jueves, 9 de junio de 2016

Dancing in the Moonlight

A finales del año pasado, poco después de volver de Islandia, decidí pasar un fin de semana en el norte de España. En concreto fui a Álava, pues me apetecía mucho visitar el hayedo de Otzarreta, cerca de Otxandio. Llevaba más de un año viendo fotos de este bosque. Fotos de grandes fotógrafos, tanto de naturaleza y paisaje, como nocturnos. Y es que este pequeño bosque tiene un encanto especial. Visitarlo en otoño y pasear sobre el manto naranja creado por las hojas secas caídas de las hayas es un regalo para todos los sentidos. No me extraña que cada dos por tres se vean por las redes sociales y por los más conocidos portales de fotografía imágenes de este mágico lugar.

En esta ocasión el viaje lo hice con mi primo José Antonio, aficionado a la fotografía de paisaje, y a quien, poco a poco, he podido transmitirle, al menos, parte de mi pasión por la fotografía nocturna. 

Aprovechando que íbamos el fin de semana, hicimos fotos diurnas, tirando de filtros, y fotos nocturnas. No me considero un experto fotógrafo, ni mucho menos, y menos de paisajes diurnos haciendo uso de filtros. Pero ir a Otzarreta y no hacer fotos diurnas con filtros es poco menos que un pecado, así que eso hicimos la mañana que llegamos. Bueno, la mañana y parte de la tarde. El motivo fue doble: por un lado, la lluvia nos impidió hacer fotos durante un largo rato. Por otro lado, Otzarreta es un vicio. Podrías estar todo un día entero haciendo fotos.

Estuvimos del tirón hasta por la tarde, y luego nos fuimos a comer algo. Tras descansar 1 hora en el hotel, pues esa noche iba a ser larga, cogimos los bártulos y nos fuimos al hayedo.

Nuestra primera sorpresa al llegar fue encontrarnos que no íbamos a estar solos. Un grupo de 5-6 chicos estaban liados con cables, bombillas y escaleras en torno a uno de los hayas más impresionantes del bosque. No me lo podía creer. Parecía que tenían pinta de querer estar un rato. Y, lo peor... un rato largo. Mis sospechas se confirmaron cuando les pregunté. Eran estudiantes universitarios que estaban haciendo un proyecto de fin de carrera sobre iluminación... e iban a estar hasta las 12. Vamos, que la cosa pintaba complicada. 

Hasta esa hora estuvimos haciendo fotos en los lugares más alejados de donde estaban estos chicos, pero sin mucho éxito. La iluminación que usaron daba muuuucha luz. Cuando, por fin, recogieron todos sus bártulos, nos pusimos manos a la obra como a nosotros nos gusta: en completa oscuridad. Bueno, no tan completa, pues la luna vino para acompañarnos, y con ella sacamos fotos como esta que hoy podéis ver.

La fotografía está hecha usando iluminación cálida, principalmente desde la derecha, y con algo de luz de relleno por la izquierda. Todas las linternas de la misma marca que solemos usar. El motivo de usar linternas de la misma marca es que, por lo general, el color de la luz que generan es el mismo o muy similar. Esto que digo no es una tontería. Controlar un único color de luz con el balance de blancos es sencillo. Hacerlo cuando la temperatura de color de las linternas tiene variaciones complica todo mucho.

No fueron necesarias muchas tomas para sacar esta foto. Luego, como de costumbre, contraste, saturación y uso muy suave de las herramientas incluidas en el plugin que Google pone desde hace un tiempo de forma gratuita a disposición de los amantes del diseño gráfico.

A veces, lo que me lleva más tiempo es pensar en el nombre de la foto. En este caso, el nombre no me creó ninguna duda, pues nada más ver la foto en el visor, lo que vi fue una bailarina bailando a la luz de la luna. Bueno... eso es lo que a mí me pareció ver :-)

Los datos EXIF:

Cámara: Canon 6D 
Focal: 16 mm 
Exposición: 30 sg 
Apertura: f/8
ISO: 1600




3 comentarios:

  1. Fantástica descripción del hayedo y su magia. La bailarina, espectacular.

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    1. Muchas gracias, Cristina! Tú ya conoces el sitio, así que conoces su magia ;-)

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    2. Sí, me vienen buenos recuerdos de mi paso por allí :D

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