miércoles, 22 de enero de 2014

En la boca del lobo

Hace aproximadamente un año de la MasterClass que Mario Rubio impartió en Fotoocasión, una de las tiendas especializadas en fotografía y vídeo de Madrid. Entre las cosas que recuerdo de aquella clase, una de ellas fue que volví a casa con la boca abierta y con las ganas de salir a hacer fotos esa misma noche. Llevaba poco tiempo viendo fotos nocturnas de diferentes fotógrafos aficionados a esta modalidad y me pareció tan increíble lo que estas personas eran capaces de hacer, que tenía que escuchar a ese hombre explicar cómo se podía conseguir unas fotos tan maravillosas como esas.

De entre todas las fotos que Mario utilizó en su charla, muchas de ellas tenían como protagonista a antiguas construcciones, castillos, torres, atalayas, que años o siglos atrás fueron importantes testigos, quizá protagonistas, de la historia, pero que hoy en día, muchos de ellos, no son más que conjunto de piedras con una escasa o nula conservación que a duras penas pueden permitir a la imaginación dibujar, no sólo la estructura con la que fueron creados, sino su influencia en el avance de la humanidad.

Fue refiriéndose a estos grandes olvidados cuando Mario explicó uno de los motivos por los cuales consideraba útil la fotografía nocturna. Si no recuerdo mal, Mario dijo, con otras palabras, que fotografiar todo este tipo de construcciones podía ayudar a que los responsables de cuidarlas o restaurarlas evitaran la pérdida definitiva de esta parte de nuestro patrimonio histórico.

Uno de estos grandes que han sufrido el paso del tiempo es el protagonista de esta entrada. Se trata del Telégrafo Óptico de Perales de Tajuña. Puesto en marcha en 1850 para formar parte del eje Madrid-Valencia-Cataluña, dejó de ser utilizado en 1857 por la llegada del telégrafo eléctrico.

Para la realización de la fotografía se uso una linterna cálida, de tipo Maglite 3D, con la que desde la derecha se iluminó el suelo, esa tierra labrada que se ve en la foto, y un flash en el que se colocó un gel de color rojo, y disparado 2 ó 3 veces a una potencia media. Puede surgir la pregunta: ¿es lo mismo disparar un flash 1 vez a máxima potencia que dispararlo 2 veces a potencia media? Teóricamente sí, pero siempre que sea posible, es mejor disparar más veces a poca potencia que 1 a la máxima. ¿El motivo? Es simple: disparar a poca potencia siempre dará más control sobre la luz que se está aplicando a la fotografía.

La existencia de luz residual a la izquierda de la foto ayudo a iluminar la pared que se ve más iluminada. La pared que se ve menos iluminada se prefirió dejar así para hacer destacar mucho más la salida de la luz roja por la ventana y por la puerta.

Antes de ver acabar, ¿quieres ver donde se colocó la cámara antes de que el sol se ocultara? Pulsa en:

Antes de...

Los datos EXIF: 

Cámara: Canon 500D 
Focal: 11 mm 
Exposición: 42 sg 
Apertura: f/2,8 
ISO: 400






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