sobre todo, la seguridad de que iba a ser una gran noche acompañado, no de grandes fotógrafos, sino de grandes personas.

Es curioso cómo una afición puede unir a personas con intereses comunes. Curioso cómo puede servir de excusa para pasar una noche juntos, entre risas, con muy buen rollo. Curioso cómo es capaz de hacer que 6 personas se desplacen unos 200 kilómetros, algunas teniendo que trabajar a la mañana siguiente, sólo para pasar un buen rato. Y, lo mejor de todo, atentos a esto, es que la foto no es el fin, es la excusa.

Esa noche, además, se unió David Jiménez, con lo que, finalmente, nos juntamos 6 fotógrafos nocturnos. Como no salíamos todos de Madrid, la idea era quedar en un punto intermedio, así que quedamos en un pueblo cercano a donde íbamos a ir a hacer fotos. Y, como seguro imaginaréis, el sitio donde quedamos fue en el que, seguro, era el único bar del pueblo. El bar en cuestión no sólo sirvió para reponer fuerzas en forma de cervezas, sino para refugiarnos de la lluvia que nos recibió nada más entrar en el pueblo. Lluvia que, estábamos convencidos de ello, cesaría en breve. Pero parece que esa noche el dios de la lluvia estaba bromista. No sólo no paró de llover en breve, sino que fue a más... y más... Una ronda de cerveza... y más lluvia... llegaron Ovi y Vero... y más lluvia.... otra ronda... y más, y más lluvia. Recuerdo que salió Felipe a la calle en 2 ó 3 ocasiones para comprobar cómo iba la cosa. Su cara cada vez que entraba nos transmitía el parte meteorológico: lluvia.

Nuestra suerte pareció cambiar, y por fin el cielo nos permitió salir a la calle. Era el momento de coger los coches y dirigirnos hasta la espadaña que hoy podéis ver. Realmente no estaba muy lejos del pueblo, así que en 10-15 minutos estábamos allí, en pleno campo. Pero, una vez allí, nos encontramos con otra sorpresa.

Muy pronto nos habíamos olvidado de la lluvia, pero pronto volveríamos a acordarnos de ella. Y es que no pensamos en cómo estaría el campo después de haber llovido todo un mar. Lo íbamos a poder comprobar nada más salir de los coches. Creedme si os digo que nunca he llenado mi calzado tanto de barro como esa noche. Por suerte no hubo que correr para iluminar. Si no, habría sido muy complicado iluminar la escena, pues la cantidad de barro en las zapatillas, dificultaba el movimiento. Lo cierto es que era tan incómodo que las ganas de tirar fotos de la espadaña con diferentes encuadres casi desaparecieron. Así que había que hacerlo bien sin muchas pruebas.

Cómo hicimos esta foto? Sencillo. Iluminación con linterna cálida desde la derecha y desde detrás principalmente. Además, para matar sombras duras, iluminación desde la izquierda. Por último, iluminación de izquierda a derecha al suelo.

Espero que os guste :-)

Los datos EXIF:

mara: Canon 70D 
Focal: 11 mm 
Exposición: 30 sg 
Apertura: f/2.8
ISO: 800




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